METÁFORA, SÍMBOLO, SINESTESIA 
en “ETERNA SOMBRA“ de Miguel Hernández

1.Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

2. Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

3. Sólo la sombra. Sin rastro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

4. Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.

5. Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

6. Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

7. Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

8. Soy una abierta ventana que escucha,
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

Decía María de Gracia Ifach en la introducción de la ANTOLOGÍA de Miguel Hernández en Editorial Losada del año de 1960, que presentar a M. H. escribiendo en castellano tiene algo de sobrecogedor.

Toda su obra resuma ese líquido brillante que destella genio creador. Pero hay un poema que detiene la atención del lector para que se relea y admire esa poderosa imaginería de un texto singular, como es “Eterna sombra”, recogido en “Últimos poemas” (1938-1941) en la mencionada antología.

En principio, ante el aluvión de metáforas, sinestesias y otras imágenes, uno se queda sorprendido. Se pudiera pensar que el poema es un juego de recursos con resonancias vanguardistas, pero, una vez leído, las ideas que entretejen el tema son humanamente impresionantes. Parece como si la segunda etapa del surrealismo, que debió conocer en Vicente Aleixandre, y la poesía “impura” de Pablo Neruda, se reconciliaran en un poema que reúne lenguaje deslumbrante, que haría las delicias de los formalistas, y un tema “demasiado humano”, en expresión de Nietzsche. 

El poema es verdaderamente trágico en su trasfondo entre el desencanto y la esperanza. Poesía rehumanizada, sin duda (después de conocer a Pablo Neruda, que tanto lo estimó), pero no esclava del tema; todo lo contrario: éste se queda liberado de servidumbres realistas debido al uso del lenguaje con fuertes matices del surrealismo todavía vigente.

En primer lugar tenemos el símbolo de la sombra, que aquí va más allá de la metáfora. La sombra es un maleficio que planea sobre el destino del poeta (del hombre, al fin y al cabo). La sombra sucede a la ilusión de poseer la luz. Pero esa sombra no es un relámpago imaginario y global de una vida, sino que en ella hay trazos penumbrosos, como el rencor, los dientes sedientos de ser colorados y que con su resplandor acechan, la risa que se hunde, los cuerpos desorientados, los puños cerrados (no creemos que tengan aquí connotaciones políticas, aunque no es de extrañar, dado en la época en que fue escrito).

La luz que desea poseer el poeta es ya un símbolo de la libertad o de una plena lucidez para la vida.
Pero, por lo contrario, se siente aherrojado a la sombra, a la ignorancia, o tal vez a la prisión (si pensamos, repito, en su situación política por estas fechas). Se sucede una enumeración de metáforas en las dos primeras estrofas, con una antítesis sorprendente en “siento que sólo la sombra me alumbra”. Se reitera la sombra como protagonista medular del poema. En la tercera estrofa, muy especialmente, el influjo de las vanguardias se deja sentir. Un chispazo surrealista le da un aire semionírico en el segundo y tercer versos, en concreto en el aire que no tiene vuelos, simbolismo en el árbol de los imposibles. Incluso hay una leve resonancia cubista con la referencia a los cuerpos y volúmenes.

Enumeración a modo de flashes en la cuarta estrofa con versos en esticomitia que aligeran su paso en el poema derramando una violencia entre los colores rojo y negro (¿alusión a los ideales anarquistas?) con presencia de rasgos sinestésicos.

A modo de análisis de enseñanza secundaria, hagamos una lista de las más sobresalientes sinestesias empleadas por el poeta en este poema. Recuérdese que la sinestesia consiste en el cruce de dos sentidos, incluso de lo abstracto con lo concreto.

-yo, que creí que la luz era mía...
-raudo anhelar sin perfil ni penumbra...
-sólo la luz en la luz sepultada...
-siento que sólo la sombra me alumbra...
-fuerza que ensancha la estrecha negrura...
-se ha hundido la risa...
-no encuentro ni rastro del día...
-sólo el fulgor de los puños cerrados...
-el resplandor de los dientes que acechan...
-turbia es la lucha sin sed de mañanas...
-qué lejanía de opacos latidos...

En cuanto a metáforas, tenemos:

-(Yo era) ascua solar, sideral alegría,
ígnea de espuma, de luz de deseo...
-sangre ligera, redonda, granada...
-dentro del aire que no tiene vuelo...
-dentro del árbol de los imposibles... 
(le doy a esta metáfora valor de símbolo)
-la cuarta estrofa es toda metafórica...
-carne sin norte que va en oleada...
-más que las manos, los montes se estrechan...
-soy una cárcel con una ventana...
-soy una abierta ventana que escucha...
-un rayo de sol en la lucha...

También hay que citar unas personificaciones:

-el corazón quiere ser más de prisa...
-por donde va tenebrosa la vida...
-que deja siempre la sombra vencida.

Observamos imágenes surrealistas:

-dientes y puños de todos los lados...
-Sólo la sombra. Sin rastro. Sin cielo...
-seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles...

La métrica empleada es poco frecuente. En su época los poetas del Grupo del 27 no la emplearon. Se quedó en el quehacer de los modernistas y algo en Valle-Inclán. Son endecasílabos anapésticos con acentuación en 4ª, 7ª y 10ª. sílabas. Algunos tratados le asignan también acentuación en la 1ª, pero ese acento no se cumple siempre. Estrofa llamada también de gaita gallega.


BREVE CONCLUSIÓN

El poema es una confesión de la angustia por la que pasa el poeta en esa fecha crucial de su vida. El lenguaje empleado está entre el surrealismo que todavía es vigente en su época y que representa, entre otros, Aleixandre, y la poesía rehumanziada que vuelve de la mano de Neruda (a ambos poetas M.H. les dedicó sendas odas). El lujo metafórico y sinestésico está presente como corresponde a un poeta de su potencia creadora. 

El metro rápido refleja la zozobra del poeta. Las asociaciones se suceden con un ritmo casi onírico en una conciencia que se sabe sentenciada a padecer hasta no sabe qué limites. 

Creo que la elección de los recursos está sabiamente elegida según los fines que persigue el autor de trasmitir lo que podríamos llamar un verbo apasionado entre la cárcel y el presentimiento de muerte. Por ello considero magistral este poema, digno de un estudio más extenso y pormenorizado. Escrito antes de los treinta años, da una idea de lo que el poeta oriolano pudo haber llevado a cabo más adelante -como en el caso de Federico G. L.- si aquella guerra fatal no hubiese echado tan bruscamente el telón de la llamada Edad de Plata en la historia literaria española. 

Seguramente el poeta no conocía la teoría del formalismo literario, propugnador de que la finalidad en el arte es dar sensación del objeto como visión y no como reconocimiento. M. H. consigue esa visión nueva de la combinación de los elementos gramaticales dándole la razón a Sklovski de que el arte es un medio de experimentar el devenir del objeto -en este caso, a lo que puede llegar la lengua en la función poética-; o sea, que lo que ya está "realizado" no interesa, como dice el estilista ruso.
Pero nuestro poeta cumple con esa exigencia de ofrecer una lectura nueva con el lenguaje de siempre.






 

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