• Anabel Sáiz Ripoll, 2010

    Mundo de Letras

    Aurelio González Ovies

    por Anabel Sáiz Ripoll



“Y sé también qué significa la esperanza:
todo pudiera ser, pero no es nada”.
“A María, torbellino de la palabra”

Aurelio González Ovies


LA LINDA MELANCOLÍA DE LA BELLEZA: DATOS BIOGRÁFICOS

Aurelio González Ovies es uno de esos raros poetas especiales que, partiendo de lo cotidiano y real, logra trascender esa realidad próxima, y hacer que cada lector se sienta el único receptor de sus poemas. Aurelio nos lleva, con su palabra humana y conmovedora, a la esencia de las cosas, a lo más profundo de la realidad; por eso podemos decir que, haciendo suya la máxima machadiana, su poesía es palabra en el tiempo. El poeta, a la hora de definirse a sí mismo, tiene sus vacilaciones y nos ofrece un retrato, breve, pero lleno de sentires cuando dice: “Complicado, esto de definirse a uno mismo. Creo que soy nervioso, por más que siempre creí que me parecía tranquilo. Y con los mismos miedos de siempre a rastras: los finales, el dolor, la desventura. Amigo de mis amigos, por encima de todo, que no son muchos, pero lo son todo. Y de la belleza, que linda, tal como la miro, no con la tristeza, pero sí con la melancolía. Y soñador, en ocasiones demasiado.”

Si centramos sus datos biográficos, podemos decir que Aurelio González Ovies es asturiano, nacido en Bañugues (Gozón) en 1964. Es Licenciado en Filología Clásica y, en la actualidad, profesor de Filología Latina en la Universidad de Oviedo, de la que ha sido vicedecano del 1996 al 2008. No le resulta difícil, como cuenta, combinar la escritura con su práctica docente: “Enseñar –nos dice- implica leer. Muy a menudo leo literatura y manuales con el mismo objetivo: para transmitir y contrastar conocimientos de otros. Escribir exige también leer continuamente. Todo lo que escribimos es consecuencia de lo que leemos y lo que vivimos. Un resumen, una condensación de todo lo que percibimos, tanto lo que enseñamos como lo que plasmamos en el papel.” Para el poeta la lectura es esencial y, hasta cierto punto, higiénica, que no puede separarse de la escritura porque “Hay días en que escribir es una urgencia. Otros muchos se impone leer. Cuando el espíritu no está por sincerarse o no tengo mucho que aportar, siento la misma satisfacción leyendo que cuando escribo. Leer un buen libro, un buen poema es también una cura, otra terapia que alguien nos brinda desinteresadamente. No sé qué discerniríamos si no leyéramos opiniones ajenas, las historias de otros, las visiones de los demás.”

Aurelio González Ovies


Aurelio empezó a escribir muy temprano. “Desde muy pronto nos comenta-, ahora que lo pienso. Guardo cuadernos de 1975 en adelante. Imitaba rimas de poemas que estudiaba de memoria y buscaba, me leí la Biblia muchas veces…”. Ese poso trascendente ha quedado en su poesía, sin duda. Ahora bien, hay otras lecturas, aparte de La Biblia, que le interesaron e interesan a Aurelio: “Miguel Hernández, desde siempre, desde que lo descubrí en una antología para escolares. Gloria Fuertes, Pablo Neruda y Antonio Machado fueron los siguientes y los que nunca aparté, lo mismo que los clásicos grecolatinos que más tarde me atraparon. A los que vuelvo una y otra vez.” En su obra poética resaltan “Las horas en vano” (1989), “Versos para Ana sin número” (1990), “La edad del saúco” (1991), “La hora de las gaviotas” (1992) y “Vengo del Norte”. No obstante, dedica su poesía también a los niños y ya tiene varios libros publicados, en la Editorial Pintar-Pintar, como veremos a continuación. 

Para Aurelio la poesía es algo esencial y básico, parte inherente de su vida: “Una necesidad; una vía hacia la comprensión o el desconcierto, lo mismo que la luz. La necesito para todo: para desahogar, para no gritar, pero gritando, para entenderme o desvariar. La poesía es una realidad tan irreal como la que habitamos. Da mucha más vida la poesía que poesía la vida, desafortunadamente.”

Aurelio es también un autor premiado y entre sus premios destacan:

-Premio Internacional de Poesía ‘Ángel González’. 1990.
-Premio Internacional de Poesía ‘Feria del Libro-Ateneo Jovellanos. 1991.
-Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez. 1992.
-Accésit Premio Adonais. 1992.
-Accésit Premio Esquío. 1994.

El poeta asturiano tiene buena opinión de los premios literarios y así se expresa: 

“Empecé a publicar gracias a los premios literarios (Ángel González; Juan Ramón Jiménez; accésit Adonais y accésit Esquío), creo que son una forma muy digna -cuando en el premio hay honradez- a veces la única de darse a conocer. Estar entre los seleccionados significa que de todo lo que ya está hecho y dicho algo original dices, que algo sugieres de manera nueva e irrepetible.”

 
OBSESIONES Y DESEOS Y AÑORANZAS: POESÍA PARA ADULTOS

Aurelio González Ovies


“Soy consciente –confiesa el poeta- de que siempre regreso a lo perdido. Tal vez porque fui muy feliz en ese paraíso que llamamos infancia. No me propongo nunca los temas, son, como apuntaba antes, una necesidad de confesarme o vaciarme; ellos vienen solos pero desembocan casi siempre allí, en ese territorio donde bullen obsesiones y deseos y añoranzas y temores…”. Miguel Florián, en el prólogo a “Esta luz tan breve” define la poesía de Aurelio González como una poesía “que se alimenta de símbolos que se encuentran esparcidos en cuanto nos rodea y que difícilmente pueden ser observados en el tráfago del acontecer diario”.

Su poesía es una poesía culta, de claras raíces clásicas, pero no barroca ni culterana, puesto las palabras que maneja saben a tierra y saben a realidad, a pan y a esencia; por lo tanto su poesía es accesible, no prosaica, pero sí cotidiana, como ya se ha dicho. 

Aurelio González valora mucho sus raíces, a sus padres, sus hermanos. Valora la esencia de los recuerdos, los aromas, las sensaciones que vivió de niño en que todo era importante, en que el cariño y la ternura de la madre suplía cualquier limitación. Es a ese tiempo al que quiere regresar el poeta y trata de apresarlo, una y otra vez, en sus versos, aunque, consciente de que la vida no retrocede, se da cuenta de que el recuerdo se trastoca en nostalgia y de esa nostalgia, hecha de ternura, hecha de amor, se nutre continuamente. Sus poemas suelen iniciarse de repente, como si siguiera una conversación con unos buenos amigos, como si retomase el hilo de unas palabras ya dichas. Irrumpen, la mayoría de ellos, sin título, con sus imágenes potentes, de tierra, de aire, de aromas, de raíces. Se ayuda, muy a menudo, del encabalgamiento que permite que los versos se enlacen unos a otros, en cascada. Son versos que suelen acudir a una ligera asonancia y que se desenvuelven entre el verso amplio, casi versículo, y el verso de arte menor, mínimo, adelgazado. Aurelio González los emplea según sea la idea, el sentimiento, la imagen que quiere transmitir. Las metáforas, las personificaciones y las interrogaciones retóricas se entremezclan con juegos de palabras, paralelismos y una serie de recursos, elaborados y de raigambre clásica, aunque, a simple vista, y éste es el mérito de la poesía trabajada y cuidada, son versos que fluyen, con sencillez y aparente facilidad.

Aurelio González Ovies4La poesía de Aurelio, en suma, es una diálogo entre él mismo y su pasado, su infancia, sus recuerdos, sus lecturas, sus pasiones… y la vida que se precipita en su camino dejándonos medio huérfanos de nosotros mismos, vulnerables y desposeídos de un universo en el que fuimos dioses, en la niñez y que, ahora, en la madurez, nos resulta gris, a veces ajeno, difícil, pero también nuestro. Encontramos varios ejes temáticos en esta poesía, hermosa, vehemente, arrebatada y apasionada. Entre ellos podemos hablar, por supuesto, de la infancia; pero también del amor, un amor panteísta, a la naturaleza, a la tierra y, sin duda, a la mujer; del paso del tiempo, del deseo nostálgico de atrapar ese tiempo que se fue y que nos marcó de manera indeleble; de la muerte con su rosario de renuncias y, en definitiva, del pasado que nos hizo como somos y nos proyecta a un presente que, por fuerza, acabará también en pasado. No es, sin embargo, una poesía triste la de Aurelio, sino viva, rotunda, telúrica, incluso. 

Aurelio González Ovies5Si repasamos, de manera breve y muy subjetiva, sus distintos poemarios, encontraremos una evolución personal, pero también un poso que se va repitiendo y va madurando al compás de la propia maduración personal del poeta.

“En presente” (1991) incluye versos de arte mayor, asombrosamente rítmicos, en los que se hace presente esa especial nostalgia que rezuman sus versos:

“Y sé también qué significa la esperanza:
todo pudiera ser, pero no es nada”.

La única verdad es ésta:

“Nos iremos. Eso es todo. Y en las verjas del patio
en que hemos sido hombre, mujer, niño, adolescentes,
enramarán tu alma para impedir el paso”.

No se puede volver a lo que fui porque si se hace:

“Regresar, y encontrar vuestro olvido
con las puertas cerradas,
vuestros ojos de polvo mirándome, tal vez, 
como a un desconocido”.

Esa infancia, ese paraíso perdido en el que el poeta:

“Fui feliz con muy poco:
sus ojos de arena
marcaron las horas más felices de mi vida.”

En “La hora de las gaviotas” (1992) con la contemplación ensimismada de las aves en su vuelo manso, el poeta regresa de nuevo a ese momento en que fue niño y hace una profesión de fe de su familia y de su infancia:

“Confieso que los míos son personas sencillas:
usted sospecha que hablo de un padre que no sabe
lavarse bien los dientes,
de una mujer que escribe con mala ortografía,
de unos hermanos fieles como la misma sangre
y una casa que huele, cada vez que entro en ella,
como a las húmedas manos de la melancolía.
Confieso que he nacido donde hubiera elegido
por encima de todo
cada vez que naciera”.

Aurelio sabe que la existencia tiene sus propios códigos que no siempre coinciden con nuestros deseos. Los versos siguientes hablan de sí mismo con modestia, con honestidad:

“Pero la vida nunca acepta nuestros ruegos
y me gustó el latín no sé por qué motivo
y aquí estoy enseñando lo que a veces no entiendo.
¿Qué voy a decir yo de la palabra hombre?,
¿cómo puedo explicar que para que haya historia
hubo que desde siempre ir matando o muriendo?”

Y su madre, Luz, y el devenir de los días y el tiempo efímero:

“Mi vida se resume en aquel calendario
de números granates
donde mi madre iba
apuntando los partos de las vacas
y visitas al médico.
Fui más feliz que pobre
porque quien no conoce la abundancia
valora las minucias y los pájaros”.

Esa vida que parece tan larga y que, sin embargo, anda corta de tiempo, aunque esa verdad se descubre cuando ya es tarde:

“Per lo vida es esto, ya se sabe:
soñar que hay siempre tiempo
para olvidar que uno puede ser atrapado en el intento”.

Aurelio vuelve una y otra vez a esta idea, a esa nostalgia que nos deja el paso de la vida y la añoranza de lo que ya es pasado:

“Recuérdale a la vida
que hemos querido tanto aquellas cosas
y lo dejamos todo”.

Ahora bien, no es poesía solitaria, ni gris, sino compartida, anhelante de presencias y de rostros:

“Se necesita un ser
que quiera compartir lo poco que tenemos
de lo mucho que aún nos queda”.

En “Vengo del norte” (1993) sus versos adquieren un tinte épico y heroico puesto que los arraiga a su tierra y de esa tierra hace su sino y su bandera. “Vengo del Norte” es un poemario de versos amplios y generosos que reivindican su origen asturiano. Al fin, acaso, después de todo, los versos de Aurelio sean así a causa de su tierra, de las verdes praderas asturianas; en otra parte, seguramente, estos textos serían de otra manera porque la tierra imprime su huella y su presencia:

“Mis recuerdos son vuestros desde ahora,
os ofrezco el perfume de los membrillos 
envuelto entre las sábanas,
el rito cereal de las siestas de mayo,
el canto de los grillos, la sed de los limones”.
Al fin y al cabo,
Vengo del norte,
de donde lloran las abuelas cuando suenan las gaitas,
de las escapatorias de los topos,
de las minas saladas de las lágrimas,
de la beatitud que fermenta en los hórreos.
Soy prisionero del salitre. ¿Por qué no preguntáis
cuántos naufragios tengo?
Podría responderos con una nube?

“Nadie responde” (1994) combina versos de arte mayor y menor y busca asir el misterio de las cosas, de las realidades, de la vida, de la muerte:

“Llamo al extraño
ser que habita en mí:
hombre, levedad, agua
de los aljibes del silencio,
bruma de la palabra
norte,
guitarra del vagabundo de la muerte,
ceniza de la forma,
yo en ascuas en tentación,
desertor incandescente
de la noche”.

La muerte, con su implacable presencia, está ya en todo ser vivo, aunque a veces no queramos verlo:

“¿Para estar recordando
en cada especie, en cara arrimadura, en cada
sentimiento que todo lo que está
es ya supervivencia de otras muertes?”

Esa idea de la muerte como germen de vida es importante y nada más puede ofrecerla alguien que, como Aurelio, haya observado, desde pequeño, la naturaleza y todos los ciclos de la misma:

“La muerte está en nosotros como una adolescencia
y soñamos a veces con sus piernas de luto.
Como una decisión majestuosa.
Como el acantilado y el abismo”.

No vale la pena asirse a lo material porque:

“Todo está en mí
pero soy nada y nada ha de ser mío
apenas un momento”.

En “La muerte tiene llave” (1994) sigue ahondando en esta idea y profundizando en la presencia de la vida y en su rotundidad:

“Siempre hay en nuestro origen algún sabio
que muere por no decepcionarnos”.

“Nada” (2001) retoma esa extrañeza ante el paso del tiempo, ante lo que fue y ya no será:

“A cada instante soy,
he sido
bastante más pasado
que futuro o presente”.

Los versos anteriores, como un proverbio, condesan esa conclusión, cercana al estoicismo, a la que llegan las personas que están a medio camino de su vida. Esas personas que creyeron tenerlo todo en su infancia y que fueron desposeídas de ese reducto en que el tiempo no pasaba, en que la madre lo era todo y las cosas más sencillas se podían compartir y comprender:

“Y yo amaba a mi madre por encima de todo,
por encima de dios, sobre todas las cosas
y quería abrocharle al cuello un arco iris
y ella me prometía comprarme una laguna
con juncos y libélulas y renacuajos grandes
para detrás de casa”.

Aunque…, y la gradación se hace honda verdad, “Muchos años después, o nada o la nostalgia”. Entre esta dicotomía oscila parte de la poesía de Aurelio González, si se cae en la nada, cesa el dolor; pero al no sentir no hay ningún recuerdo; en cambio, si se cae en la nostalgia los recuerdos fluyen una y otra vez con su impotente eco. Y es que hubo un tiempo para el poeta en que:

“… no me daban respingo las noticias
ni asco los gusanos ni miedo las culebras
ni angustia ningún peso.
Entonces, la inocencia”.

Ese tesoro que Aurelio guarda de su niñez va con él todas partes, sin él no sería lo mismo, porque:

“Dentro de mí, muy hondo,
como en los pozos viejos
-superficie profunda-,
los hombres y las ramas
de los mejores años”.

A veces, su poesía se reconcentra, esconde el tono encendido y habla como en susurros para sí mismo, como en un rezo:

“Nací. Abrí los ojos.
sentí la vida. Como un golpe
de luz. Vi muchas cosas.
Volví a mirar
y oscureció. Volví
la vista. Una estrella
caía.

Muy breve y dolorosa
me pareció su llama”.

Todos, en algún momento nos sentimos decepcionados de la vida, porque suponíamos, en nuestra inocencia, que tendría mucho mayor alcance, pero nos damos cuenta de que no, de que es lo que es y basta:

“Yo también esperaba de la vida
otra cosa…
Uno lucha, se estrella
y cae y se levanta.
qué le vamos a hacer…
a la costumbre otros la llaman
esperanza”.

Y acaba el poema con estos versos tan resignados y a la vez hermosos:

“Si no…, mira el canario;
enjaulado y sin cielo y pasajero…

¡Y todavía canta!”.

También el poeta encuentra la limitación que tienen las palabras:

“Toda la vida hablando
del amor 
y no conozco más que el humo
y la ceniza:
sus metáforas”.

Pero, como dijimos en algún momento, no es poesía amargada, ni pesimista, puesto que, y los siguientes versos, dan nombre a la compilación de toda la poesía de Aurelio, escrita entre 1088 y 2008, la vida, pese a su engaño:

“Mas a pesar de todo,
ha valido la pena
ser
esta 
luz
tan 
breve”

Puesto que esto somos, en una imagen cercana a Quevedo, “una luz breve” entre dos chispazos, nacer y morir.

En “Tocata y fuga” (2004), Aurelio González convierte a la palabra en protagonista:

“Palabra
te respiro
te bebo
te seduzco
te amo
te penetro
te traiciono,
regreso
y tú me esperas

Me acuestas en tu pecho
de epopeya
y me hablas:”

Aurelio González no soslaya las grandes injusticias sociales, la miseria, el dolor; pero siempre anhela llegar a algo más, a darle la vuelta a la realidad aun partiendo de ella porque busca:

“Y un verso, un verso
sólo
que justifique
solo
toda la existencia”.

En “El canto del mirlo”, los versos de Aurelio se remansan, ponen las cartas sobre la mesa y aceptan el pasado y lo viven con sobriedad, con nostalgia, pero sin dolor:

“Existió todo en mí. El cariño y la infancia
como un pan abundante,
los rayos del verano entrando
hasta la siesta. El nombre de los pájaros.
Su canto.”

Y ya, en el poema “Deshielo”, esta hermosa paradoja que da sentido a toda su poesía:

“Respiro hondo. Rejuvenezco
un poco y siento
-qué contradicción dulce-
que envejezco”.

Y la conclusión serena a la que llega en “Sólo así”:

“Envejecer.
Decir adiós.
Admitir, en el fin,
nuestra grandeza…”.

Aurelio, a medio camino, se siente capaz ya de dar las gracias y con emoción entona su poema “Acción de gracias” en el traspira serenidad y sentimiento:

“Se lo debo a los nombres 
que tanto me llamaron.
Se lo debo a la infancia
y a su fosforescencia.
Se lo debo a los árboles
que crecieron conmigo.
Y a los versos que un hombre,
pastor en Orihuela,
dejó sobre la vida,
llegaron a mis manos,
giraron en mis ojos
filtraron en mi voz”.

La poesía no se puede apresar en unas líneas, ni su esencia ni su origen, ni su sentimiento; es imposible poder plasmar qué pensó el poeta, qué imaginó, qué nostalgia tuvo al escribir tal o cual verso; por eso siempre se quedan cortos los estudios de poesía. Esta aproximación a la poesía para adultos de Aurelio González Ovies es como esa imagen que veía el encadenado en el mito de la caverna platónico, un reflejo muy pálido de la verdad, de la realidad. No obstante, sí puede alertar la sensibilidad de los lectores y lectoras y hacer que quieran ir a los versos originales. Entonces habremos triunfado. “La lectura de la poesía de Aurelio González Ovies –en palabras de Miguel Florián, al que ya hemos citado-, nos ofrece belleza y verdad: mundo desvelado y limpio. Es la suya una obra rotunda, vigorosa, que posee la fuerza abarcadora de la más inocente potencia natural. Su voz concilia miríadas de voces, multitud de reflejos irisados. Voz que se asemeja al mar, confín de todas las cosas: de él se genera cuanto existe y a él regresa”.

Como la palabra a veces se resiste, acudimos a una escritora, poeta, novelista, pensadora, de hondas sensibilidad, que nos resume, de manera hermosa y muy poética, qué es la palabra para Aurelio González. La mexicana María García Esperón, comprometida con el arte y con su tiempo, así dice. Dejemos que cierren sus palabras este apartado y permitamos que nos evoquen de nuevo los versos del poeta asturiano: “Una sola palabra puede ser tan profunda como un pozo y ayudarnos a descender a ese lugar claro donde están en vivo almacén las imágenes primeras, las de la honda infancia, las del primer contacto con el ser.

Todas las palabras en las manos del poeta asturiano Aurelio González Ovies adquieren -o recuperan- esa condición. Su poesía es auroral, con la fuerza, el dolor y la sangre que la Aurora azafranada necesita para romper la oscuridad. 

Asombro heroico el de González Ovies, por todo lo vivo y por todo lo inerte, por todos los sonidos y todos los silencios, los gestos todos y todos los dolores.

El verso de este poeta tiene un ritmo caminante. Su palabra está en camino y al decirse se siente que se dice todo... porque es una palabra que ha escuchado todo y que con todo ha padecido. Es una palabra ocelada de tristeza, sufriente y honda niña de los asombros, que no deja de mirarte, con los pies sumergidos en un manantial de agua viva. 

Es una palabra muy joven y muy vieja, tan palabra que al hacerse visible descubre las imágenes del mundo, porque es como los cuentos que crepita la lumbre y susurra el agua, la dulce lengua de los hombres antes de Babel.

La palabra hace al mundo. Una palabra puede dar ganas de vivir al moribundo. La palabra alumbra al hombre, lo hace nacer. En sus metáforas vuelve a engarzarse la realidad como la rosa en sus espinas. Pero esas espinas y esa rosa, para teñirse con los colores de la vida, necesitan un ruiseñor dispuesto a desangrarse, lento y doloroso, desde el corazón.

Y de esa disposición y ese sacrificio, ese heroísmo y ese dolor la palabra tiene sed. 

Los huele desde lejos. 
Los sale a buscar. 
La palabra reconoce a su poeta. 
Y ávida bebe...


Aurelio González Ovies

QUE ALGUIEN NOS EXPLIQUE EL MUNDO: POESÍA INFANTIL

Aurelio González Ovies escribe también para niños, libros que son auténticas joyas poéticas, puesto que, como él mismo piensa, “No debería existir frontera entre poesía para niños y poesía para mayores. Es más, no hay más que una Poesía. En la imaginación, limpia y gigante, de los más pequeños cabe cualquier metáfora, cualquier poema de los que entendemos o tildamos para adultos. Igual que saben soñar despiertos, pueden interpretar todo tipo de verso, a su manera y con su lucidez. Necesitamos palabras desde el primer momento en que llegamos, que alguien nos explique el mundo, lo que vemos y no entendemos.”

Los libros de poesía infantil de Aurelio González siguen algunos de los temas que ya conocemos y no hacen concesiones ni al estilo ni al mensaje, puesto que son respetuosos con los niños y con su capacidad de entender el mundo que les rodea y soñar e imaginar. Cabe añadir que en cada libro se concentra una historia, puesto que no se trata de poemas sueltos, sino de un único poema que, acompañado por las ilustraciones, siempre hermosas y oportunas, recrea un momento, con principio… y un posible final en forma de conclusión abierta. Sus libros de poesía infantil están publicados en Pintar-Pintar, una editorial asturiana, cuyas socias fundadoras, Ángela Sánchez Vallina y Ester Sánchez (ilustradora también de muchos de los libros que publican) miman sus libros y ofrecen textos hermosos, llenos de ilusión, a sus lectores, auténticos festines para la mirada y el corazón. Pues bien, acerca de la poesía destinada a los niños de Aurelio, así nos comentan –y es un documento original e inédito- en Pintar-Pintar: “Conocíamos a Aurelio González Ovies como profesor de Filología Latina en la Universidad de nuestra ciudad (Oviedo), como Vicedecano de la Facultad, como columnista en periódicos locales, como poeta para ojos adultos… pero nunca nos habríamos atrevido a imaginar que su poesía pudiera encajar en nuestros libros. Nunca hasta aquella tarde, en la que gracias a una buena amiga común, (Aída Falcón Montes, también escritora) Aurelio nos envía un correo electrónico presentándose, explicándonos cómo ha llegado hasta nosotras e indicándonos que ha adjuntado un archivo con algunos poemas, por si son de nuestro interés.

A esta editorial llegan textos, textos en poesía y en prosa; algunos que nos gustan, otros que no y muchos que nos dejan indiferentes. Pero las dos primeras estrofas de “El Poema que cayó a la mar”, que era la primera poesía de aquel archivo, nos hicieron dar un salto en la silla. Después estaban “Chispina”, “Caracol”, “Todo ama” y “Mi madre”; todas las poesías que durante los cuatro años siguientes iríamos editando. 

En nuestro caso, la poesía de Aurelio es… todo un regalo. Un regalo profesional, por darnos la oportunidad, por confiar en nosotras para editar sus versos tan sinceros y cargados de hondura, humildes, intensos, desbordantes… Pero son también el regalo de un amigo que ha acudido a nuestro rescate cuando lo hemos necesitado, ayudándonos a mantener la ilusión con la que comenzamos esta labor editorial… y personal.

No queremos dejar de destacar el trabajo de los ilustradores y lo complicado que resulta la asignación de un ilustrador a una poesía de Aurelio. El ilustrador ha de leer y sentir en lo más profundo sus versos, para luego con valentía, mucha valentía, reflejar ese sentimiento sin alardes, sin esquemas, sinceramente, mostrando su ser más profundo, ese que ni él es capaz de vislumbrar. Así ha de ser para estar a la altura de las palabras.

El resultado: pequeños libros cargados de sentimientos, los particulares de dos creadores, dos poetas, dos ilustradores de palabras e imágenes, plasmación “material” resultado de los “exilios interiores” de cada uno, pero también libros provocadores y generadores de nuevos sentimientos, tantos como lecturas, que te dan la mano en el camino de la vida y pueden acudir a tu rescate, como lo hicieron en nuestro caso. ¿Qué más se puede pedir?”

Exactamente: “¿qué más se puede pedir?” Vayamos, pues, al análisis de sus libros, aunque sea de manera breve.
En “Chispina”, precisamente, una chispa de fuego escapa de “mamáleña” y emprende una especie de viaje iniciático, aunque, en el caso de una chispina, todo acaba quemado. Por fin el agua la pone en su sitio:

¡Mamá Leña echa humo!
¡Cuántas veces se lo dijo!
La vida es un chis-pam-pum
y cada uno tiene un sitio.

Empezó a lloviznar
¡y vaya brincos y saltos! 
para no quedar ahogada
en la hondura de los charcos.

Se dejó en manos del aire
y de tejado en tejado
llegó –pero por los pelos–
a su madero quemado.

Ahora ya se encuentra a gusto
dentro de la chimenea. 
Le pareció frío el mundo…
Es feliz quema que quema.

Aurelio, en el poema maneja distintos campos semánticos, el del agua y el fuego, y muchos juegos de palabras. Chispina es una niña de fuego que quiere jugar y aprender y, como cualquier niña, tocarlo y mirarlo todo, y Aurelio le permite ese periplo que la lleva de su casa al exterior y de nuevo a su casa. Ester Sánchez ilustra el libro, que, como dice María García Esperón, a quien acudiremos repetidamente, “Si Aurelio le suelta la lengua al fuego, Ester logra que el pincel huela a chamusquina y pasamos los dedos sobre la hoja para ver si la hoja nos pinta de humo los dedos. Pero Chispina es más rápida y ya hace de las suyas por calles y almacenes.“

En “Caracol”, que maneja versos de arte mayor y menor, asistimos a un amor imposible, un caracol se enamora de una estatua la cual nunca le contesta, pero no por eso el caracol ceja en su empeño –y ése es el hermoso mensaje de amor que contiene el libro-: 

“Lo importante es que si alguien te espera
con esperanza,
sabe que vas a llegar, sin prisas
pero con ansias.
Y Caracol le agradece su conversación
callada,
le pasea por los ojos y del rastro de sus
babas,
quedan puntitos brillantes que parecen
esmeraldas,
alrededor de sus párpados y de sus cuatro
pestañas.
Caracol se enamoró y ella, como es una
estatua,
no se mueve de su sitio, pero la mueve
y le encanta
ver venir a Caracol puntual como
la mañana.

Así es como se quiere, así es como
se ama. Poco a poco, pero siempre,
para siempre y con constancia.” 

Quizá el tema del amor imposible (correspondido, es posible, pero que nunca se realizará) no parezca un tema demasiado infantil; aunque, pensándolo bien, en el universo infantil caben muchas realidades, somos los adultos quienes se las espantan con nuestras quimeras. Y de esta misma opinión es María García Esperón, cuando escribe, al hacer la semblanza del libro: “La creación del instante poético es la creación del ser amado. El instante caracol-estatua es la eternidad, la inmortalidad, lo imposible alcanzado, el intenso e invisible presente del si yo fuera, el oído atento al lenguaje silencioso de animales y cosas. Ni más ni menos que el universo de sentimiento y lenguaje que ocurre en la mente y el corazón de un niño, de cualquier niña, que ensoñado y silenciosa mira arrastrarse un caracol a los pies de la estatua de un jardín.”

En “El poema que cayó a la mar”, también ilustrado por Ester Sánchez, se centra en un poema, al que personifica, que, llevado por el tedio, acaba cayéndose a la mar, como indica el título y:

“Un poema estaba tan abandonado,
se sentía tan solo, tan triste y tan mal,
que marchó del libro que sobre unas rocas
olvidó algún hombre después de pescar.
Se puso de pie sobre las mayúsculas,
se arrancó dos oes, armó unos prismáticos
y miró asombrado aquel folio azul
por el que, a lo lejos, pasaban dos barcos.
Y sin darse cuenta de que estaba alto,
y un cangrejo enano le intentó picar,
se agachó a rascarse la estrofa de abajo
y cayó en picado al fondo del mar.

A partir de entonces, la vida en el fondo del mar se anima de manera extraordinaria. Aurelio González juega con las palabras y les hace cobrar vida y así, por ejemplo: 

Desde entonces dicen que a veces los buzos
ven peces metáfora, adverbios coral,
delfines esdrújulos, pulpos monosílabos
y algas muy poéticas con rimas de sal.
Verbos caracola, tildes oxidadas,
peces parecidos a la acción de amar.

Y es que no importa que la acción proceda de uno solo, sino la huella que deje:

Parece mentira, pero un poema
inunda la vida de sinceridad,
cala las mentiras, ahoga las penas.
Un poema solo, fíjate, uno solo, puede ser plural.”

El poema no busca la aventura, no, el poema es la aventura en sí y, gracias a él, se cambia el mar, se enriquece. Juega Aurelio con las sirenas, las perlas, las sepias, el chipirón y el calamar y los enriquece, a la vez que permite que el lector infantil sueñe e imagine un mundo, en el más puro mundo de la fantasía, en donde se puedan mezclar palabras y animales, en donde las esponjas, por ejemplo, puedan tomar, zumo de adjetivos para desayunar.

En “Todo ama”, el poeta llega a una admirable conclusión:

“Todo es tan posible, todo es tan probable,
que nada nos puede sorprender jamás.
Las cosas no han de ser tan complicadas porque, a ver:
Es todo tan llano, tan diario, tan simple,
es todo tan fácil, tan sencillo y lógico,
que sencillamente es todo normal.
¿Qué tiene de raro que una telaraña
se enganche y no quiera cambiar de jardín;
qué tiene de extraño que un reloj de cuco
se retrase un día porque alguna hora 
le hizo tilín?”

La infancia ha de ser ese espacio, ese lugar en donde el asombro llegue por las cosas más simples, en donde se permita la curiosidad y crecer despacio, sin prisas. Aurelio, ya lo sabemos, tiene en su infancia el paraíso y quiere protegerla para los otros niños y ofrecérsela pura y tranquila, sin miedos, sin operaciones comerciales, sin especulaciones, dejemos a los niños ser niños:

“Una hoja puede, por cosas del viento,
sentirse atraída por un rincón sucio
y una gota de agua, la lluvia es así…,
puede enamorarse sobre un cristal.
Las nubes, a veces, son tan caprichosas
que pasan de largo, van a toda leche,
y otras tardes quedan como ensimismadas
sobre el horizonte, admirando el mar.
Y cuántos sombreros están tan a gusto,
colgados perdidos por su vieja percha,
cuántas pinzas, fíjate, pasan días y noches
prendidas, felices, en su fiel tendal.”

“Mi madre -en palabras de María García Esperón- es el reciente poemario que entrega Aurelio González Ovies a los niños y a todos, y con él los espacios inagotables del recuerdo sin fecha, del sol que es El Sol, de la fresa que es La Fresa, del mundo del niño sostenido por la mirada, por la atención, por la mente siempre alerta y vigilante de la madre, amor en acto sin suspensión de su actividad, que sostiene y alumbra la sagrada cotidianeidad de la infancia”.

Y es que la realidad de la madre, su amor, su afecto, trasciende cualquier limitación:

“Qué me importaba el idioma
si abrazaba como nadie
si amasaba bollos suizos
y napolitanas de hojaldre.”

“Mi madre”, ilustrado por Job Sánchez, describe el “mapamundi de amor” en el que se reflejaba la madre de Aurelio y tantas otras madres que ofrecen ternura a manos llenas, porque a los niños no les interesa tener una madre intelectual, sino una madre amorosa y ésta es la idea, llena de ternura, que destila el poemario del poeta asturiano. Un madre que, en el caso de Aurelio, se llamaba Luz y que, por desgracia ya no está, pero que dejó impresa en el alma del poeta su huella de ternura y de amor, como hemos visto ya en otros versos y, sin duda, seguiremos viendo, porque, infancia y madre van unidas indisociablemente.


BIENVENIDOS TODOS LOS MEDIOS: BLOGS Y POESÍA

La poesía de Aurelio González Ovies se ha instalado cómodamente en la red y podemos leerla y gustarla sin trabas ni intermediarios, gracias a él mismo, que mantiene dos blogs (uno de poesía adulta y otro infantil) y al buen hacer de otros poetas que, como María García Esperón, han puesto el empeño en divulgar su poesía a través de “Miravoz”, una especie de libro-blog titulado “Todo es palabra”.

En este sentido, el propio poeta confiesa que: “Hace unos años no me lo hubiera imaginado. Nada es lo mismo que tener un libro entre las manos, leer un verso, cerrar la página y los ojos a un tiempo y dejarse pensar. Pero posiblemente hoy en día se lea más poesía a través de Internet, sólo hay que mirar las entradas que los blogs registran. Como se trata de difundir y de intentar conquistar el mundo, bienvenidos sean todos los medios…”. 

No es la primera vez que defendemos el papel de la red en la difusión del texto poético, en particular, o literario, en general. No hay que tener miedo de las nuevas tecnologías ni pensar que van a desbancar al libro impreso. No lo creemos. Dónde haya un libro de la belleza, por ejemplo, de “Mi madre”, Internet no podrá competir, pero sí ayudar a que se conozca la poesía, a que crezca el gusanillo por tratar de leerla, a que los niños crezcan con una especial sensibilidad o un gusto por la palabra hecha con ritmo, hecha con luz, hecha con amor. Haciendo nuestras las palabras de Aurelio, bienvenidos sean todos los medios… si sirven para que crezcamos y mejoremos como personas, podríamos añadir.
 

PALABRAS PARA AURELIO: UN CONTEMPORÁNEO HISTÓRICO

Hemos contado, para este estudio, con la generosidad inestimable de María García Esperón, a quien ya hemos aludido repetidamente y quien, con seguridad, habría elaborado una aproximación a la poesía de Aurelio González brillante; también nos han ayudado Ester Sánchez y Ángela Sánchez, almas de la editorial Pintar-Pintar y, por supuesto, el propio Aurelio quien, desde su modestia, ha aceptado nuestras preguntas y las ha contestado con generosidad. No obstante, dejamos para cerrar el trabajo, las palabras que otra poeta, y amiga, le brinda al poeta. Nos referimos a Mª Rosa Serdio quien escribe y resume la esencialidad del autor. Para empezar cuenta que lo que va a escribir “son impresiones personales corroboradas o contrastadas, poco a poco, con las opiniones de otras personas que he ido escuchando hasta llegar al encuentro con el poeta en persona, esa otra visión que nunca acabamos de completar porque los poetas no suelen estar al alcance de la mano, sólo al alcance de la emoción si la comunicación, como en este caso, es visceral, orgánica y de impronta definitiva.

Me gusta especialmente pensar que es un contemporáneo histórico, con raíces, bilingüe materno, clásico y al tiempo reidor y lleno de guiños, con un toque místico que me gusta especialmente.” Y añade, y esquematiza muy bien, Mª Rosa Serdio:

**Un poeta que escribe y fija el instante en la emoción.
En este aspecto es un poeta impresionista, de pincelada transparente aun cuando trate de las profundidades del ser humano, del averno del momento que atraviesa y destila o del recuerdo que convoca con la belleza eterna del mármol de las estatuas.
Es como un libro abierto sobre las aguas diarias que nos llevan con temas que, como a todos los humanos, nos salpican, nos acunan o, sin venir a qué, tratan de ahogarnos en la prueba definitiva de las pérdidas. Y, en ese libro está escrita con niebla la palabra melancolía.

** Es un poeta de la vida cotidiana que la abre y pliega en cada poema sin darle barniz, ni descarnarla sino, por poner un ejemplo, elevando el trabajo periodístico o poético a la categoría de reflexión sagrada o iniciática.
Algunos de los primeros textos suyos que yo leí fueron reflexiones sobre la actualidad que dejaban elevarse, sobre las líneas negras las profundidades de las convicciones personales de las que surgían, la responsabilidad de COMPARTIR la sensación de ser humano antes que nada.

** Es un poeta asequible y cercano aunque de clásica, cuidada y amplia referencia cultural, que no impone ninguna barrera a la comprensión de sus textos ya que al leerlos nos impregnan como la lluvia fina de su Norte amado.

**Es un poeta de la palabra como oración, como himno privado, como declaración ante la naturaleza de las cosas, con el que puedes tomarte de la mano y sentir la humanidad en su latido, en la comunicación ante la vida solemne que, normalmente, nos aventaja en grandeza. Es un poeta que, cuando lees sus obras, sientes que siente contigo porque parece que te toma la palabra y te aventaja para ponerte fácil decir lo que sentías.

**Un poeta esencial para los niños porque nunca rebaja la belleza de sus emociones, ni se pliega a lo trillado: Aurelio es un alto poeta que, como NIÑO ESENCIAL, escribe desde esa emoción y que les llega mejor cuanto más difícil les parece la propuesta a los adultos al uso.

Y, por último, nos regala su encuentro personal con la poesía de Aurelio: “Yo empecé coleccionado momentos Aurelio mientras leía sus colaboraciones en prensa para luego, casualmente, comentar con Ester Sánchez, de Pintar-Pintar, lo mucho que me gustaba “El poema que cayo al mar”. Ella me dio la buena noticia de que pronto habría más títulos en la colección y de ahí pasamos a recibir en clase el regalo de un poema de Aurelio, que los niños continuaron añadiendo estrofas a su estela como un juego.

Por eso cuando entré en contacto con María Gª Esperón por asuntos de poesía con niños y para ellos, le hablé de este escritor con un especial énfasis porque tiene claridad emocional para transmitir futuro y sentimientos, juegos de palabras muy intencionados y actitudes elevadas de respeto hacia los niños y niñas.

La poesía infantil de Aurelio, que día a día podemos leer en el blog Poemas desde el Faro, es la ráfaga de luz que nos propone un camino sobre las aguas inconstantes y misteriosas de la vida, es un equilibrio sobre los abismos del nosotros mismos pero regidos por una luz emocional que pocos escritores saben dar, sobre todo para los niños.

Y, como tenemos que seguir su estela y podemos seguir descubriéndole, siento que somos muy afortunados en Asturias por la cercanía de su trabajo, su vivencia poética y la pródiga amabilidad de la que hace gala.”
 

BIBLIOGRAFÍA

-Las horas en vano. Plaquette. Heracles y nos. Gijón. 1989. D.L.: AS-500-90.
-Versos para Ana sin número. Oviedo. 1989. D.L.: AS-685-91.
-En presente (y poemas de Álbum amarillo). Gijón. 1991. D.L.: AS-4213-91.
-La hora de las gaviotas. Huelva. 1992. ISBN: 84-86842-53-0. 
-Vengo del norte. Rialp. Madrid. 1992. ISBN: 84-321-3005-2.
-Nadie responde. El Ferrol. 1994. ISBN: 84-86046-76-9.
-(Editor) La muerte tiene llave. Fíbula. Avilés. 1996. ISBN: 84-605-1092-1.
-(Ed.) Con los cinco sentidos. Fíbula. Avilés. 1999. ISBN: 84-605-7024-X.
-(Ed.) Las señas del perseguidor. Fíbula. Avilés 2000. ISBN: 84-605-8893-9. -Nada. Ed. Deva. Gijón. 2000. ISBN: 84-87958-49-4. 
-34 (Poemes a imaxe del silenciu), Oviedo. 2003. ISBN: 84-8168-354-X,
-Tocata y Fuga. Alvízoras Llibros. Oviedo. 2004. ISBN: 84-8053-306-4.
-(Ed.) Una realidad aparte. Fíbula. Avilés. 2005. ISBN: 84-609-8374-9.
-El poema que cayó a la mar. Pintar-Pintar. Oviedo. 2007. ISBN: 978-84-935331-5-1.
-Chispina. Pintar-Pintar. Oviedo. 2008. ISBN: 978-84-935331-8-2.
-Caracol. Pintar-Pintar. Oviedo. 2008. ISBN: 978-84-936266-1-7.
-El cantu’l tordu. ALLA. Oviedo. 2009. ISBN: 978-84-8168-477-3.
-Esta luz tan breve (Poesía 1988-2008). Saltadera. Oviedo. 2008. ISBN: 978-84-936790-0-2.
-Todo ama. Pintar-Pintar. Oviedo. 2009. ISBN: 978-84-613-4993-7.
-(Ed.) NO. Fíbula. Avilés. 2009. ISBN: 978-84-613-4993-7.
-Mi madre. Pintar-Pintar. Oviedo. 2010. ISBN: 978-84-92964-02-4
Antologías:
-Inclusión en ‘Antología de poesía española’, a cargo de José Enrique Martínez. Castalia, 1997.
-Inclusión en la Antología (Luis Salcines ed.) Toles direcciones /Todas direcciones. Asturias-Santander.2001. ISBN: 84-95640-23-6.
-Inclusión en la Antoloxía Poesía asturiana contemporánea. Palabres clares. Oviedo. 2004. ISBN: 84-8053-355-2.
-Inclusión en la Antología Poesía Astur de hoy. Zigurat. Hungría-Ateneo Obrero de Gijón. 2005.ISBN: 84-87958-69-9.
-Inclusión en la Antología La hamaca de lona. Málaga. 2006.
-Inclusión en la Antología Al aldu. Poesía para el segundo ciclo de ESO. D.L.: As.-5-406-2005.
-Inclusión en la Antología Poesía para vencejos. León. 2007. ISBN: 978-84-835240-3-6.
-Colaboración en la obra Una vida para la literatura. Gijón. 2007. ISBN: 978-84-936224-0-4.
-Colaboración en la obra Si envellecemos xuntos. El Ferrol. 2007. ISBN: 978-84-95289-90-3.
-Inclusión en la Antología Vida de perros. Logroño. 2007. ISBN: 978-84-935995-0-8.
-Colaboración en la Antología de relatos Dir pa escuela. Oviedo. 2008. ISBN: 978-84-96413-49-8.
-Inclusión el la Antología El paisaje Literario. Universidad de Las Palmas de gran Canaria. 2009. ISBN: 978-84-96971-62-2.
-Inclusión en la Antología Abrazos de náufrago. Huelva. 2009.
-Inclusión en la Antología Poetas asturianos para el siglo XXI de Carlos Ardavín
Trabanco (Premio Alfredo Quirós Fernández). Gijón. 2009. ISBN: 978-84-9704-433-2.
-Inclusión en la Antología Poetas de Asturias en Cangas de Onís de Luis Salcines. Santander. 2009. D.L.: As. 6503-08.
-Inclusión en la Antología Por partida doble. Poesía asturiana actual. Oviedo. 2009. ISBN: 978-84-8053-535-9.

Colaboraciones periodísticas: 
-Colaborador habitual en El Periòdico de Quirós desde 2001.
-Colaborador en el suplemento cultural ‘La nueva Quintana’ del periódico La Nueva España.
-Columnista de opinión en La Nueva España (sección La Rucha) desde 2006.
-Columnista de opinión en La Voz de Asturias (sección La Rueda) desde 2007.
-Colaboraciones de crítica literaria en distintas revistas (nacionales e internacionales: Sibila, Otro lunes, Lunas Rojas, Arquitrave, MicRomania, Ágora, Il Convivio...)

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