• Juan R. Mena



    PENSAMIENTOS (22)

    por Juan R. Mena


421. No todas las bocas están hechas para ser anfitrionas de la risa ni todas las miradas albergues de la inocencia. 

422. La razón, con su grandiosa maquinaria de persuasiva lógica, no logra vencer al afecto por pequeño que sea, como es inútil enamorar de las grandes ciudades al que ha echado raíces en su villorrio.

423. También el pensamiento tiene su túnel: la incertidumbre con su interminable oscuridad de dudas.

424. Todos anhelan un chalé para huir de los demás y la ciudad ruidosa, pero hay quienes se aíslan en un rincón de su conciencia, y hasta consiguen despistarse de sí mismo y asustarse de tanto silencio.

425. El orgullo monta su pedestal de altivez sobre un penacho de plumas o encima de la hojarasca de un pantano.

426. Vamos tanteando puertos donde atracar buscando amor y solamente encontramos muelles donde hay indigentes que nos piden el mismo amor que buscábamos para nosotros.

427. El pesimismo se mete en un pozo. El optimismo se sube a una torre. Ni uno ni otro dan ejemplo de sensatez a los humanos.

428. El necio debería aprender de la discreción del avaro y ocultar su necedad como éste disimula su riqueza. 

429. Todos vivimos como burlando la muerte en cada esquina de una enfermedad, en cada socavón de un infortunio y bajo cada espada de Damocles de amenazas diarias. Todos menos quien ha perdido a sus seres queridos y no burla a la muerte, sino que la llama, pero ahora es ella la que se burla de él y se esconde tras la bruma de su desesperación.

430. Si se compara, es menos meritorio disfrutar de una batalla ganada fácilmente que sufrir la vergüenza mortal de otra batalla perdida.

431. El viajero más puntual llega un día tarde a la estación de donde acaba de partir una irrepetible oportunidad.

432. El heroísmo, satisfecho, se cansa; la nobleza, confiada, se duerme; solamente la maldad permanece insomne a sorbos de ambición o venganza.

433. La torpeza confía en que puede rectificar, la impotencia espera de sí misma un arranque, pero la fatalidad se cruza de brazos. ¿Resignación o inteligencia?

434. A veces, la ostentosa sonrisa es la reja diplomática tras la que están ocultas la crueldad, la malicia y la ironía. 

435. El amor al dinero obliga a la hipocresía del odio al dinero.

436. La sinceridad cínica es el niño terrible de la familia de las verdades discretas.

437. Demasiada luz nos deslumbra en el camino; poca luz no nos ayuda a andar por él.

438. El poeta se afana en publicar para que lo lean sus contemporáneos, que apenas lo leen o lo leen mal, cuando es lo cierto que son los lectores aún no nacidos quienes lo leerán debidamente, aunque ya no puedan darle sus opiniones ni él tampoco a ellos las gracias.

439. Los ruegos al destino para evitar lo malo son tan inútiles como si un barco encendiera en altamar durante la tormenta una hoguera para pedir auxilio a otros. 

440. Hay una fuerza interior y desconocida que nos ayuda en momentos difíciles como la limosna inesperada que desde una mano anónima cae en la gorra de un mendigo desesperado.

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