• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    Sexo en la cárcel de mujeres

    por Alfonso Estudillo


Es que somos la rehostia... Es que no hay país que nos gane a modernos... Es que tenemos un Gobierno tan progresista, tan avanzado en derechos y libertades, tan volcado en las mejoras y el adelanto de la sociedad, que igual se alza como padre amantísimo velador de la salud de los ciudadanos -creando leyes restrictivas, represivas y coercitivas como la del tabaco-, que se erige en paladín defensor a ultranza de la igualdad de sexo y me pone a la zorra a cuidar del gallinero.

Lo ocurrido estos días atrás en la cárcel de mujeres Madrid I (Meco) -favores sexuales entre funcionarios y las reclusas-, es algo totalmente previsible hasta para el más zoquete de los aprendices de legisladores. Sólo es necesario tener en cuenta un elemental principio de Física, que nos dice que fuerzas o cargas de distinto signo se atraen, o aún con términos más zoquetes, que no se puede mezclar el fuego y la estopa, para entender que la cosa, en mayor o menor medida, con más o menos frecuencia, tenía que suceder.

El hombre es un ser racional, es decir, con capacidad de razonar, evaluar situaciones, tomar decisiones y actuar de acuerdo a ciertos principios de optimidad y consistencia para lograr objetivos o fines. Pero, no siempre obra o actúa de acuerdo a las leyes o principios éticos. Allí dentro, en el fondo de cada hombre o mujer, subyace un animal, un ser irracional con potentísimos impulsos ancestrales, que aflorarán en multitud de situaciones y circunstancias para, si las perspectivas son favorables y adecuadas, llevar a cabo el fin o la acción a que lo mueve sus pulsiones.

En una cárcel de mujeres, con más de 650 reclusas, más de la mitad extranjeras y el 80 % recluidas por tráfico de drogas, hay muchas necesidades entre las internas. Y si miramos para el personal a cuyo cargo están las reclusas, 150 funcionarios de interior de los que una buena parte son hombres, nos encontramos con gente que también tienen "necesidades". Las oportunidades de manifestar las necesidades de las unas y de los otros tienen que ser a cientos cada día. Y las posibilidades de solventarlas también. "Oye, tío, que necesito un móvil...", "Vale, tía, lo tengo. Y la manteca, qué... ¿martín martín o en carne? Y la papelina, y el porro, y la botella de whisky, y el tinte para el pelo, y el perfume, y la llamada... Todos los días... Obvio.

Pero, esta situación no es nueva. Esto se ha conocido ahora y ha saltado a los medios porque ha habido denuncias de reclusas y de Asociaciones que trabajan con ellas. Y, ante esta situación, previendo que la prensa podía airear lo que era conocido por todo el mundo, Instituciones Penitenciarias no ha tenido más remedio que tomar cartas en el asunto. El cese del director, el subdirector, y el administrador, además de dos funcionarios suspendidos y una docena investigados, acaba con todas las responsabilidades.

Reflexionando un poco, me da la impresión de que se dejan muchas cosas en el tintero. El cese de las personas que regían el Centro, podemos admitirlo como correcto. Tenían la obligación de velar por que en el mismo no ocurrieran los "actos indecorosos", "irregularidades" y demás "hechos aislados", como han calificado lo ocurrido otros responsables de más peso para sacudirse el muerto. Pero, la responsabilidad de toda esta situación no puede recaer sola y exclusivamente en los administradores de la prisión.

Por una parte, la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, responsable de que sus servicios de inspección funcionen correctamente, tiene que responder ante la manifiesta negligencia de los mismos, que han permitido que estos hechos estuvieran ocurriendo -como era archisabido dentro y fuera de la prisión, según las mismas presas- desde que se puso la primera piedra del edificio. Y de otra, el Gobierno como responsable único de las Instituciones, y de sus cometidos y resultados. El desconocimiento de los hechos (como de las leyes a los ciudadanos) no les exime de un correcto cumplimiento y eficaz gestionado de estas funciones.

Mención especial -y responsabilidad especial- la de los legisladores que tienen a su cargo que haya leyes y normas apropiadas a las situaciones de cada prisión, atendiendo, por supuesto, a ese mismo criterio que hace que haya prisiones diferenciadas de hombres y de mujeres. En este caso, creando e imponiendo leyes y normativas que -al margen de toda discriminación igualitaria- contemplen la particularidad del sexo del personal recluso para que sea atendido y vigilado por personal de su mismo sexo. Estas leyes, si bien es posible que no se amoldaran por completo a los criterios seguidos para otras leyes recientes, estarían basadas en una lógica que brilla con luz propia.

La historia del día a día nos demuestra que el Gobierno, como cualquier cornudo corriente, es el último que se entera. Y, aunque no dudamos de la honradez y buen hacer de la mayoría de los funcionarios y personal que trabaja en las Instituciones, la evidencia de estos hechos nos crea las consecuentes dudas y que nos planteemos preguntas: Si en estos Centros se ha estado burlando la lógica y necesaria vigilancia durante años, ¿quién nos garantiza que no está ocurriendo lo mismo en otras instituciones estatales?, ¿quién garantiza que no se traspapelan datos en los archivos de Hacienda u oficinas relacionadas para favorecer a determinadas empresas o individuos?, ¿quién garantiza que algún que otro funcionario de los que fabrican los billetes de cien euros, o de los que cuentan los que entran y salen en las diversas cajas grandes de la Administración, no se llevan "trabajo" a casa?, ¿quién nos garantiza, en fin, que los responsables de exigir responsabilidades a los distintos responsables cumplen efectivamente con su responsabilidad...? No sigo, porque hasta la más coherente de las lógicas, si no se le aplica finitud, corre el riesgo de caer en el sinfín de lo absurdo.

De lo que no me cabe la menor duda es de que los hechos que comentamos hoy -y otros que tendremos que comentar mañana-, no ocurrirían si muchos de los cenutrios que tienen sus asientos en primera fila dedicaran el tiempo a hacer sus deberes en lugar de a afianzar sus poltronas.

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