• Juan R. Mena



    PENSAMIENTOS (27)

    por Juan R. Mena


521. Entre el de dónde venimos y el adónde vamos, está el qué hemos de hacer entretanto para olvidarnos de esas dos preguntas.

522. Nacer y morir se parecen en la nada que precede y la nada que continúa.

523. Los pasos maravillosos y enigmáticos de la vida quedan ensordecidos por el estruendo del paso de los acontecimientos y las multitudes.

524. La cordialidad es la primera puerta que abre la confianza de los que nos tratan.

525. La soledad nos agranda los ecos de nuestros peores y mejores pensamientos.

526. Los grandes sufrimientos son los verdaderos domadores de nuestros apetitos.

527. Antes de vivir, deberíamos aprender a morir.

528. Puedes ser feliz ocupándote de los demás. ¿No es buen recurso para olvidarte de ti mismo?

529. Un héroe es el que sale vencedor todos los días de su guerra consigo mismo y, además, limpia el campo de batalla de su rostro de todos los gestos violentos y los muertos de sus decepciones.

530. La desconfianza nos evita llorar la muerte de las ilusiones.

531. La ignorancia cede terreno a costa de una moneda sangrante: la experiencia.

532. La envidia es una moneda sucia y manoseada que no deja ver en sus caras cuándo es admiración y cuándo odio.

533. Entre el reír y el llorar hay una distancia mínima, pero suficiente para que la casualidad meta los dedos e intercambie los papeles a su gusto.

534. Si nos parásemos a mirar el río de la vida, nos quedaríamos en un remanso, desde el que veríamos como a insensatos a quienes reman eufóricos en sus barcas de oro sin percatarse de que se aprestan a su desembocadura mortal.

535. Si se merece o no vivir la vida no lo sabemos hasta que el dolor o la alegría nos proporcionan razones suficientes. 

536. No hay piel más vulnerable que la ignorancia: todo la puede herir, menos la comprensión.

537. Amar mucho nos da miedo; amar poco nos avergüenza; no amar nada nos hace libre, pero en mitad de un desierto.

538. El hombre genial deja una memoria que se queda en la vitrina de la admiración. El hombre bondadoso deja una memoria que se queda en los corazones. 

539. No envidiéis la lucidez de las inteligencias mediocres y pragmáticas: su luz, como los días de invierno, es corta y da poco calor.

540. Algunas veces queremos estar estrictamente solos, pero nos lo impide la memoria.

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