• M. Alonso

    Pedacitos de una vida

    ¡Feliz Año Nuevo!

    por Mónica Alonso Calderón


Yo, que soy como Mister Scroog, pero en versión femenina, yo, que soy como el Grinch, duendecillo que intenta por todos los medios acabar con la Navidad, yo, Mónica, quizás con el paso del tiempo he aprendido a pasar por el ‘aro’ de las Pascuas. Viendo lo que me rodea, fallecimientos imprevistos, gente que no tiene con quién cenar en esas noches tan señaladas, miserias en general, me he dado cuenta de que en algún momento de mi vida, me van a asquear aún más las navidades.

No he necesitado para llegar a esta conclusión a ningún espíritu, ni al de las navidades pasadas (alguna feliz recuerdo, ciertamente), ni al de las navidades presentes (más que nada porque ya las estoy viviendo), ni mucho menos al espíritu de las navidades futuras (porque ya las disfrutaré más adelante); sólo me ha bastando mirar a mi alrededor y leerme el cuento de ‘La cerillera’, célebre relato dedicado a la Navidad de Hans Christian Andersen.

Siempre me ha gustado ese cuento porque trataba estas fechas desde la otra cara de la moneda, la de la miseria y la pobreza, dos aspectos de la vida que no se esfuman simplemente por ser Navidad. Precisamente por eso, este año he decidido intentar ser feliz, intentando olvidarme de lo que carezco para centrarme en lo mucho que tengo. Ése es el verdadero espíritu de la Navidad: no ser felices porque sí, ni se trata de una época de chorradas de paz ni historias por el estilo. Realmente es una época consumista, llena de regalos que si los compras un día después de Reyes te salen por la mitad de precio, cargadas de turrón y mazapán que se encariñan con mi barriga y no hay quién los desprenda de ella, de lotería, que nunca me toca…

Más allá de todas estas falsedades, me he dado cuenta de que puedo celebrarlas rodeada de mis seres queridos, ésos que cada día que pasan tienen más canas y más arrugas y que por ley de vida dentro de un tiempo faltarán sin querer a la cita. Quiero disfrutarla con ellos porque hoy están conmigo y mañana no estarán, como les ha pasado a la gente que está cerca de mí.

Todas esas personas que ahora mismo están recordando a los que por primera vez han faltado en la mesa sí que tienen razón para aborrecer estas fechas, yo no. Cierto que tengo problemas, verdad que cambiaría muchas cosas de mi vida, pero esos problemas me persiguen todos los días del año. Si soy capaz de olvidarlos por un rato, porque ese rato resulta que es noche buena, tendré que aceptarlo y estar contenta por ello.

Se trata de no luchar, de no meterme en una burbuja, de no odiar las navidades porque sí. Al menos he de intentarlo, ver el vaso medio lleno por una vez. Por ello, y por supuesto, quiero desearos una Feliz Navidad a todos vosotros, que habéis decidido leer esta tontuna que me ha dado hoy por escribir.

Gracias por regalarme un pedacito de vuestro tiempo. ¡Y FELIZ AÑO NUEVO!

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