301. Lo aconsejable es la risa, pero lo imprescindible es la resistencia, sobre todo cuando la vida nos arrebata la risa.

302. No conocemos del todo nuestra conciencia. El capitán de un buque no puede estar al mismo tiempo respirando salitre en la cubierta y el mal olor de la sentina.

303. La alegría de los dichosos se desborda como un manantial, pero no logra calmar la sed de los infelices.

304. Sé feliz con poco y la felicidad te dará más.

305. Las grandes almas son las cosmopolitas de la sensibilidad: se pasean por todas las experiencias como si fuesen calles de la ciudad de la psicología humana.

306. Todos los animales huelen infaliblemente la proximidad de sus alimentos. Tan sólo cierta especie huele, también infaliblemente, el dinero. 

307. Bendigamos a la hermana Fantasía porque ella colorea nuestras circunstancias, tan grises por naturaleza. Le pasa como a los malos pintores: cubren su deficiencia con chafarrinones llamativos y generosos.

308. Quien ha llegado cómodamente a su meta jamás lo gozará como quien ha tenido que alcanzarla cruzando espinosas dificultades.

309. La gente se congratula con la felicidad de los que más tienen como si la adulación fuese un salvoconducto para meterse en el pellejo de los poderosos o de los afortunados.

310. No merecemos aspirar a una felicidad duradera si no podemos resistir una breve desdicha.

311. La cultura erradica la ignorancia, pero no la necedad.

312. No hay mayor héroe que el que sufre a solas, y como un Ulises de la paciencia, se ata al palo de su soledad permanente para pasar la tormenta de su desgracia y no dar voces de auxilio a los que están en la costa; o sea: sus amigos y vecinos.

313. Nos amamos incluso cuando daríamos la vida por los que amamos, pero con ello nos redimiríamos del amor que recibimos de los seres que no amamos.

314. El éxito y el amor son las dos puertas a las que llamamos todos, pero hay quienes no tienen otra opción que llamar a la puerta de la muerte, cansado de llamar inútilmente a todas.

315. La maldad de los débiles es su única fuerza; despojarlos de ella es como soñar un mar sin tormentas y una selva sin fieras.

316. El joven puede, pero no sabe, el viejo sabe, pero no puede. Fuerza y experiencia no coinciden en el mismo sitio ni a la misma hora.

317. Es un milagro que en la confrontación sin cuartel entre los hombres existan la cultura y el arte, como si en la selva se cultivaran jardines exquisitos.

318. Además del que nos pensamos y nos sentimos, somos también el que se asombra y se avergüenza de lo que pensamos y lo que sentimos.

319. Si la metáfora es una ayuda para sacar a la luz lo abstracto, obstinarse en repudiarla es como negarle a un miope las gafas o a un inválido las muletas. ¿Prefiere la abstracción filosófica que en su parto de conocimiento no se utilice los fórceps que ayudan a sacar a la criatura que puede morir?

320. Las almas fuertes engalanan con sus mejores recuerdos toda la mezquindad del pasado, como el cronista de las tropas vencedoras no ve nada más que gloria y gozo en lo que fue carnicería y aullidos de dolor.






 

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