“A María, de nuevo”

“Si me preguntan cómo escribo
debo decir sucede
son voces más allá de la percepción
las que mueven mi mano
pero escribir no es asunto sencillo:
escribir es más que escribir”
(“Donde mi calle acaba”, Orlando Granda)



“APROXIMACIÓN A LA POESÍA DE ORLANDO GRANDA”
ASOMO MI MANANTIAL Y OCULTO MI EQUILIBRIO



DATOS BIOGRÁFICOS: ¡UN PENSAMIENTO A LA ROSA!

Orlando GrandaOrlando Granda (distrito de Lucre, Cusco, Perú, 14-1-1964), al que se ubica en la Generación de los 90, aunque para él eso es circunstancial, combina su docencia, es profesor de lengua y literatura, con su poesía. No le supone mucha separación la poesía de la enseñanza y así lo dice, cuando le preguntamos por estos dos caminos de su vida:” Van paralelos y en algunos casos se cruzan. Me gusta iniciar mis clases relatando una historia y me he dado cuenta que los adolescentes se quedan en silencio escuchando, eso es algo impagable, ver a otros seres humanos que te escuchan abstraídos de la realidad, imaginando mundos. Siento que esa es una forma de despertarles el afecto por la lectura, a acercarse a ella con confianza desterrando el prejuicio de que la lectura es aburrida, y lo he podido comprobar cuando un joven me aborda y me pregunta en dónde es que he leído la historia que le acabo de contar. Aprovecho esa situación y le suelto varios títulos. Es una lucha constante para que los jóvenes se acerquen a la lectura y no se conviertan en “lectores mínimos”. Con la poesía también me han sucedido cosas muy hermosas como el de ver a algunos jóvenes después de la lectura de un poema que tienen los ojos empañados. Es la fuerza de la poesía que los ha conmovido. Me interesa que los jóvenes tengan “contacto directo” con los textos, no tanto que se pierdan en fechas y datos biográficos (si bien estos son importantes)”.

Muchos de los poemas de Orlando Granda se pueden leer en Internet, como se ve en la bibliografía, y es que Internet y la poesía no tienen por qué estar reñidos: .” Allí está el ejemplo de Voz y Mirada, el reciente blog de María García Esperón, mi amiga. Internet puede hacer llegar la poesía a sitios donde el libro no llega por tantas razones (económicas, sociales, culturales, políticas, religiosas). Las hermosas revistas virtuales son también una prueba de lo que digo, pienso en Imaginaria, Cuatrogatos, Peonza, sólo por mencionar a algunas.”

Entre las aficiones de este poeta-profesor, aparte de la música, está el cine. Así ha escrito algún guión de película, que espera poder dirigir en algún momento. Coeditó entre los años 1993-1995 la revista poética “Topacus”, con dos amigos también poetas, Willy Gómez Migliaro y Pablo Landeo. Hasta la fecha ha publicado el poemario “En el barranco” (2002) y tiene a punto “Donde mi calle acaba”. Sus poemas se han publicado en distintas revistas (“Transparencia”, “Sieteculebras”, “Ínsula Barataria”, “Arquitrave”…) y antologías de poesía peruana y él mismo ha participado en varios recitales.

Orlando GrandaDesde hace poco, Orlando Granda escribe también para niños y ha publicado ya “El duende Carapino” (2005) y se editará el próximo año, en ICPNA, el libro de poemas “El libro de los lápices mágicos”.

Otros proyectos literarios se resumen en sus palabras: “Estoy dándole los últimos retoques a un libro de poemas titulado “Donde mi calle acaba”, espero publicarlo pronto, paralelamente estoy escribiendo otro libro de poemas cuyo título es “Y que se muera hoy hasta el último poeta” y una antinovela que no tiene título todavía, una suerte de Lazarillo de Tormes de esta época.”

No obstante, como él mismo dice, “mis pasiones mayores son mi esposa y mi hija”. Por eso acabamos estos datos biográficos con un poema que tiene mucho que ver con su hija, “La mariposa” y el comentario posterior qué hizo el propio poeta acerca de su creación:

“Con abanicos en la flor se para,
luego alza vuelo muy hermosa:
parece que se le escapara...
¡un pensamiento a la rosa!”

Así lo explica el poeta: "Un día vi a mi hijita en el jardín de la casa de mi papás, ella tomada de la mano de su abuelo observaba con curiosidad y miedo a una mariposa cerca a una rosa esa imagen se me quedó y no tuve más remedio que escribir”. Y es que para él: “…la poesía es misterio. Un camino a lo desconocido. Es una lucha permanente, un “difícil trabajo” (como dijo el poeta peruano Xavier Abril) con las palabras para desentrañar sus silencios. Parafraseando a César Moro: es un lugar donde termina la tranquilidad.”

Sabe y es consciente de ello, que la poesía no es un género popular, no tanto como la prosa, al menos, pero no le importa: “La narrativa, específicamente la novela, siempre ha sido más mediática (aunque hay realidades como la del Japón donde un libro de tankas o haikus se venden por millones). Pero el hecho de que la poesía no sea atractiva (o poco atractiva) para las mayorías es algo que no me quita el sueño. “A la minoría, siempre”, escribió y dedicó su poesía Juan Ramón Jiménez. Lo tengo siempre presente.”

Orlando GrandaDetrás del poeta peruano hay todo un bagaje de lecturas que se notan en cuanto empezamos a leerlo. Orlando Granda se extiende generosamente en este punto que nos parece particularmente interesante y enriquecedor:

“Hubo un tiempo que leí apasionadamente a los modernistas: Rubén Darío, José Santos Chocano, Julio Herrera y Reissig, Asunción Silva, Julián del Casal, Díaz Mirón, etc. Disfruté de su música y hasta hoy mantengo mi admiración y respeto por la obra del poeta que se presentaba como “un indio chorotega con manos de marqués”. Otro tiempo leí a los simbolistas como Baudelaire, Rimbaud, Verlaine y a un peruano oculto pero grande, gigante de la poesía, me refiero al Simbolista de América: José María Eguren."

La tradición poética peruana es innegable, hay allí grandes poetas que me alimentaron y alimentan: César Vallejo, Alberto Hidalgo, César Moro (el único surrealista latinoamericano), Xavier Abril, Carlos Oquendo de Amat, Emilio Adolfo Westphalen, el Enrique Peña de “Cinema de los sentidos puros”, el inmenso Martín Adán, Vicente Azar, Eielson, Belli, Varela, Antonio Cisneros, Luis Hernández, Rodolfo Hinostroza...

Hay libros de poetas latinoamericanos que siempre leo: “Altazor” de Huidobro, “Residencia en la tierra” de Pablo Neruda, “La insurrección solitaria” de Carlos Martínez Rivas, “En la masmédula”, “Veinte poemas para ser leídos en el tranvía”, “Espantapájaros” de Oliverio Girondo, “Antipoemas” de Nicanor Parra, “Nostalgia de la muerte” de Xavier Villaurrutia, “Libertad bajo palabra” de Octavio Paz... Poesía superrealista, Saint-John Perse, Pessoa, Cavafis, Hölderlin, los sonetos de Shakespeare, Quevedo, Góngora, Lope, San Juan de la Cruz, Garcilaso, Lorca, Machado, Alberti, y mi poeta español preferido: Luis Cernuda. Ahora último he retomado mi lectura de poetas de habla inglesa: Ezra Pound (el viejo Ez), T. S. Eliot, Wallace Stevens, Jack Spicer, John Ashbery, Dylan Thomas, John Berryman, William Carlos Williams, Charles Olson...”

Orlando Granda nos cuenta, en charla amable y cordial, que siempre le ha gustado leer y que ya escribía poemas de pequeño, pero dejemos que sea él mismo quien nos lo diga: “Siempre me gustó leer, cuando niño leía periódicos, sobre todo la sección Deportes, leía muchos chistes, lo que hoy se llaman cómics: Supermán, Batman, Archie, Pequeña Lulú, Flash, Linterna Verde... Empecé a escribir a los 15 años prácticamente obligado por las circunstancias, todo empezó cuando un compañero de carpeta me dijo que coleccionaba estampillas y me preguntó si yo coleccionaba algo. Yo que no coleccionaba nada y que no quería quedar mal sólo atiné a responder con una mentira: “No, yo escribo poemas”. Entonces mi amigo me pidió que llevara al colegio mis poemas para leerlos. Estaba en aprietos, así que no tuve otra que empezar a escribir poemas, mis primeros poemas. Cuando empecé a escribirlos, sentí que estos poemas tenían que reflejar mi admiración por las culturas griega y romana, entonces recargué los poemas con personajes de dioses, semidioses y héroes grecorromanos. Ingenuamente pensaba que eso era algo novedoso e impactante. Cosas de adolescente.”


EN EL BARRANCO: FINGIRÉ UN ESTALLIDO EN LOS DIENTES

Orlando GrandaCuando se le pregunta por qué ha titulado “En el barranco” su primer conjunto de poemas, así nos lo explica: “… lleva tal título porque alude al nombre del lugar donde vivo: Barranco, balneario costeño que en determinadas épocas del año se cubre de neblina (como una pequeña Londres), neblina que está muy presente en los poemas, pero curiosamente en ningún momento menciono el nombre del distrito en ningún poema. El nombre del balneario se explica porque hay muchos barrancos hacia el lado del mar, en el pasado se le llamaba El Barranco (por lo tanto, el título podría interpretarse como el estar o el vivir en ese lugar). El título también alude al hecho de estar al borde de un abismo...”. Veremos como, efectivamente, el poeta presenta situaciones al borde, siempre al borde, al límite de, en huida hacia mejores lugares, en perpetua búsqueda de la libertad y en desazón continua. Nosotros ofrecemos algunos versos, que el lector los sienta, haga suyos e interprete.

La poesía de Orlando Granda es seria, concentrada, muy humana y nos plantea cuestiones hondas relacionadas con el sentir, con la gravedad de la existencia, con aquello que pasa y no vuelve.

Son poemas que exigen varias lecturas y aun así la esencia no se capta, porque solo el poeta tiene la llave maestra de sus textos.

De todas maneras intentaremos una aproximación. Obsérvese, si no, el tono del poema que abre el libro, que lleva el mismo libro:

“Observo el arrabal de los aromas
abandonado aun ofrece a cada uno su torpeza
o el fulgor de sus mejillas
luces
nada más que luces en lo más tupido del bosque
el color los colores son tan reales como esa larga cabellera que devora al mar y
bajo el ritmo de los viejos muros de barro
asomo mi manantial y oculto mi equilibrio
asomo mi manantial mi vientre y estallo como un caprichoso sol de arena.

Los versos de Orlando Granda se tiñen de desosiego, de quimeras, de pasos que nunca se materializan, que son como un deambular en vano. Sus poemas, cercanos al verso libre, nos hacen pensar en el existencialismo, también en el surrealismo, pero van más allá, mucho más allá, porque recogen el sentir de un hombre del siglo XXI, enfrentado a la disyuntiva de vivir en un mundo en perpetua contradicción. Así en “Piélago” concluye:

no quiero traicionar una historia
sin embargo
ella deja de silbar con una palidez de alcohol o arena
y murmura su edén
entre los mástiles” 

En “Triángulo”, el poeta, en primera persona, sufre en su ánimo, en su alma desgarrada de persona que sufre, entiende y calla, esa desazón de nuestro tiempo y escribe:

“He de mentir
he de engañar entregándome
fingiré un estallido en los dientes 
un trozo de pita atravesándome un ojo es decir
he de falsear mis propios laberintos
el tiempo y no el cielo como lluvia de patios
todo por no devorar la alegría de saberme sin boca
bajo las cuerdas
las bellas cuerdas
de mi quebrado sol
cuando el mundo se embellece
agazapado”

Y es que este mundo es un lugar de pesadilla, en donde no se posible alcanzar la felicidad, ni siquiera soñar porque:
“inalámbricos sueños haciéndonos

Sombras
Adobes
Tráficos” (en “Paisaje reservado”)

Las imágenes que emplea el poeta son tremendas, enormes en su presencia, en su organización poética, suenan como un trallazo, porque no se complace el poeta ni en la rima ni en la musicalidad, sino en el tono bronco, cargado de presagios:

“Bienvenidos los relojes
la luna
sus hinchados muros de adobe 
o sus anzuelos” (“Último sueño”)

Y, al fin, todo nos lleva a la misma angustiosa obsesión y presencia cierta, la muerte:

“Mi tumba zozobra
es un estanque
cuyo rezo cristaliza
en címbalos
los relámpagos de
tu humeante serenidad:

Lluvia llora
sobre mi mar
tus pájaros” (“Címbalos”)

Dejemos que, para terminar con este paseo por “En el barranco”, sea Rossella Di Paolo quien lo haga. Reproducimos las mismas palabras que escribió en el libro a modo de preámbulo y que reflejan muy bien la esencia de los poemas: “A veces un libro entero de poesía puede reflejarse en uno solo de sus versos (se refiere al verso: Deambulo y esta arquitectura de humo es mi cadalso), y está ocurriendo aquí, pues por entre estas páginas nos es posible seguir al que camina sin tregua, al fantasma que deambula por una ciudad que es también fantasma, que es también muerte.

La voz que se escucha en el barranco no sólo avanza por un espacio desmaterializado por la niebla, sino que su íntimo desasosiego desmonta una a una las certezas de la realidad, incluso la de su propio cuerpo, que se ve a sí mismo transparente y mutilado, como los sueños. Por su sutileza, por su precisa cadencia, por la rara belleza de sus imágenes, los versos que dan cuenta de esta doble descomposición parecen cogerse apenas de las palabras, de la sombra o pelos o uñas que crecen de las palabras, de modo que una atmósfera de dolorosa evanescencia se cuela por todos los resquicios. El barranco puede ser la metáfora del abismarse en mundos propios, mundos en duermevela y extrañamente semejantes a los de un balneario desierto donde se oye a lo lejos el silbo de una mujer enajenada, el viento que pasa “ofreciendo nuestras cabezas”, y la niebla estacionada para siempre. La rebelión, el ansia de huida hacia territorios más densos está aquí, ciertamente; territorios iluminados en secreto por un amor, o por la suelta alegría que prometen las olas y los barcos; pero también está la constatación de que no es posible remontar “hinchados muros de adobe / o sus anzuelos”. Detrás de esos muros, en el fondo de ese barranco, alguien deambula, y esa arquitectura de humo es su cadalso, pero su voz no deja de remontarla, hermosa y sentidamente.”


DONDE MI CALLE ACABA: LA ESFERA ESCARCHADA DEL ESPACIO

Hemos tenido acceso a los poemas de “Donde mi calle acaba”, muchos de los cuales pueden leerse en Internet. Son un grupo de textos que, siguiendo el verso libre al que el autor nos ha acostumbrado, continúan prefigurando su universo poético, particular, vehemente y atormentado también:

“Hubiera deseado que la lluvia
ardiera tus talones 

En celestes brasas
te aproximes y dejes el pasto de invierno 
atrás en las colinas
los mares y su azul pensar” (El vuelo de los pájaros”)

Acaso son poemas más sutiles, más llenos de enigmas que lo anteriores, poemas que parecen despegarse del propio autor y vivir por sí mismos, son como una segunda piel que se nos adhiere y nos hace ansiar otro mundo que, en la palabra del poeta, cultísima y muy bien escogida, se convierte en algo cercano al sueño, a las brumas de las pesadillas:

“Buenos días!
la mar está cuajada de verdes brazos
y tú te alzas no desde el azul del sol
sino desde donde rielan las alas de los pájaros
los cuellos altos que se empeñan
en desequilibrar la esfera escarchada del espacio” (Exágono)

No le falta a Orlando Granda esa ironía clarividente de aquellos que ven más allá de las cosas, como suele ocurrir con los poetas. La presencia de la muerte, en suma, sigue en los versos del poeta peruano:

“pero el cuerpo yacente y monumental
no descansa definitivamente
en esta barca tachonada de agujeros
el cuerpo –imán de las voces-
contorsiona sus alas
hasta curar enfermos
en cada colina
en cada morada
donde esas voces de quebrado pico
erigen el santuario donde ya nada se hace
para el sacrificio conmovedor y alado
de cada joven darío
que en el territorio azul
con sus laberintos de labios
asoma “(“Territorio azul”)

Y también siguen los sueños, unidos a la memoria, a la idea de la muerte poderosa, que son tres temas recurrentes en la poesía de Granda, como leemos en el poema “En las esferas” que transcribimos íntegro para que el lector capte toda su magia y su fuerza:

“Desde las esferas azules déjame soñar
déjame soñarte perdido entre jardines
que no son flores 
para hallarte

Y a través del espacio y la memoria
escabullirme como una melodía de sirenas
para mis ojos si del aire no brotan

Imperdible sendero cuando invento 
nuevas aguas para este mar 
que es el morir
si no te encuentro

Y desde entonces sólo mires 
no los astros
sino el cielo que retiras de tus palabras”

La poesía de Orlando Granda, insistimos, es difícil, muy conceptual, plagada de dobles sentidos, de palabras que van y vienen, que no se rinden a los caprichos de la puntuación y que encierran en el orden que escoge para ellas el poeta un texto que requiere de toda nuestra capacidad intelectual para, en lo mínimo, entenderlo; acaso, más que entendimiento, lo que el poeta busque es conmoción, que nos conmocionemos y emocionemos con lo que dice, que nos sintamos tocados en lo más hondo aún sin saber qué nos ha tocado exactamente:

“Desde un cielo no muy alto 
apacible te contempla ese viento
y desconcierta con audacia e ignorados astros
los espacios de arena
donde beben las estrellas” (Kapellmeister)

Quizá, para involucrarnos en su mundo, emplee la segunda persona del singular, para hacernos partícipes de la grandeza de su proyecto:

“En la persecución de aquella nave oscura
para ubicarte más ligero que la espuma del mar
sólo has logrado este respirar de astillas y arena

considera entonces la música que te invade
como la respiración de dioses miopes y ufanos
pero no desligues tu cabeza del viento” (Nave Oscura).

Nos ofrece a ves claves de su propia concepción de la vida y el devenir de las cosas:

“Así mi lecho será 
el misterio de una nube
y al prolongar el tiempo 
en que los astros acunen
el cielo nada azul 
de mis jardines
insistir en la arquitectura 
de los espacios “(“Protegido por las brisas”)

Nada más rotundo –y breve, sintético, agudo y doloroso también- que esa especial “Ofrenda” del poeta:

“Ésta es 
mi ofrenda:
el vacío 
de una puerta
calcinada 
por el crepúsculo” 

No es su poesía una poesía que abunde en adjetivos, el poeta es parco en su uso, no en cambio en el empleo de sustantivos que dotan de conceptualidad a los poemas, de densidad, de una especial carga semántica. El propio Orlando Granda nos brinda, en un momento, su retrato para que tratemos de ahondar en su mundo o, al menos, nos asomemos en él:

“Podría mi retrato en el espejo
recordar la brevedad de las islas
en las que mis sueños 
se transforman

Lo cierto es que mi boca sangra
y nada fatiga
al ritmo silencioso de mis ojos
cuando el ruido de mi sangre se desliza 
hacia una rosa”
Y ese anhelo de eternidad, se saberse más allá del tiempo, de todo:
“y lo eterno 
flameando en lo alto de los mástiles
como un nuevo espacio
te permita el soñar (“En los mástiles”)



Y QUE SE MUERA HASTA HOY EL ÚLTIMO POETA:
LA CELEBRACIÓN DE UNA ÉPOCA

“Y que se muera hasta hoy el último poeta” es un poemario que se está haciendo, por lo tanto sus versos, los que aquí comentemos, tienen el valor de la creación, de aquello que puede ser nuevo cada día y cambiarse al siguiente. A Orlando Granda le atrae la cultura grecolatina, los grandes héroes de la antigüedad que él mira con asombro, con pasmo, tal vez, pero de tú a tú, porque hombres y mujeres fueron al fin:

“Acaso la celebración de una época
cuyo simulacro es un sueño
de atmósfera secretamente política

Modelo –tal vez-
de una muerte prematura” (“Una exploración efectiva”)

Y es que los personajes históricos, y aquellos creados por los grandes autores, no dejan de ser:

“Las criaturas de ficción
son pequeñas naves 
de un balneario medicinal
un viejo lugar donde se ejecuta
la ciencia de los límites” (“Las pequeñas naves”)


PARA TERMINAR

A Orlando Granda no le importan los premios,”Un premio literario –nos dice- es una forma para hacer conocida la obra de un escritor. Me parece válido. Ahora, no necesariamente el ganar un premio asegura que la obra trascienda el tiempo. Puede provocar el éxito, la fama pero no necesariamente la trascendencia. Pienso que no se debe escribir para concursar, esa motivación siempre la he criticado, uno escribe por una suerte de necesidad expresiva, Enrique Lihn escribió: “Porque escribí estoy vivo”. Comulgo con el verso del poeta chileno.

Acabamos de repasar, brevemente y tal vez de manera equivocada, algunos de los versos de este poeta peruano que se conmueve con el hombre y trata de lanzar al aire sus versos para que todos tomemos conciencia de nuestra propia humanidad. No obstante, no hemos podido hablar de temas, sino de intuiciones, de presencias, de destellos, de algo que nos parece y que luego no es. Como él mismo dice: No tengo temas específicos, puedo escribir un poema al lugar donde vivo sin necesariamente mencionarlo, a la naturaleza, a la música... el verso de un poema, una línea o un párrafo de una novela o cuento pueden ser el germen de un futuro poema, el mismo acto de escribir, una imagen, un trazo, en fin cualquier cosa que me conmueva puede provocar el nacimiento de un poema”.

Dejemos ya, para terminar, que sea el propio poeta, hombre de vasta cultura que nos ha demostrado en cada uno de sus versos, nos haga una defensa de la lectura que, acaso, sea una de las llaves para huir de la soledad a la que se enfrenta el hombre contemporáneo: “En lo personal, la lectura ha sido para mí una brillante forma, ahora que hay tanto joven aburrido, para enfrentar y salir victorioso del aburrimiento: esas horas eternas de lectura (de conversación, diría yo) donde me identificaba con las aventuras y dudas de Julián Sorel de “Rojo y Negro”, las peripecias de Jean Valjean, de Ulises, de Ernesto (el niño de “Los ríos profundos”), de Lázaro, de Rastignac, de Juan Preciado, de Ismael, del conde de Montecristo, de Pierre Bezujov... En fin, podría pasarme el tiempo recordando personajes, títulos. Dicen que una vez Oscar Wilde dijo: “La muerte de Lucien de Rubempré es el gran drama de mi vida”. Para alguien que no ha disfrutado de la lectura de, por ejemplo, la novelítica del siglo XIX, esta cita de Wilde puede resultar exagerada, pero es que muchos de estos personajes ficticios pueden dejar una huella perdurable en nuestras vidas, incluso mucho más marcada que las que podrían dejar personas de carne y hueso: a mucha gente que conocí las he olvidado, a los personajes que acabo de mencionar (y otros más que quedaron en el tintero), están y estarán siempre presentes en mi vida.

Lo tengo claro, la lectura ofrece múltiples ventajas: puede permitir reconocernos (en una sociedad cada vez más inhumana, dura y metalizada) como seres con emociones y sentimientos, es decir, reconocernos como seres humanos, reafirmar esa condición. A través de la lectura podemos viajar en el tiempo y el espacio sin movernos del lugar donde realizamos la lectura, una suerte de túnel que nos permite acercarnos a diversas realidades (incluso ya desaparecidas), y en ese proceso de acercamiento aceptar las diferencias y poner en práctica la tolerancia. Pero la lectura, entiéndase bien, no es un fin sino un medio, un puente que permite el desarrollo de la capacidad expresiva del ser humano e integrarlo a su entorno.” 




BIBLIOGRAFÍA:

Mi agradecimiento al poeta que me ha facilitado todos los poemas para la realización de este estudio.

-“En el barranco” (2002)
-“Donde mi calle acaba” (en vías de publicación)
-“Y que se muera hasta hoy el último poeta” (en proceso de redacción)
-“El duende Carapino”, Centauro Ediciones, (2005)
-“Los lápices mágicos” (próximamente: ICPNA)





 

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