Hay frases que con oírlas o leerlas te hacen pensar y te cambian la vida. Frases de película, refranes, dichos coloquiales... Yo me fijo mucho en esas cosas porque si las prestas atención te das cuenta que tienen más razón que un santo, aunque normalmente, no las hagamos ni caso, yo por lo menos. A veces escucharlas te animan a seguir adelante, sin embargo, al rato ya te has olvidado de ellas y sigues sintiendo exactamente lo mismo. 

Hay muchas frases de películas que se me han quedado grabadas, las típicas, las que todo el mundo recuerda aunque no hayan visto la cinta en concreto. Y es curioso, conseguir que una frase perdure años tras años y que todo el mundo sepa de donde proviene tiene su mérito y, por supuesto, su encanto. ¿Quién no recuerda el inolvidable 'Siempre nos quedará París', mítica frase que yo repito continuamente; el 'a Dios pongo por testigo...' (aunque conmigo va más el 'Ya lo pensaré mañana', que es lo que me suelo decir yo cuando me agobio); o el algo más reciente 'Si tú saltas yo salto' (yo eso jamás lo haría porque en seguida me vendría a la mente otro refrán muy cierto que dice El muerto al hoyo y el vivo al bollo...).

Hay muchas frases que se quedan grabadas sin saber cuál es la clave para que esto sea así. Mi frase de película favorita no es tan conocida pero a mí me hace mucha gracia y, cada vez que la recuerdo, me echo a reír. Es de La princesa prometida, no es que me encantara el filme pero sí que se me quedó grabada para siempre, aunque es un poco larga: Hola, soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir. 

Os cuento todo esto porque hoy he leído una frase que ha escrito una persona que me ha quitado la venda que tenía en los ojos. Realmente es una tontería, simplemente una opinión, pero gracias a ella he podido comprobar que cierto personaje me ha estado mintiendo durante mucho tiempo en mi propia cara. Y no es que me importe, pero es que, a sabiendas de que todo el mundo miente, aunque sean mentiras piadosas, en este caso la mentira y la traición no venían en absoluto a cuento.

Y con sólo una frase, o dos, la vida te cambia. A veces vemos lo que queremos ver y oímos lo que queremos escuchar. Es una especie de defensa que tiene el ser humano ante el dolor, el miedo o el desengaño. Te crees las cosas porque necesitas hacerlo o simplemente porque sí. En este caso era porque sí, porque pensé que en eso una persona no miente nunca, pero ya veo que sí.

De cualquier forma, me alegro de haberme topado por casualidad con esa frase, que la tengo guardada ya en mi memoria y que, en el momento oportuno, seguro que me ayudará, como toda las demás, a no flaquear.
 



 

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