• M. Winocur

    LA PLUMA ALEGRE

    Guerra prolongada se necesita

    por Marcos Winocur


Difícilmente se pueda encontrar hoy un escenario político tan complejo como el de Estados Unidos, escenario por donde van y vienen los presidentes y los candidatos a suplantarlos. Y desde luego no están solos, por el mismo escenario van y vienen el trabajador desempleado, el deudor de un préstamo hipotecario amenazado de desalojo de su casa por falta de pago, el inmigrante ilegal devuelto a su país de origen. Son millones, la sociedad del sueño americano no los quiere pero reclama su voto en las elecciones, donde el republicano representa lo conservador, el demócrata el cambio, aunque hay cuestiones en que ambos candidatos sostienen propuestas similares. 

Por su parte, los analistas intentan develar la incidencia de distintos factores sobre este escenario de crisis, sea el aumento en los precios del petróleo y de otras materias primas destinadas a sustituirlo, sea la inflación aceptada como medicina dolorosa (o bien recombinada como estanflación) sea la caída del dólar, la concentración de capitales, y la lista no se agota. Hay quien asegura que la crisis económica tiene para largo, otros la reducen a financiera, hay quien constata evidentes signos de recesión. Hay quien culpa a los bancos. Hay quien es optimista, y afirma “que lo peor ya pasó” y que se están tomando las medidas adecuadas, hay quien es pesimista y sostiene “que lo peor está por venir”. Más allá de los nombres y de los pronósticos, un fenómeno se destaca: el desempleo cuya tasa ha alcanzado el 10.5 %. El desempleo evoca aquel fantasma de los años treinta, las colas para recibir un plato de sopa. Y se conecta con otro factor en juego dentro del escenario complejo: la guerra de Irak, ese pantano de arenas, hoy combinado con un nuevo conflicto militar, la guerra de Afghanistán, sin olvidar los aprestos nucleares de Irán. Ahora bien, veo los conflictos bélicos tanto contra el enemigo externo como contra el enemigo interno, todo el peso de la destrucción y muerte, todo el terrorismo, y la propaganda van contra el enemigo externo pero el verdadero objetivo reside dentro. 

La guerra de Irak fue declarada “por error” creyendo que había armas de destrucción masiva en territorio irakí, guerra proseguida a lo largo de varios años “por estrategia”, es decir, perseverando en el error. Tan reñida está la guerra de Irak con la lógica, que muchos se preguntan si no habrá algo más. Y sí, lo hay, desde luego se trata del control del petróleo de Medio Oriente. Pero no es todo, hay más todavía: la conexión de guerra con desempleo. Fue la II Guerra Mundial, asevera el general Eisenhower en sus memorias de la Casa Blanca, la que acabó de pagar las facturas de la crisis de los años treinta, en especial el desempleo. No lo dice Fidel Castro sino Ike Eisenhower, el victorioso comandante en jefe de las tropas aliadas de Occidente en la II Guerra Mundial y más tarde presidente de Estados Unidos por el Partido Republicano. 

La cifra estimada de bajas de los Estados Unidos en aquella guerra, es de cuatrocientos mil. Y aquí viene la relación con el empleo. Cada una de las bajas se corresponde con un puesto de trabajo que queda vacante, sea en fábricas, sea en tareas agropecuarias, y será cubierto si se trata de producción destinada a abastecer a las tropas en combate. La guerra tiene prioridad absoluta. De modo que las cosas han cambiado. ¡Y de qué manera! Lo que antes sobraba, la mano de obra, ahora escasea, tanto para hacer de la tela un uniforme de combate, tanto para fabricar aviones cazas en lugar de automóviles. La mujer se incorpora a la producción, el triunfo lo dará la velocidad con que se logre remplazar la flota diezmada en Pearl Harbor, y mientras tanto, silenciosamente, el desempleo será derrotado… ¿por cuánto tiempo? 

La II Guerra Mundial en los años cuarenta, el conflicto armado de Corea en los cincuenta y, ni qué hablar, la guerra de Vietnam de los años sesenta a los setenta poseen el mismo efecto curativo, Estados Unidos llega a movilizar medio millón de hombres con motivo de Vietnam. En fin, la crisis capitalista en su efecto desempleo se va paliando de década en década. Todos estos años esperando la bendición de una buena guerrita, una guerrita en serio, no como la Tormenta del Desierto, que nada duró. No ocurre, muy bien, habrá que inventarla lanzando al aire la versión de las armas de destrucción masiva en poder de Irak, e interviniendo militarmente antes que pidan cuentas. ¡Y el ejército enemigo que se nos rinde a las puertas de Bagdad sin pelear! Por suerte, se armó de inmediato una resistencia clandestina contra nosotros, y aquí estamos, amarrados a la necesidad iraquí de mantenerse en pie de guerra y a la nuestra frente al crecimiento del otro ejército, el industrial de reserva, formado por los desocupados. ¿Se imaginan lo que sería el regreso de golpe de los ciento cincuenta mil asignados al frente más los que cumplen el apoyo logístico? Cualquier cosa menos un trabajador desocupado y rabioso contra el sistema, mil veces preferible un soldado en el frente que no discute las órdenes al punto de rendir la vida. Y que, cuando comienza a manifestar su descontento incluso en las filas, se acuerda la paz… ¿por cuánto tiempo? Es una pregunta que había comenzado a ser contestada por el terrorismo con múltiples atentados contra las bases militares estadounidenses en todo el mundo, culminando al abatir las torres gemelas aquel 11 de septiembre que da en el corazón de New York y del orgullo americano, al descubrirse EU vulnerable en su propio territorio. 

El terrorismo. Enseguida la gente comprendió. Ésta es una guerra y no va a durar semanas, sino meses, se dijo aquel 12 de septiembre, y la gente pensó: entonces esto va para años. Precisamente, se dijo días después, y la gente pensó: bueno, bueno, mejor será ir acostumbrándose a convivir con el terrorismo. ¿Se acuerdan de la película “Brazil”? La recomiendo. En un escenario situado en un futuro próximo, un terrorista pone una bomba en un restaurante volándolo al 50%, sector donde quedan cadáveres destripados y sanguinolentos, mientras que en el otro 50% la gente sigue comiendo y platicando como si nada, el gerente coloca un biombo para evitarles la vista desagradable. ¿A eso vamos? Tal vez. “cosas veredes, Sancho…” 

Pero, hay que reconocerlo, la guerra de Irak ha decepcionado. Lleva varios años y, a diferencia de la II Guerra Mundial, la de Corea o de Vietnam, otras son las cifras. En Irak, los muertos estadounidenses no pasan de cinco mil. Así no vamos a ninguna parte, el grueso de los soldados desmovilizados se reintegrará al ejército industrial de reserva o se pondrá a limpiar la basura de las calles. No los mandamos a Irak para eso, qué caray. 

En fin, desde el comienzo previne sobre lo complejo de la coyuntura, el escenario político. No sólo en Estados Unidos, sino en el mundo entero, el hambre y la guerra están a las puertas, no, más que eso: ya entraron, convivimos con ellos, y hay una noticia que agregar: se ha ampliado una fuente de trabajo, a saber: los fabricantes de armamentos atienden puntualmente los pedidos y sugieren, como al cepillo de dientes, renovarlo cada tres meses. 

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