• Javier Guerrero Rodríguez

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    Por primera vez

    por Javier Guerrero Rodríguez


Alex no tenía mucho dinero, pero como seductor no tenía precio. Si se vendieran seductores, el habría tenido que ir a subasta. Sabía perfectamente el plan de actuación, en función de la mujer que tuviera delante. Sabía de arte, de literatura, de moda, de cine y de sentimientos, que son temas que ellas manejan con soltura. Tenía un problema: no hacía distinciones. Consecuencia de ello, había tenido algunos altercados, como la vez que se retiró de la aglomeración del Casino, con la hija del Gobernador, que estaba prometida con uno de los Montesquinza de Figueroa, y fueron a por el los escoltas.

Acompáñenos, deje a la señorita. O aquella ocasión en que puso todas sus dotes de conquistador en la actriz Marta Santana, y los reporteros gráficos captaron una acometida en toda regla a la intérprete de Los Viajes de Laura, y Alex pasó su etapa depresiva, porque el ni era famoso, ni era de la farándula, ni tenía porque salir en la prensa. Pero ahí salió en la portada de Bye. Luego anduvo liado con una del arrabal, Lucía, a la que llamaba la princesa cheli del colorete, y los chicos malos del suburbio fueron a buscarle y le dejaron el recuerdo de una ceja partida y una cicatriz en el pecho. Son medallas, me dijo la última vez que le vi. 

Después se enamoró. Esta vez de verdad, sin ficciones. Se llamaba María, y era el rostro que siempre había estado buscando, los ojos de miel, la mirada racial y la piel de terciopelo. Ella le dijo que sí. Se casaron en una ermita de Trujillo, y se fueron de viaje de novios a Sicilia. En una terraza de Taormina, ella inició la historia de sus relaciones y avatares en el terreno del amor, pues Alex ya le había contado demasiadas cosas de su habilidades en el flirteo. 

El no lo pudo soportar. Por primera vez en su vida, le visitaba la terrible enfermedad de los celos. Nadie sabía que la tenía oculta y aparecería con la mujer de su vida. Nadie sospechó que su rostro se iría apagando, y con ello se desvanecerían sus artes seductoras.

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