• Juan R. Mena

    Contraluz

    Poesía, comunicación de lo indecible

    por Juan R. Mena


Permítame el lector especular por puro juego con estas teorías a las que somos tan amantes quienes nos preocupamos de ellas. Hemos de empezar diciendo que la poesía no es filosofía; ni siquiera es literatura en cuanto a narración novelesca. Aceptemos, por tanto, que los géneros obedecen a actitudes del escritor ante la vida. 

Las actitudes del poeta ante el hecho de la creación siguen siendo las mismas de siempre. El poeta se estremece ante lo intuitivo, lo relampagueante, lo misterioso, lo íntimo, lo ingenioso, lo sorprendente, lo trágico...

Los pensamientos han de pasar por los sentidos (recuerde el adagio de la Escolástica: “Nada hay en el entendimiento que primero no haya pasado por los sentidos”). Para ello se necesita la sinestesia y la metáfora, teniendo en cuenta previamente la personificación. Pero en poesía, que no tiene fines informativos, la expresión ha de valerse de elementos sorprendentes para transportar al lector a intuiciones reveladoras de honduras interiores, cuando no se opta por una línea de compromiso, tan del gusto de la poesía social ni por la poesía lúdica y vanguardista. 

Así, pues, se necesita el factor “extrañeza” para seducir al que lee; si, además, se rompe con la sintaxis lógica, se consigue liberar a la poesía de ese discurso previsto por su tema y su lenguaje cuando pretende narrar exclusivamente, connotada de realismo, aunque tenga un viso sentimental, divagador, seudofilosófico o semipolítico. 

Lo contrario de la extrañeza (según Víctor Sklovski, para quien la literalidad residía en la dosis de tal extrañeza) es el verso desgastado y escrito sin esfuerzo por parte del poeta, que cree que lo importante es decir algo y no crear lingüísticamente, que es su misión como creador.

En una época de libertad y, después de una larga andadura desde las vanguardias, escribir para contar experiencias personales y con un lenguaje redicho y obsesionado con el tema, es ir contra la trayectoria evolutiva de la ley del estilo, ¿o es que Garcilaso escribía como los poetas de los Cancioneros del siglo XV, o Bécquer como los Moratín, o Pedro Salinas como Rubén Darío? 

¿Qué han hecho tantísimos y reconocidos poetas por el lenguaje poético, que no el literario, que ya está estandarizado? Realmente no ha sido auctores de augeo ´añadir´, o sea, no han añadido nada al lenguaje del que se han servido invariablemente. Han querido decir, comunicar, vaciar sus ideas en el papel, pero no se han acordado de que todo oficio requiere una voluntad de superación, una “voluntad de poder”, que aquí es voluntad de estilo sobre el lenguaje más allá de las combinaciones convencionales que ya no atraen a quienes están saturados de contenidos y esperan un comportamiento lingüístico que alimente su interés de lector consumado en textos poéticos. ¿De qué sirve la historia de la Estilística? Remito al lector al libro de Alicia Illera, Estilística, poética y semiótica literaria. Alianza editorial.

A esas alturas de la evolución del lenguaje poético ya no interesa el qué, sino el cómo. ¿Qué nuevo drama íntimo nos van a contar un poeta o una poetisa? Invito al lector a que lea En nuestro tiempo de Giovanni Montale. Su visión del hecho literario y de la mentalidad contemporánea es estremecedora y motiva a un replanteamiento de la tarea de escribir poesía cuando ésta mira hacia el mañana de su emoción artística. Si a ello le añadimos la teoría de la desautomatización de Víxtor Sklovski, ¿qué hemos de pensar de la poesía consecuente y “responsable del reto estilístico” de cara a otras generaciones venideras? 

Un amigo mío de cultura media, pero lector inteligente, dice que la poesía es una retahíla de ñoñeces que escribe un señor que se aburre o se afana en ganar premios. El lenguaje literario usual en la poesía le fastidia y le parece juvenil, ingenuo y fuera de época. Sólo se detiene -y le merece respeto- ante lo que le extraña y le llama la atención, o sea, el desvío imprevisible y sugerente que realza el papel de la lengua y la dignifica. La poesía es, por tanto, creación y no solamente confesión o descripción.

A pesar de todo lo dicho, que cada uno escriba como le dé su intransferible e insobornable gana. El autor de todo esto no hace otra cosa que rellenar un espacio virtual al que amablemente le invita el director de la web Arena y Cal, Revista Literaria y Cultural Divulgativa.

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