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    Biografías

    José Antonio Muñoz Rojas

    por Francisco Arias Solís



 
LA VOZ PARA MAYORÍAS MINORITARIAS

“Nadie sabe las palabras
que caben en un silencio. 
Silencio: lengua del alma.”
José Antonio Muñoz Rojas


José Antonio Muñoz RojasMuñoz Rojas se crió entre olivos verdes y plateados, pisando las tierras feraces de la vega de Antequera. Hijo de labradores acomodados, conoció pronto las faenas del campo. Desde muy pequeño corrió con los vareadores. Vio el paso de las estaciones: los pastos, las siembras, los pedriscos, los vientos y la rotación de las prosperidades y de las sequías.

José Antonio Muñoz Rojas nace en Antequera, provincia de Málaga, el 9 de octubre de 1909. A los nueve años, lo llevan al colegio de El Palo de Málaga. En 1921 lo trasladan a Madrid, a seguir sus estudios en el colegio de los jesuitas de Chamartín de la Rosa. Estudia Derecho en la Universidad Central. En 1929 publica Versos de retorno. Gracias a este libro, que se imprime en Málaga, Muñoz Rojas se relaciona con Prados, Altolaguirre e Hinojosa, lo que le permite conocer de cerca y por su vertiente humana un costado esencial del 27. Con Leopoldo Panero y otros amigos funda Nueva Revista. En 1929 conoce a Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas y Luis Cernuda. En 1930 acaba la carrera de Derecho. Hace el servicio militar en Sevilla, allí establece relación con el grupo de Mediodía, haciendo amistad con Adriano del Valle, Porlán y Romero Murube.

Aparecen cosas suyas en las revistas Isla, Papel Azul, Poesía, Los Cuatro Vientos, Nueva Poesía, Cruz y Raya, Caballo verde para la poesía... En 1932 visita por primera vez Cambridge. Escribe algunos cuentos de los que publicará tardíamente bajo el título de Cuentos surrealistas. En 1934 presenta al Concurso Nacional de Literatura Ardiente jinete. En el jurado está Dámaso Alonso, a quien conoce por vez primera. Ese mismo año llega Neruda a España. Muñoz Rojas, lo encuentra, en casa de Aleixandre, junto con Miguel Hernández y García Lorca. A comienzos de 1936 marcha a Cambridge. Visita en su residencia londinense de Russell Square a T.S. Eliot. Poco después llega a Málaga, en vísperas de la guerra civil. Junto con su hermano Rafael es detenido. Una amistad inesperada y generosa les pone en libertad. Vuelve a Cambridge donde es nombrado lector de español. Profundiza en el conocimiento de la poesía inglesa, especialmente de J. Donne, H. Vaugham, G.M. Hopkins, F. Thompson, T.S. Eliot...

En 1939 regresa a España. Conoce a una chica que, con el andar del tiempo, llegará a ser su compañera: María Lourdes Bayo Alessandri. Desde su vuelta del Reino Unido al año 1951 Muñoz Rojas reside alternativamente en Málaga y Antequera, entre la ciudad y el campo. En 1942, se publican los Sonetos de amor por un autor indiferente. Un año después se publica Abril del alma. Gerardo Diego lo considera de “plena y levantada poesía”. En 1945 publica un libro fundamental, Historias de familia. “Libro en prosa -escribe Gerardo Diego-, narrativo a su manera, entre realista, biográfico y fantástico. En todo caso, delicioso”.

No puede entenderse correctamente la poesía de Muñoz Rojas sin saber que su espíritu se ha forjado y nutrido en la Andalucía del olivar. “Se plantan olivos para la eternidad”. El olivo es ascético, profundo en sus raíces, monótono en su verdor con pájaros inquilinos que no anidan en él, y un sol que abrasa a través de sus hojas -”tantos árboles y tan poca sombra”-. He ahí el símbolo de una Andalucía dura y alegre, a la vez; dulce y agria, sobrada de tiempo y apremiada de angustias.

En los cincuenta se traslada a la capital de España. El mismo día de su llegada a Madrid publica la que muchos consideran su obra maestra en prosa: Las cosas del campo (1951). “Libro de poemas en prosa”, le llamó José Luis Cano. “Has escrito - le decía Dámaso Alonso-, sencillamente, el libro de prosa más bello y más emocionado que yo he leído desde que soy hombre (es decir, desde que leí Platero y yo)”. En Málaga, dirige, en colaboración con Alfonso Canales, Papel Azul, suplemento de la revista Gibralfaro. También colabora con el autor de Réquiem andaluz en la colección A quien conmigo va. Colabora hasta 1954 en Platero, la revista poética gaditana fundada por Fernando Quiñones. Ese mismo año escribe también para Aljibe, revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla. 

Su vida profesional se había modificado entretanto sustancialmente. En marzo de 1952 entra en el Banco Urquijo. En 1954 publica Cantos a Rosa. “Tras Cantos a Rosa -afirma Muñoz Rojas-, acaba mi etapa optimista”. “El resto de mis intentos en esta aventura poética -nos dice el poeta antequerano-, que abarca desde 1954 a 1980, es decir unos veinticinco años, lo considero agrupado en dos posibles libros: las Consolaciones y Oscuridad adentro”.

Tres años después de Cantos a Rosa, publica uno de los libros en prosa más bellos de cuantos han salido de su pluma: Las musarañas. Según dice él mismo ”Las musarañas son las cosas del pueblo y el mundo de mi infancia antequerana”. En 1962 aparece Lugares del corazón en nueve sonetos que lo celebran. En realidad estamos ante nueve “musarañas” en verso, con su poética evocación de la geografía infantil: casa, jardín, campo, etc. En 1966 publica en Málaga una colección de Coplillas, en que la gracia popular se une a la exquisitez expresiva propia de los escritores de honda cultura. En 1970 publica Salmo. Con igual amor al pasado aparece en 1977 Antequera, norte de mi pluma y, en 1992, Amigos y maestros, sus memorias literarias. 

Muñoz Rojas es hombre que ama el equilibrio. “Siempre es difícil escoger entre extremos -dice-. Difícil e innecesario”. Un poeta para mayorías minoritarias: tal vez sea la paradoja que mejor le defina. Como Hopkins, Muñoz Rojas, sabe que hay una renuncia a la palabra. “Nadie sabe las palabras, que caben en un silencio”, dirá en Canciones y poemas.

Aquí mismo, sobre molde de copla popular, insistirá en la idea: “Miradas, voces del alma, / con sólo mirarte digo / lo que no dicen palabras”, para acabar con una exclamación entusiasta digna de un cartujo: “Oh paz, donde la paz halla su loma, / y la extensión encuentra su belleza, / y silencio esta voz con que te llamo”.

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