321. Admiramos la alegría de los felices, pero no nos fiamos de su consistencia. Admiramos la entereza de los infelices, pero no deseamos su heroísmo.

322. Quien no sabe calcular y elegir en la vida es como el que quiere atravesar una selva sin guía o navegar en una barca sin timón.

323. No dura la buena suerte tanto como el afortunado.

324. Quien tiene a todos sus seres queridos en el otro mundo, vive ya en una estación donde espera un tren del que no sabe el día ni la hora, pero sí su destino.

325. Olvidar adrede es un arte, tanto como recordar lo necesario y no lo inconveniente.

326. A machetazos de dificultades, la voluntad se traza heroicamente un camino en la densa selva y, sin embargo, sucumbe por frivolidad a los espejismos de la ancha avenida.

327. Existen atractivos maravillosos en la vida. El más fascinante de todos es no ser esclavo de ninguno.

328. La verdad sigue siendo un continente en gran parte virgen a pesar de que todo el mundo dice sinceramente que lo pisa todos los días.

329. La paciencia es el timón de nuestro carácter.

330 La mayoría de los hombres no son de fiar porque nos traicionan y los pocos fiables tampoco porque se traicionan.

331. De la felicidad perdida, siempre se dice que quedaba lo mejor por venir.

332. El techo artesonado de los sueños se sostiene en las columnas de la voluntad repujadas por la esperanza.

333. Es inútil reflexionar sobre los errores cometidos, porque éstos volverán a engañarnos ataviados con otros ropajes, incluso vestidos de inocencia.

334. Nunca se conquista del todo a una mujer. Es como quien gana una ciudadela y no encuentra dentro las llaves que la abren y la cierran. 

335. ¿Cómo se puede degustar la vida si no sabemos por dónde aparecerá en la manzana del gozo el gusano del sufrimiento?

336. Que la asociación de bacterias haya hecho posible la vida debería tranquilizar a quien increpa patéticamente al cielo o al destino, pero esa humildad lo dejaría desarmado en la lucha por encontrarle sentido a la existencia.

337. Vivimos en el entorno de la conciencia sin ahondar en ella, como un náufrago que teme entrar en una isla en la que no sabe qué puede encontrar dentro.

338. A la envidia le vienen bien todos los ropajes respetables; menos el disimulo, que le queda un poco corto.

339. Amar para sufrir es peregrinar hasta un santuario en el que los lobos han hecho su cubil en la hornacina del santo.

340. La fortuna solamente ayuda, pero es la inteligencia la que decide.






 

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