Antonio Zarzalejos, director general de una importante consultoría española de comunicación, relataba ayer un hecho acontecido durante un pleno municipal en la ciudad de Bilbao en el año 1983, a lo largo del cual los concejales del PNV arremetieron verbalmente contra los representantes del Partido Socialista llamándoles canallas, inútiles y babosos, entre otras lindezas, pero como con ello no conseguían irritar suficientemente a uno de sus adversarios llegaron a llamarle, en el límite de la ira y como insulto incontestable, “López más que López”, pues ese era su apellido.

Hoy, muchos años después, en el país Vasco no parece haber cambiado nada. Bueno sí, no ha cambiado nada en el PNV, pero sí en al País Vasco y en su sociedad. 

Hoy es posible, y real aunque chocante, llamarse López y presidir su Parlamento, o llamarse Basagoiti y liderar en Vascongadas el P.P., partido habitualmente tachado de españolista y facha, cuando no cosas peores. 

Cataluña está gobernada a medias, por un andaluz y un republicano nacionalista-extremista que proviene de las muy dignas tierras aragonesas.

La ministra española de defensa es también un bicho raro en un Gobierno de España, y ya que hablo de Cataluña decir que aún quedan algunos, unos pocos y espero que cada vez menos, de esos que no López más que López, pero sí “español más que español” o “castellano, más que castellano” -que dicho así, parece un alarde de estupidez cultural pues suponen que todo lo español es castellano, como el idioma- pretenden insultar a los que no son catalanes olvidando que en generaciones muy próximas, tanto como en la anterior a la actual, un elevado, muy elevado porcentaje de catalanes de pro, vienen emparentados por vínculos de sangre y en primer grado, con otros españoles de regiones geográficamente situadas allende los límites administrativos de Cataluña, y me refiero a españoles que llegaron a esa región, no hace mucho, para trabajar y hacerse un hueco en el mundo que comenzaba a progresar, y con ello, españoles sudorosos y, en cierta medida, explotados, venidos de distintos puntos de nuestra España, hicieron (sí, también ellos) una Cataluña grande y próspera.

Menos mal que las pequeñeces independentistas, con ADN de por medio, como en el País Vasco, o sin él, como en Galicia o Cataluña, van aflojando la marcha obligadas a tentar el freno según avanzan los recuentos de las papeletas en las elecciones autonómicas, pues, como es sabido, en las últimas y recientes, los partidos nacionalistas, minoritarios en España aunque con un desmesurado poder ganado junto con mucho dinero y por las bravas ante los presidentes del Gobierno de turno, han cedido terreno, y mucho, frente a los constitucionalistas, y ahora, menos que antes, como el mal chiste que es, no nos arranca ni una leve sonrisa eso de “López, más que López” o “español más que español”, que tanto monta monta tanto. 


 



 

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