El Ultraísmo proponía en su primera cláusula que el arte literario se redujese a la metáfora como único recurso retórico, tachando adjetivos inútiles, frases medianeras y nexos. También recomendaba el uso de la tipografía versal a gusto del poeta, lejos del encorsetamiento clásico, además de otras normas. En lo que se refiere a la metáfora, es cierto que hay un antecedente del Ultraísmo en el Futurismo, además de los teóricos rusos del siglo XIX, como Potebnia y Knechenik, como la cláusula de que el lenguaje pretenderá la supresión de adjetivos y adverbios para dar un mayor dinamismo y rapidez verbal, hasta la "destrucción de la sintaxis", dejando las palabras en libertad, como quiso el Futurismo, en expresión luego de Apollinaire. Eso es lo que intento poner en claro aquí. 

¿Será la aspiración al arte puro destacar aquello que es esencial en el poema como flash -perdón por el anglicismo-, como intuición de lo que todavía es tanteo de aquello que dijeron los surrealistas: “Hay otros mundos, pero están en éste “? 

Recordemos que para Valle-Inclán no hay diferencia esencial “entre verso y prosa. Todo buen escritor, como todo verdadero poeta, sabrá encontrar número, ritmo, cuantidad para su estilo. Por eso los grandes poetas eliminan los vocablos vacíos, las apoyaturas, las partículas inexpresivas, y se demoran en las nobles palabras, llenas, plásticas y dilatadas”.

A tenor de esta teoría, expongo el siguiente poema propio como un ejemplo aproximado de lo que estamos tratando:


Candiles de la noche,
botonadura el cielo,
telarañas de brillo, 
miriápodos de luces... 
Son las estrellas.

Grieta abierta en la noche,
brecha ancha de luz,
invasión de fulgores, 
carruaje del sol... 
Es el día. 

Timoneles del cuerpo, 
bitácoras visuales,
ventanas del espía,
adarves vigilantes... 
Son los ojos.

Cofre de los secretos, 
campana de emociones, 
aldabón de la vida,
tic-tac de la sangre... 
Es el corazón.

Rayo del pensamiento, 
huésped del papel,
daga verbal que eclipsa
la espada del tirano... 
Es el verso.

Pretil de la palabra, 
ballesta de la voz, 
carcaj de pensamientos,
atril de los discursos...
Es la boca.

Arador de las olas, 
paquidermo del agua, 
cabellera de lona,
arboleda flotante...
Es el barco.

Laberinto de árboles, 
césped, verde regazo,
cuadernos de barbechos, 
preñez de sementera... 
Es el campo.

Lagar para desuello, 
sangre de su martirio, 
festín de las palabras,
llave de los secretos... 
Es el vino.

Alcahueta del ocio, 
isla de madrugada, 
proxeneta del sueño,
albergue de la noche... 
Es la cama. 

Látigo de pobreza, 
la vida desdentada, 
alfoz de maldiciones,
agujero del hambre... 
Es la miseria.

Ahijado del ciprés, 
banquete de gusanos, 
padre de su ceniza,
vecino de la nada... 
Es el cadáver. 

Vivo alfar de la carne, 
arcilla de su vientre, 
yunque de sinsabores,
brasa que no se apaga... 
Es la madre.

Eslabón de la estirpe, 
yema nueva en la rama, 
otra corteza al tronco, 
acueducto de sangre...
Es el hijo.


Premio Certamen de Poesía “Diego Bautista Prieto 2007”
que convoca la Delegación de Cultura 
del Excmo. Ayuntamiento de Jimena de la Frontera (Cádiz)

En papel:
Editado en Poemas premiados (1997-2007)
Revista Pléyade de la Tertulia Río Arillo de Letras y Artes, junio 2009






 

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