281. La duda desconfía demasiado. La certeza confía demasiado. Lo peor es que no queda otra alternativa.

282. En ocasiones, la mala suerte no es un sicario del destino, sino que actúa a expensas de quienes la manipulan sobre quienes la sufren.

283. Ni el amor, ni la amistad ni la generosidad ponen a prueba el fondo del ser humano, sino la soledad de su infortunio, como un árbol que no vale por su abundancia de frutos ni por la belleza de sus ramas, sino por su resistencia a las plagas y a los ciclones.

284. Como en el teatro, el sentido común es el apuntador que entre bastidores de la conciencia nos evita cometer errores y nos perfecciona los aciertos.

285. De todas las lecciones de la vida, la resignación es la más vulgar, pero, algunas veces, la más difícil.

286. A todos nos desagrada el sufrimiento, pero hay quienes lo agradecen como el que se chamusca los dedos sin quejarse con la cerilla que le ayuda a andar por la oscuridad.

287. La conciencia necesita descansar de su soledad y agradece un rato de compañía para dormir y olvidarse de sí misma.

288. Hay quienes se aman en exceso a ellos mismos, tanto como se menosprecian cuando no se sienten felices.

289. La bondad es ya una semilla de felicidad. Bastan unos pequeños contentos para que fructifique su entrega a los demás.

290. La experiencia de la vida viene a enseñarnos inoportunamente en los años postrimeros de la existencia y, además, se burla de nosotros, pues el provecho que le sacamos es como una primitiva millonaria que le toca a un enfermo terminal.

291.Los poetas mediocres montan belicosa guardia entre los adarves de la República de las Letras, sin saber que el genio tiene la llave con que ha de abrir pacíficamente, y sin que ellos se den cuenta, la puerta de la ciudadela de la inmortalidad.

292. No sabemos cómo pero siempre nos coge desentrenados el sufrimiento.

293. Se nos ha dado la libertad, pero no la certeza de que no nos arrepintamos de emplearla.

294. Antes de ser auriga de la libertad, hay que haber sido domador del caballo de la voluntad. 

295. A veces nos perdonamos más fácilmente una ofensa que nos infieren que un error que cometemos.

296. Los mediocres se juntan para hundir al mejor que ellos, como los perros salvajes se unen para destrozar al león; pero, una vez libres de él, se despedazan unos a otros en la confusión de la selva, digo, de la vida.

297. La mentira nunca desaparecerá aunque la mate la verdad: es un ave Fénix que renace de la ceniza de sus máscaras.

298. La soledad es un yunque en el que golpean los recuerdos que en la calle distraemos con el complot de esos ruidos de los que tanto nos quejamos.

299. La crueldad humana es el poso oscuro y agrio de una infelicidad mal trasegada, una mala digestión de la memoria.

300. Si la felicidad no se olvidara del miedo, ni siquiera podría sonreír.






 

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