• Anabel Sáiz Ripoll, 2010

    Mundo de Letras

    María Eugenia Mendoza

    por Anabel Sáiz Ripoll



Los padres de familia que se preocupan
por el mundo que les tocó vivir y se quejan
de que sus hijos no leen quizá sea tiempo
de reconsiderar sus propios hábitos de
lectura y darse la oportunidad de conocer
la enorme oferta que actualmente existe.”

“Los niños no son ningún futuro, algo
inalcanzable, que nunca llega, los niños
están aquí y ahora, son seres humanos con
características, posibilidades y necesidades
propias de las diferentes edades
que comprende la niñez.”
María Eugenia Mendoza

Mª Eugenia Mendoza


DATOS BIOGRÁFICOS: INQUIETUDES PERSONALES

María Eugenia Mendoza Arrubarrena (Ciudad de México, 13-7-1953) es una mujer polifacética y versátil, un ejemplo, podríamos decir, de renacentista en el S. XXI. Sus tres puntales básicos son la familia, la amistad, el diálogo y la memoria y sobre ellos, como veremos, gira toda su obra. Aparte, está convencida de que los medios de comunicación pueden y deben convertirse, realmente, en puentes de comunicación; de ahí su interés por la radio y la literatura infantil y juvenil.

De procedencia humilde, Maru Mendoza admira el trabajo de sus padres y todos sus sacrificios. Por eso, podemos decir que se trata de una autodidacta, de una mujer que se ha hecho a sí misma, observando, aprendiendo día a día, con tenacidad y empuje; de ahí que su obra, en desarrollo, nos parezca tan atractiva. Algunos libros, que ella reconoce como importantes en su vida, marcaron sus principios literarios: fueron “Demian, Cien años de soledad, Un mundo feliz, El Profeta, El principito, La ciudad y los perros, Crónicas marcianas y un montón de obras de ciencia ficción, me encantan Isaac Asimov y Ray Bradbury.”

María Eugenia Mendoza, Maru como la llaman sus amigos, estudió Periodismo en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García y la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante veinte años fue productora y conductora de programas de radio, tanto en emisoras privadas como culturales (Radio Infantil, Radio Red, Radio Mil y Radio UNAM), cuya temática principal era la divulgación de la ciencia, la educación y la cultura alimentaria. Ha colaborado en la sección Buena mesa!, del periódico Reforma y en diversas revistas culturales y educativas.

Actualmente, Maru Mendoza se dedica a actividades editoriales y educativas (freelance) y es voluntaria en el Programa Nosotros entre Libros de IBBY México.

El linderoEn cuanto a sus obras literarias, fue finalista del VIII Concurso Literario convocado por Ediciones SM y Conaculta con la novela corta El Lindero (Gran Angular, México, SM, 2003). Enlazando con este aspecto, le preguntamos por la opinión que le merecen los premios literarios y estas son algunas de sus palabras: “Confío en los premios literarios, desde El Lindero he escrito y participado en seis o siete sin haber obtenido ni un acuse de recibo del manuscrito, pero las obras están ahí, esperando que las relea y si valen la pena actualice y corrija y si no pues ya se quedarán en el disco duro de mi computadora.

Coincido con otros escritores que reconocen que los concursos son una extraordinaria puerta de entrada al mundo de la literatura. Queridos amigos, como María García Esperón, Carlos Marianidis, Mercedes Calvo, entre otros, han transitado por este camino y ahora las editoriales e instituciones culturales los invitan a publicar y a promover su obra. De quienes a veces desconfío es de autores reconocidos, prolíficos y hasta consagrados, a quienes las editoriales más importantes del mundo seguramente les publicarían lo que escriben y, según yo, no necesitarían recurrir a estos premios, que generalmente ganan. No sé por qué lo hacen, no me lo explico.”

Peligro en la aldeaEs, del mismo modo, autora y editora de la novela Peligro en la Aldea de las Letras, libro que fue uno de los 120 seleccionados, entre 7283 títulos presentados por 134 casas editoriales mexicanas e internacionales, para integrarse a la colección de Libros del Rincón 2009-2010, en una coedición con la Secretaría de Educación Pública, como parte del Programa Nacional de Lectura.

Coautora, con Gabriela Conde Flores, de los libros de texto para secundaria Formación Cívica y Ética 1 y 2 (Macmillan, 2008), los cuales se estudian en escuelas oficiales y privadas.

Con la editorial mexicana Palabras y Plumas Editores ha publicado los cuentos “Se ponchan llantas gratis” y “En el umbral”, en las antologías Recuentos urbanos (2009) y Entre gozos y rebozos. Nostalgias del campo (2010), respectivamente.

En noviembre de 2009 inició el blog “Aldea de las Letras. El español: un idioma, múltiples culturas” www.aldeadelasletras.blogspot.com. La “Aldea de las letras” se han convertido, en poco tiempo, en todo un referente cultural, y no solo mexicano, como puede ver cualquiera que quiera consultarlo.

Desde el año 2010 es colaboradora externa de Contemporary Literary Horizon Magazine, en donde ya fue publicada la versión trilingüe (rumano, inglés y español) de “Se ponchan llantas gratis”.

Cuando se le pregunta por qué escribe, la escritora se explaya largamente y comenta que todo surgió a raíz de un concurso literario cuya convocatoria leyó en 2002. De ahí surgió su novela “El lindero”. “Me hubiera encantado añade- tener la disciplina y el tiempo de los que muchos escritores hacen alarde: levantarme a las cinco o seis de la mañana y escribir sin tener que preocuparme por la comida, la limpieza de la casa y la ropa, ni los pagos y compras, el timbre de la puerta y del teléfono, las consultas al ortodoncista, al dermatólogo y todo eso que debemos atender las mamás. Pero no podía desentenderme de todas esas pequeñas cosas que hacen las amas de casa, de manera que cuando más avanzaba era por las noches, como cuando trabajaba para radio.

La motivación para escribir era el concurso pero en el fondo quería que además de mostrar mi admiración por Carl Sagan el texto funcionara como una cápsula del tiempo, como un testamento de una madre a sus hijos, en el que les expresara amor, respeto a sus vocaciones e individualidades, con una visión optimista sobre el mundo, pese a las constantes crisis que enfrentamos como humanidad a nivel global y como familias ya en lo particular: amenazas de guerras, desempleo, crisis económicas, infecciones de transmisión sexual, inseguridad, desmemoria histórica; además de corazoncitos rotos, amistades adolescentes que de un día para otro se enfrían, conflictos propios de familias disfuncionales y todo eso que sucede en la vida familiar.”


Mª Eugenia Mendoza

Fiel defensora, como ya hemos comentado, de la familia, la amistad y la memoria, responde, con sinceridad, cuando le preguntamos por las valores que acaso pueda desprender su obra: “Creo que los valores no son algo de lo que la gente se desprenda a voluntad cuando trabaja, o por lo menos es deseable que no ocurra, de manera que en la escritura, como trabajo (muy placentero pero al fin trabajo), van quedando plasmados, no con una intención aleccionadora sino como parte de un discurso congruente.

He publicado poco, pero las historias que he escrito tienen elementos en común como el amor, la familia, el diálogo y la memoria.

Mª Eugenia Mendoza


En alguna ocasión una amiga criticó El Lindero porque dice que mi visión de familia es la tradicional, como la mía, formada por mamá, papá e hijos, mientras que dejo atrás las estructuras familiares actuales. Cuando escribí Peligro en la Aldea de las Letras la protagonista forma parte, nuevamente de una familia tradicional. Cuando recordé la crítica de mi amiga, durante un diálogo que se desarrolla en la historia Hilaria y su hermana Ana sacan el tema de las familias, en las que ya se mencionan las conformadas por uno solo de los padres, o en la que una madre soltera y sus hermanas interactúan con la niña dentro de una familia como hay muchas y hasta cómo un grupo de amigas puede llegar a conformar una familia.

En cuanto a otros valores, sólo cuando leo el trabajo completo descubro que tal o cual situación, reflexión o diálogo están relacionados con valores ciudadanos y familiares. En El Lindero, cuando la familia se reúne a escuchar la música del Voyager surgen reflexiones que responden a inquietudes personales pero que son compartidas por muchos, como los prejuicios cuando oyes hablar de un país. Hasta el momento no he escrito nada en donde los personajes sean homosexuales, víctimas de violencia intrafamiliar o en donde el suicidio esté presente como idea o hecho, sin embargo, considero que son temas que están en el ambiente y que deben ser abordados con respeto y mucho cuidado de no caer en clichés, en la condena, bueno de la violencia sí, o terminar haciendo apologías.”


LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL: NO SE TRATA DE UN GÉNERO MENOR

La literatura infantil y juvenil es un género, de eso no cabe la menor duda; pero aún, por desgracia, cuenta con detractores que la consideran menor o, en su caso, un mero pasatiempo, por eso creemos que son muy interesantes y claras, además de francas y directas, las palabras de Maru Mendoza, quien explica cuál es su opinión acerca de la literatura infantil y juvenil. Dejamos que hable ella:

Aunque parezca una perogrullada quiero comenzar señalando que la literatura infantil y juvenil es literatura. Es decir, no se trata de un género menor al que deban ser encauzados escritores sin talento, poco serios, que ven a los niños como consumidores que se tragan cualquier historia insulsa, pletórica de diminutivos si es para niños o de groserías si es para jóvenes. Al contrario, la LIJ, como toda la literatura, es producto del trabajo serio, respetuoso y gozoso de escritores que desean ofrecer a los lectores obras de calidad. Sus obras, además, juegan el importantísimo papel de formar lectores.

Otra cuestión obvia, pero en la que vale la pena reflexionar, es en que no todo lo que se vende en las secciones infantiles y juveniles de las librerías y las ferias es LIJ.

Cada año, en noviembre, que es cuando se celebra la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil en la Ciudad de México, a la que acostumbro ir para asistir al seminario internacional y a conocer lo que se expone, miles de niños llegan al Centro Nacional de las Artes, con sus grupos escolares. La FILIJ ofrece espacios y actividades para que aprendan y se diviertan en los talleres, en los espacios de espectáculos de cuentacuentos, teatrales y musicales y en ocasiones hasta en una presentación de libro. Quienes llevan dinero para comprar libros es fácil que se dirijan a los espacios más llamativos, en donde encuentran comics y libros para colorear o de múltiples actividades, ilustrados con personajes de televisión o cinematográficos y se van felices con sus adquisiciones. Qué bueno que los compren, son muy entretenidos, estos productos podrían acercarlos a la lectura pero no necesariamente a la literatura, de manera que se pierde la finalidad de la feria porque la atención de los niños la capturan productos que se compran en el súper y en los puestos de periódicos, mientras que la literatura queda relegada. Cuando los niños deciden sus compras no piden consejo a sus maestros ni a quienes atienden los stands de las diferentes editoriales y tal vez si alguien los quiere orientar no estén interesados, a menos que ya conozcan alguna colección, como “A la orilla del viento”, “Barco de Vapor”, entre otras. Cuando los chicos van con sus padres el asunto cambia, generalmente éstos llegan mejor informados sobre lo que pueden adquirir de literatura o están abiertos a las sugerencias de los expositores.

En el caso de los jóvenes de secundaria y bachillerato, aunque ellos ya toman decisiones más o menos razonadas sobre sus lecturas, se inclinan por el comic, historias de vampiros, hechiceros y otros personajes fantásticos de moda. Tengo la impresión de que las obras de literatura juvenil les llegan porque en el aula se trabaja con títulos que entran en este rubro, muchas veces fuera del programa oficial, gracias al interés de los maestros, a la promoción de lectura que hacen las propias editoriales o algunos de los programas de fomento a la lectura.

Actualmente existe una gran oferta de obras de narrativa y de poesía, ilustrada o no, de libros álbum que invitan al lector a realizar múltiples lecturas, en formatos tradicionales y electrónicos.

Creo que la LIJ que seduce a los adultos, que favorece reflexiones y diálogos puede llegar más fácilmente a las manos de niños y jóvenes.

La LIJ, como toda la literatura alimenta la imaginación, ofrece momentos de placer pero también de dolor, emociones encontradas y la posibilidad de ampliar la visión del mundo. Quizá algunas puedan despertar vocaciones, pero en general me gusta pensar que existe para el disfrute de escritores y lectores.

En la LIJ, como en todo, hay obras muy bien logradas, que te atrapan desde la primera línea, otras a las que deberás dar una segunda oportunidad, pues al primer intento no te engancharon y otras que de plano son casi un insulto a la inteligencia. Hay escritores muy talentosos, ingeniosos, cautivadores, de quienes siempre estás esperando la siguiente obra y otros que son producto de una buena campaña mercadológica pero sus obras son bobas, aburridas, incoherentes o hasta de mal gusto. Si me pidieras que te diera nombres, te contestaría como Bartleby: preferiría no hacerlo.”

A Maru Mendoza le preocupa mucho el papel de la niñez en este mundo cambiante y defiende el derecho a crecer en paz y en libertad de los niños. Piensa que la literatura es una buena ayuda para lograrlo, como leemos en su discurso “De niñez y LIJ” (marzo 2010), que destinó a los padres de la escuela Jesús González Ortega, como parte del Programa Nosotros entre libros, de IBBY, México. De este discurso entresacamos algunas palabras: “La literatura ha estado poblada de princesas, príncipes y sus reales y caprichosos padres y otros parientes; leñadores, campesinos y personas buenas del pueblo, de brujas, ogros, hadas, duendes, genios, sirenas, unicornios y otros personajes fantásticos y míticos que han acompañado a niños, jóvenes y adultos desde hace siglos. La LIJ nos ofrece personajes entrañables como Pinocho, Momo, un Gigante egoísta por aquí y un Patito feo por allá; y, aunque a muchos autores no les guste, Harry Potter. Ahora están de moda los hechiceros, brujas equipadas con aparatos de última generación para preparar todo género de pócimas y hasta hologramas, faltaba más; los vampiros son sexys y seductores, aunque no han dejado de ser aterradores. El bien y el mal, el amor y el odio, la esperanza y la desesperación, la justicia y la venganza son valores y sentimientos que nutren historias con moraleja o sin ella, con finales cerrados o abiertos. Todo cabe en la LIJ, además de la fantasía y las historias que echan a volar la imaginación, como los desórdenes alimentarios, la sexualidad, la drogadicción, la guerra, la discriminación, la muerte natural, accidental, intencional, incluso por suicidio, entre muchos otros temas de los que no sólo conocemos por las noticias en los medios, sino de experiencias cercanas de familiares y amigos. De manera que la LIJ es más parte de nuestras vidas de lo que quizá percibimos diariamente ¿qué opinan ustedes de esto?”


PROSA: ME GUSTA MÁS HACERLE AL CUENTO

Maru Mendoza escribe prosa, se considera incapaz para la poesía, aunque eso no nos parece del todo cierto, ya que en alguno de sus relatos logra momentos llenos de poesía, sin duda, como leemos en el relato corto “Mensajeros”, incluido en “Oportunismo y otros cuentos” -y que dedica a las madres- :

“En lugares lejanos dos mujeres despertaron al mismo tiempo.
La primera se asomó a la ventana, miró el limpio cielo de media noche justo para descubrir el espectáculo único de una estrella fugaz.
Se sintió una con el universo.
Deseó compartir ese momento mágico con su hija, quien estaba al otro lado del océano, pero para no perturbar su sueño, se dirigió a su mesa de noche y comenzó a escribir una carta.
La otra también se asomó a la ventana y descubrió con los primeros rayos del amanecer un hermoso colibrí revoloteando entre las flores de su balcón.
Se supo una con la naturaleza.
Necesitaba describirle a su madre la escena pues no todos los días comienzan así. No lo pensó mucho tomó el teléfono y marcó el número de casa.”

Maru Mendoza escribe con el castellano que se habla en México trufado de términos que, para un español, pueden resultar difíciles, pero que dotan su prosa de un realismo especial, mágico podríamos decir, que nos permite darnos cuenta de que el idioma se ha hecho para la unión de los pueblos, sea cual sea el vocablo que empleemos. Es también una prosa directa, cargada de detalles, precisa y exacta como leemos, por ejemplo, en algunas de sus descripciones: “Todas las mañanas a las cinco en punto inicia la subasta de pescados y mariscos. Gente de remotas ciudades, principalmente gerentes de compras de las cadenas de supermercados, de los más prestigiados hoteles y restaurantes, arriban para hacerse de las mejores piezas recién capturadas en las ricas aguas de los siete mares.

Los compradores llegan entre media hora y quince minutos antes de que inicie la actividad. Se conocen, se saludan amablemente mientras beben café. Cualquiera diría que la atmósfera es amigable. Sin embargo, antes de que inicie la puja, justo al escucharse la campanada para presentar las primeras piezas, los compradores se transforman. Despojados de buenos modales y haciendo alarde de un vocabulario limitado a quince maldiciones sale a relucir su ser más íntimo. Miradas ambiciosas, calculadoras han sustituido a las sonrientes de unos segundos atrás. Gritos, manos que se agitan, codazos, gestos de satisfacción o frustración se suceden. La frenética rebatinga parece interminable pero como la mercancía no lo es en unos minutos la gente se aleja y deja atrás el ceño fruncido para dar paso nuevamente a la sonrisa discreta, a la inclinación de cabeza a manera de despedida. (“Oportunismo”).

Maru Mendoza escoge, además, unos personajes entrañables, como veremos al comentar con mayor amplitud “El Lindero” y “Peligro en la Aldea de las Letras” y nos los presenta en toda su amplitud ya que gusta de ofrecer el aspecto psicológico de estos personajes.

Son las mujeres quienes aparecen retratadas de manera más rica y precisa y las que suelen protagonizar sus relatos, como sucede con la mujer que, en primera persona (recurso muy empleado por la autora) se presenta a sí misma en el relato “El umbral”: “Yo, por decir, soy buena para curar empacho, mal de ojo, susto y otros males comunes. Tengo un don, escucho a las plantas. Me revelan sus secretos para aliviar algunos dolores del cuerpo y del alma. De veras. Hasta mi hijo, que estudia medicina en la capital reconoce que soy atinada. Hasta me invitó a la universidad porque uno de sus maestros acostumbra invitar a los papás a una clase especial para hablar de medicina tradicional, que es la que yo practico, no es que sea doctora, pero…”

Podemos encontrar otros ejemplos de personajes femeninos que se nos antojan cercanos y muy reales, a los que les suceden las cosas del día a día como a la protagonista de “Se ponchan llantas gratis”:

Rescaté mi coche y me dirigí a casa. No deseaba regresar al trabajo. Total, faltaba media hora para la salida. Frustrada por el tiempo y la lana perdidos de la manera más tonta, e irresponsable, me diría mi conciencia, lamentaba mi situación. Me sentí muy sola, más sola de lo que regularmente me siento. Sin familia, sin novio, pensé en llamar a Ara. Al escuchar las grabaciones de la contestadora y del buzón del cel colgué. ¿Quién quiere hablar con máquinas en esas circunstancias? Lo único que me quedaba era llorar a moco tendido. Ahora bien, lo que nos descoloca en sus textos breves, casi siempre, es el final, un final inesperado que da un giro a la situación, como sucede en este mismo relato: El franelero de la acera del parque le gritó que tocara la puerta. Tocó rabiosamente con los puños cerrados. La mujer abrió. Soberbia, extendió el papel con las instrucciones. El hombre sacó una pistola. Tres tiros. Con el arma frente a él se abrió paso entre los estupefactos curiosos.
Soledad yacía en el umbral.
No lo pensé dos veces arranqué y me alejé de ahí. Mala ciudadana que soy.”

Es un final preciso, demoledor, en el que sobran las palabras y las descripciones. El personaje femenino protagonista, en primera persona, se distancia de esa situación que es dramática y termina de una manera que resulta irónica y acaso sarcástica.

La misma ironía –llena de crítica a la situación económica actual- que observamos en el relato “Atribulaciones de una comensal” en donde una mujer se da cuenta de que no puede seguir con ese ritmo de gastos, aunque de poco le sirven las reflexiones porque: Paty se levantó para ir discretamente a retocar su maquillaje, poco antes de que el mesero dejara la cuenta sobre la mesa. Luis procedió a dividirla entre quienes quedaban. Ella palideció al escuchar la cantidad, que incluía el quince por ciento de propina. En ese momento iba a decir que lo justo sería que sólo pagara lo que había consumido (a todos les constaba que sólo había comido lo que ella había ordenado), claro que no se opondría a pagar la parte proporcional del consumo de Paty. Pero no se atrevió, eso no sería bien visto y seguramente ya no la invitarían la próxima quincena. Sacó su tarjeta de débito, en la que le habían depositado su raquítica quincena esa mañana y la puso junto con las golden y platino de sus seis compañeros del selecto "club gourmet".


INTERNET Y LITERATURA: UNA HERRAMIENTA EXTRAORDINARIA

Maru Mendoza, bloggera reconocida, se muestra positiva en torno a la relación de Internet y literatura; opinión que mantenemos con ella, como ya se ha visto en estudios anteriores. Pensamos que hay muy buenos blogs, por ejemplos, o páginas web que difunden la literatura y muchos escritores y escritoras que, como Maru Mendoza, aplican lo que creen y cada día ofrecen muestras de honestidad y rigor a la hora de enfrentarse a Internet. Veamos también qué nos cuenta ella misma, cuando se le pregunta si Internet puede fomentar la lectura: “Las redes sociales, entre las que sobresalen Facebook y Twitter tienen ocupados a millones de personas leyendo y escribiendo mensajes, que se ciñen a los códigos y extensión que estos medios imponen. Por correo electrónico circulan diariamente millones de cadenas de todo tipo, desde mensajitos tiernos hasta complicadas presentaciones que alimentan, en tiempos de elecciones, por ejemplo, el odio y la desconfianza sembrados por los expertos en la llamada guerra sucia, pasando por artículos o reflexiones que se adjudican a escritores, como el caso del texto supuestamente escrito por Eduardo Galeano titulado “Por qué todavía no me compré un DVD”. Este tipo de mensajes se reciben y reenvían, en ocasiones sin leerlos por completo y mucho menos pensar si realmente son obra de las personas a las que se les adjudican. Estos ejemplos podrían dar una pista de que internet se usa para todo pero no para leer, o por lo menos no para leer bien.

Estoy convencida de que es una herramienta extraordinaria que puede usarse para fines positivos, entre ellos, el fomento de la lectura.

Se han realizado varias investigaciones sobre hábitos de uso de internet pero en las que conozco no hay reportes sobre la lectura de obras literarias por este medio, ignoro si en los cuestionarios se incluye la pregunta o las respuestas son tan bajas que no pintan en los resultados.

En México, en donde el promedio de lectura es de 2.9 libros (supongo que impresos) al año; en donde los estudiantes de escuelas oficiales no reprueban el año escolar aunque no sepan leer ni escribir, se han creado programas de fomento a la lectura que desgraciadamente son insuficientes pues no tienen cobertura universal y a la población no se le ha sensibilizado sobre las múltiples ventajas que ofrece la lectura. Los que se operan con promotores voluntarios no cuentan con la capacitación adecuada ni el reconocimiento de las poblaciones con las que se trabaja. Creo que todo programa de fomento a la lectura requiere, además de inversión en materiales y capacitación, una evaluación y el aprovechamiento de los medios, entre los que internet podría ser de enorme ayuda.

Aunque hay personas de todas las edades haciendo uso muy creativo de las TIC y los libros electrónicos han despertado el interés de miles de personas, en México tal parece que muchos jóvenes ya no compran tan fácilmente la idea de que la educación, la preparación escolarizada o informal puede cambiar sus vidas. Es terrible, pero cuando se enfrentan problemas graves como la inseguridad, la deserción escolar, el desempleo, la explotación de trabajadores en diferentes sectores, cuando la pobreza extrema crece y los contrastes entre los pocos que tienen muchísimo y las mayorías que carecen de casi todo hay mucho por hacer. El discurso presidencial exhorta a la sociedad civil a apoyar la lucha contra el narcotráfico, en alguna ocasión escuché, durante un evento con niños que el presidente les decía que toda la sangre derramada en la guerra que se libra en el país es por ellos, para que la droga no llegue a ellos. Este tipo de discursos, al cuarto año de este gobierno no ha cambiado, como no ha cambiado, para mejorar, el sistema educativo. Es cierto que la sociedad tiene responsabilidades, si individualmente hacemos lo que tenemos que hacer y lo hacemos bien eso debe impactar a nivel global. Pero si el Estado no cumple, si la corrupción y la impunidad imperan, las estadísticas seguirán reflejando nuestras deficiencias, por decir lo menos.”


BLOGS: ESPACIOS DE LIBERTAD

La labor de Maru Mendoza, como ya hemos comentado, no se queda en sus aspectos de escritora y colaboradora, sino que va mucho más allá como vemos en los blogs que mantiene y en aquellos con los que colabora. Al fenómeno blog debemos dedicarle algún estudio en breve porque son muchos los escritores de talento y sensibilidad que nos muestran, en sus blogs, un escaparate dinámico de lo que son sus ideas y la percepción que tienen del mundo actual y de la cultura. Maru Mendoza habla así de su blog “La Aldea de las Letras”: “A ocho meses de haber iniciado la experiencia y gracias a uno de los circuitos en los que participa muy activa e inteligentemente María García Esperón me he relacionado con personas extraordinarias como tú –perdonará el lector o lectora la alusión directa, que agradezco enormemente-, Pedro Villar, Carlos Marianidis, Asunción Carracedo, Marcelo Suárez de Luna y Mercedes Calvo.

Con el tiempo he tenido la fortuna de conocer otros sitios, como “Apostillas literarias”, “Antojos”, “Siempre con historias”, “Transeúnte en pos del norte”; unos maravillosos de educación como Sapere aude!, “En ocasiones… leo libros”, “Lengüetazos literarios” y “Comunicación audiovisual”. Y más recientemente, “Contemporary Literary Horizon”, “Perlas de luna” y “Yo escribo – Ana”, estos últimos de compañeras de las antologías de cuento breve de la editorial Palabras y Plumas Editores.

De todas estas personas y sitios sólo conozco personalmente a María y a Pedro. Pero la comunicación que se ha suscitado, vía comentarios y correos electrónicos ha sido muy enriquecedora e incluso sorpresiva, como cuando Magda Díaz y Morales, de “Apostillas literarias” incluyó una extensa y generosa reseña de Peligro en la Aldea de las Letras en su blog, o Carlota Bloom, del blog “En ocasiones… leo libros” le concedió el premio Vale la pena a la Aldea y Albert Lázaro-Tinaut, de “Transeúnte en pos del norte” hizo lo propio con el premio Dardo y Blog de Oro.

Hace poco, por motivos de trabajo dejé de publicar entradas en los dos blogs y muy amablemente Sergio Astorga, del blog “Antojos” me escribió a mi correo para preguntar si todo estaba bien.

Esto que te platico es muy lindo porque atrás de cada blog hay personas sensibles, con las que puedes establecer una comunicación virtual, es cierto, pero que tiene mucho de real y sincera porque finalmente nadie está obligado a hacer un comentario o a visitar tu blog y dejarte un saludo, decirte algo lindo e incluso invitarte a participar en algún proyecto, como ocurrió con Daniel Dragomirescu, periodista y escritor rumano que me ha invitado a participar en la revista y el blog “Horizonte Literario Contemporáneo”. Ahora, gracias al circuito de este blog he descubierto a una sensual poeta mexicana, Marina Centeno y a una escritora de India, Nazia Mallick, entre otros escritores y blogueros muy interesantes.

El otro blog “En la sobremesa de María”, que inicié el 15 de marzo, pretende ser un espacio de discusión sobre los alimentos y la cultura alimentaria. Este blog lo he hecho más personal, en él he vertido ciertas experiencias personales relacionadas con los alimentos. He publicado algunas recetas y citas de libros, creo que la idea todavía no cuaja, tengo que trabajar mucho en él. No deseo ni tengo con qué competir con los blogs de cocina, porque hay unos extraordinarios, impecables y claros a la hora de presentar sus recetas, de los cuales podemos sacar ideas para no quebrarnos la cabeza a la hora de decidir el menú del día o para lucirnos cuando recibimos invitados o celebramos algo especial.

Los blogs son espacios de libertad, de acercamiento, de comunicación. Si a alguien, además del autor, le gustan es ganancia.

En ocasiones, sin embargo, después de leer las noticias quisiera cerrar el blog al no poder escribir lo que siento frente a tanta injusticia, pobreza y desesperanza. Pero no lo hago, como no debe dejar de haber vida cultural en los teatros, salas de conciertos, planteles educativos, cafés, restaurantes, plazas y parques públicos; como no debemos dejar de trabajar honestamente y educar a nuestras familias, como no debemos dejar de hacer lo que nos guste.”


EL LINDERO: UN PLANETA QUE OFRECE TODO

“El lindero” es una novela que nos habla de la memoria y de lo importante que es el lugar en el que uno vive, puesto que la casa, El Lindero propiamente dicho, tiene vida y sus habitaciones guardan y transpiran la felicidad que los antiguos dueños vivieron allí. Una nueva familia, la familia de Sara, la joven narradora, ha conseguido hacerse con la finca y la casa; pero lo que parecía simplemente un nuevo lugar para vivir, mucho más amplio y hermoso que el anterior, se convierte en algo más porque los nuevos inquilinos reciben en herencia todos los recuerdos de El Lindero y todo su pasado. No obstante, no es una novela ni de terror ni de fantasmas ni de misterio, es una novela de sentimientos, de remembranzas, de amor a la tierra y a la vida.

María Eugenia Mendoza tributa un homenaje a Carl Sagan y su “Cosmos” en “El Lindero”, pero va mucho más allá porque la novela combina distintos registros y facetas que no hay que pasar por alto. Para empezar, los nuevos inquilinos, una familia formada por el padre, la madre y tres hijos, Mariana, Omar y Sara, llegan a El Lindero y se admiran de encontrar muchos objetos personales en la casa, como si los antiguos dueños hubieran salido huyendo. Un vestido de novia y una cápsula del tiempo son los elementos que enganchan al lector y a la nueva familia propietaria. Gracias a la cápsula conocemos a la dueña anterior, Montserrat, una bióloga enamorada de su casa y a sus hijos, Gregorio, Roberta y Carla y, aunque menos, al marido, Mauricio.

Un elemento importante de la casa es su huerto, un huerto que es algo así como un símbolo, como el nexo entre lo que fue y lo que es, ya que sigue dando frutos y sigue siendo cultivado por el matrimonio que ya lo hiciera para los anteriores dueños, Abundio y Filo, que son unos personajes entrañables y que nos unen con la raíces, con lo más tradicional e importante de la vida, la herencia cultural y ancestral que no debemos desdeñar en aras de una modernidad, a veces, mal entendida.

Los tres jóvenes, gracias a la palabra de Abundio y los elementos de la cápsula del tiempo, aprenden a amar y a entender qué su nueva casa es un verdadero hogar. Es más, gracias a ella, se sienten mucho más unidos que antes.

“El Lindero” es una novela escrita de forma fresca, con palabras y expresiones propias del español de México, como ya se ha dicho en su momento. El uso de la primera persona –en boca de Sara, pero también de los anteriores propietarios- hace más directa la acción, aunque el diálogo es importantísimo para entender a los personajes y descubrir, poco a poco, el pasado de la casa. Una casa que huele a durazno, que siente, que vive al son que le marcan sus moradores.

Hay algunos aspectos que no queremos soslayar de la novela porque nos parecen interesantes, como, por ejemplo, el deseo de la narradora, y pensamos que de la propia autora, de superar los hechos de la Conquista española porque, como leemos, “…ya pasaron más de 500 años. Hay que estar orgullosos de que tenemos raíces tan bien plantadas, con las que debemos crecer y ser mejores”. Este deseo habla de futuro, de unión, de colaboración y de tolerancia. No queremos olvidar otro tema que aparece en la novela, como es la cocina. Filo es una gran cocinera, pero mucho más que eso, porque pone su alma y su sentimiento al servicio de lo que cocina y es que, como también leemos, “la cocina es el lugar más sensual de cualquier casa…”. Y, por supuesto, el tema del huerto, de cómo los terrenos de El Lindero se fueron llenando de frutales, de plantas, de vida… a la vez que la casa se convertía en un refugio para toda la familia, exceptuando para el padre, Mauricio quien, de alguna manera, es el desencadenante de la historia ya que, por su causa, Montserrat y sus hijos tuvieron que abandonar, de forma precipitada ese hogar por el que tanto suspiraban y en el cual dejaron grabada la impronta de sus ilusiones, deseos y esperanzas.

En definitiva, “El Lindero” es una novela llena de misterios, de secretos, de voces, de susurros y de sugerencias y, sobre todo, nos arropa en la seguridad que da un hogar y en cómo las personas pueden acabar apegadas a su casa y convertirla en una proyección de ellas mismas.

De “El Lindero” también nos habla su autora, en palabras que nos acercan de manera mucho más directa al proceso de la gestación de una obra, lo cual es interesantísimo, porque pocas veces contamos con las declaraciones “de la trastienda” de una obra, por decirlo así: “Entre bromas, pero también sondeando su percepción, esa noche -la noche de 2002 en que leyó el anuncio de un concurso literario, del que ya hemos hablado- les comenté a mis hijos y mi esposo que a partir de ese momento ya tenía trabajo: escribiría algo para participar en el octavo concurso literario convocado por Ediciones SM y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, escribiría algo para el premio Gran Angular. Ese algo terminó siendo El Lindero.

No tenía una idea clara de la historia, pero sí el deseo de expresar mi admiración por Carl Sagan, quien manejaba espléndidamente los lenguajes científico, literario, poético y mediático para presentar a los seres humanos, a la Tierra, al universo de una manera en la que al mismo tiempo, como espectadora de la serie Cosmos o lectora de este libro y otras obras, podía sentirme grandiosa, privilegiada por ser parte de este planeta o una partícula efímera y minúscula frente a las grandes obras de la humanidad. Particularmente me fascina el libro Murmullos de la Tierra. Un mensaje cósmico…, porque en él Sagan expone las razones, obstáculos y conformación del mensaje que se incluyó en las naves Voyager, hace treinta y tres años. Para mí la creación del disco que contiene el mensaje es uno de los proyectos de comunicación más ambiciosos y hermosos que se han llevado a cabo hasta nuestros días, pues en él se rescata lo mejor del planeta: la Tierra como un sitio único en donde la diversidad biológica y cultural han dado origen a culturas maravillosas. En el mensaje se incluyen imágenes, música, la grabación de saludos en cincuenta y cinco lenguas. La ciencia, la técnica, la tecnología y sus lenguajes forman parte fundamental para el diseño y producción del disco y para codificar las instrucciones para que una sociedad extraterrestre en un futuro muy lejano pueda verlo y escucharlo. Aunque también hubo lugar para el protagonismo y el oportunismo políticos, no lo hubo para imágenes y sonidos vergonzosos, de guerras y de todas las barbaridades que se han cometido y se siguen cometiendo en contra de la vida (de todas las formas de vida) y del planeta. Y eso no era una actitud hipócrita, se trataba de un mensaje que se estaba enviando, sí, a hipotéticos receptores, pero fundamentalmente, el mensaje era para los habitantes reales de este planeta, era un mensaje de paz en el que Carl Sagan y sus colaboradores nos recordaban lo maravillosos que podemos ser al vivir en paz en un planeta que ofrece todo. “


PELIGRO EN LA ALDEA DE LAS LETRAS: UN MARAVILLOSO CARTEL

La historia de “Peligro en la Aldea de las letras”, de su gestación y publicación, es un caso interesante en la literatura; por eso, dejamos que de nuevo sea Maru Mendoza quien nos expliqué el origen de esta aventura literaria: “Pero déjame que te cuente sobre Peligro en la Aldea de las Letras. Escribí esta historia inspirada por un correo electrónico que me reenvió Lorenza Estandía, para el concurso de Ediciones SM de España. No pasó nada. Dejé reposar el manuscrito, le hice modificaciones y más adelante lo envié al Premio de SM en México. Nada. Entregué el manuscrito, con nuevas correcciones y actualizaciones a algunas amigas editoras pero desgraciadamente para mí, ellas tenían tantos textos que evaluar que el mío se fue quedando en el montón.

Un día, mientras Paola, una amiga de Hipatia esperaba a que mi hija regresara de la universidad, se me ocurrió darle a leer el original que estaba imprimiendo para hacer el último intento en otra editorial. Ella, muy amable comenzó a leer conforme salían las hojas de la impresora, primero sentada en el suelo de mi pequeño estudio y luego ya más cómodamente sentada en la sala. Cuando llegó Hipatia Paola ni caso le hizo, quería terminar de leer el texto. Finalmente me dijo, con una enorme y hermosa sonrisa que le había gustado mucho, que seguramente encontraría una editorial interesada. En ese trance, recibí un correo de María García Esperón, a quien había conocido durante una de las presentaciones que hizo de Querida Alejandría y no sé por qué salió el tema del manuscrito que acababa de leer Paola. María, muy respetuosa, me dijo que si podría leer el manuscrito (a mí me hubiera dado mucha pena pedirle que lo hiciera, sabiendo que estaba tan ocupada), por lo que sin dudarlo un segundo le envié el archivo. En unas horas María me dio su dictamen y palabras más o menos me dijo que no esperara a que lo publicara ninguna editorial, “publícalo por tu cuenta, porque este libro tiene que entrar a Biblioteca de Aula o Escolar”. Palabras de profeta, ángel y amiga. A los pocos días ya estaba concretando el proyecto con mi primo Manuel Arrubarrena Luna, quien es diseñador gráfico y en dos meses estábamos presentando el libro en la Casa de las Humanidades de la UNAM. A falta de editorial tuve la dicha de armar un maravilloso cartel. Los presentadores fueron, además de María García Esperón, Cristina Barros, José Luis Curiel y Juan Tonda, investigadores de diferentes áreas, personas muy importantes en el ámbito cultural, a quienes conocí en mis años dorados de radio. Por cierto, el físico Juan Tonda expresó durante la presentación que Peligro en la Aldea de las Letras debería formar parte de Bibliotecas de Aula.

Dos amigos, con voces de profetas me dieron la confianza para participar en el proceso de selección que año con año realiza la Secretaría de Educación Pública. En 2008 no pasó nada, pero por fortuna al año siguiente volvimos a intentarlo (los trámites se hicieron en las oficinas de Ediciones ADN, de la que Juan Tonda es director) y salió seleccionado.

Que este libro se haya convertido en un Libro del Rincón es un ejemplo de transparencia en un proceso en el que participan cientos de editoriales nacionales e internacionales con miles de títulos. El año pasado se seleccionaron ciento veinte títulos, entre 7283 títulos presentados por 134 casas editoriales. De manera que para mí esta selección equivale a un gran premio literario, que representó un importante estímulo económico y la posibilidad de que los cerca de veintidós mil ejemplares distribuidos en varios estados de la República Mexicana lleguen a miles de lectores, entre maestros, bibliotecarios, alumnos y padres de familia.

El personaje principal de “Peligro en la Aldea de las Letras” es Hilaria, una jovencita vivaz, lista y muy observadora. Le gustan mucho las tareas escolares y disfruta aprendiendo, por eso participa en un concurso muy especial que le brindará la posibilidad, no solo de ganar un estupendo viaje, sino la de conocerse mejor a sí misma y a su propia familia, porque Peligro en la Aldea de las Letras viene a ser un viaje iniciático muy especial, ya que son las propias letras quienes, en sus especiales papeles de generadoras de la escritura y las palabras, se convierten en guías de excepción de Hilaria quien, ni por un momento, duda de que la Aldea de las Letras, a la que viaja de una manera casual, sea real; es más, vuelve a ella en un momento puntual para defenderla de ataques externos que hacen que el idioma se tambalee.

En esta ocasión, María Eugenia Mendoza Arrubarrena defiende el idioma, defiende la importancia de las lenguas maternas en el mundo, en este mundo global en que parece que solo dominen unas cuantas lenguas y las otras queden postergadas porque cualquier lengua, si sirve para comunicarnos y para entendernos, es importante. La escritora mexicana se centra en la Aldea de las Letras del español, pero puede aplicarse a cualquier idioma, sin ninguna duda.

Interesa mucho el personaje de Hilaria, la niña protagonista, quien, con la ilusión intacta y las preguntas a flor de piel, pronuncia una encendida defensa de la letra hache que conmueve a todas las letras de la Aldea. Debido a un correo electrónico que recomienda la simplificación ortográfica, Hilaria encuentra el tema de su redacción y de su discurso, ya que la letra hache es muy importante para ella: ni más ni menos, es la letra de su inicial, pero estos son motivos egoístas que ella sabe superar y acaba entendiendo que, en el mundo de las letras, como en el de las familias, todos son importantes.

Peligro en la Aldea de las Letras es un texto que combina distintos registros, por un lado, el viaje alegórico al mundo de las letras; pero sin olvidar el entorno de Hilaria (las relaciones con sus padres, con su hermana pequeña, Ana, con su abuela ya fallecida, quien le puso el nombre, con sus amigos, en las escuela), no los aspectos cotidianos del día a día. María Eugenia Mendoza tiene la capacidad de unir, en un mismo relato, distintos registros, hace una defensa de la lectura, de la escritura, critica la pobreza de espíritu de aquellos que quieren reducirnos a seres sin opinión ni capacidad de decisión y, sobre todo, apela a la concordia, al entendimiento.

Un idioma es un ser vivo, que se transforma, y así lo entiende la autora, pero que no admite censuras ni barreras, que es capaz de adaptarse a todas las realidades, pero sin cortapisas.
En definitiva, la novela gustará a los lectores de diez años en adelante, pero también a los adultos puesto que contiene muchos elementos de reflexión. No hay que olvidar también la fina ironía con que María Eugenia Mendoza maneja algunas situaciones y cómo, de manera elegante, resuelve los conflictos, que se plantean en el relato.

El texto contiene el español jugoso de México, al que tanto estamos aludiendo en estas líneas, buena manera de hacernos entender que, en el caso del español, la madre puede que sea una, pero los acentos y algunas palabras y construcciones son diversas, lo cual enriquece aún más el idioma. Sea como sea, “ninguna letra estorba, ninguna es ociosa, en cambio la pereza mental, la simplificación de las ideas o su anulación, eso sí que daña a la comunicación y a la convivencia humana”.


OTROS INTERESES: ME INTERESA TODO EL PROCESO EDITORIAL

Decíamos al principio de esta semblanza que María Eugenia Mendoza es un ejemplo de renacentista actual, enfrascada siempre en mil proyectos, con mil puertas abiertas y siempre maquinando nuevas experiencias relacionadas con el mundo de la cultura. Cuando le preguntamos que nos hable de otros intereses suyos, así nos cuenta: “He coordinado revistas de comunicación interna, durante un tiempo escribí artículos para la sección de gastronomía del periódico Reforma y para algunas revistas educativas.

Fui coordinadora editorial en el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos. La educación para adultos debería jugar un papel fundamental en nuestro país para de veras combatir y acabar con el rezago educativo. Ojalá un día se convierta en una institución encargada en actualizar conocimientos, en preparar a la gente en niveles superiores y no, como lo hace ahora, siga ofreciendo programas de alfabetización, de educación primaria y secundaria.

Como coautora de libros de texto de Formación Cívica y Ética para secundaria viví una de las experiencias editoriales más interesantes e intensas. La maestra Gabriela Conde Flores, a quien conocí cuando trabajé por muy breve lapso en la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) en 2006 me invitó a colaborar con ella en este proyecto. Escribir los contenidos de un libro de texto es muy diferente a escribir una obra literaria y personal. Los libros de texto deben apegarse al programa que establece la Secretaría de Educación Pública (SEP), los autores tienen libertad para desarrollar los contenidos y proponer actividades, entre otras cosas, pero la SEP dictamina si los libros cumplen con los estándares de calidad y los objetivos de los planes y programas. Los libros Formación Cívica y Ética 1 y 2 están publicados por Macmillan y, por fortuna, parece que han sido bien aceptados por los maestros que los han elegido.

Me interesa todo el proceso editorial, desde la corrección de estilo hasta ver salir de la imprenta el material impreso (folletos, revistas, libros). Actualmente, gracias a las posibilidades que ofrece la blogosfera estoy participando en la revista Horizonte Literario Contemporáneo, editada por Daniel Dragomirescu, un profesional de la comunicación y las letras muy activo y comprometido con un gran proyecto multicultural. He tenido la oportunidad de que publiquen, por primera vez traducida al inglés y al rumano, una obra mía, el cuento breve “Se ponchan llantas gratis”. Es una experiencia muy interesante, además estoy colaborando con la corrección de estilo de los textos que publican en español.“

COMPROMISO SOCIAL: ME MOLESTA LA SIMULACIÓN Y LA MENTIRA

A María Eugenia Mendoza le duelen las situaciones de injusticia, siente, en su propia alma el dolor que algunas actuaciones poco transparentes, causan en las personas. Defiende la libertad y la honestidad a la hora de trabajar y admite, sin tapujos que: “Me molesta la simulación y la mentira, que el discurso político viole constantemente lo sagrado de la palabra, que se hable de democracia, por ejemplo, cuando se vive en situación de autoritarismo, corrupción y constante violación a los derechos humanos. Los niños, los jóvenes, los trabajadores, los indígenas, las mujeres, los adultos mayores, forman parte del discurso cuando conviene, pero cuando son víctimas de discriminación, de atropellos y otros crímenes, incluso de asesinato, se diluyen en el anonimato, se esfuman, como si nunca hubiesen existido.”

Además es una enamorada de México, y como hiciera Larra en su momento, aludiendo a España, a Maru Eugenia le duele su país y le duelen la falta de oportunidades que muchos de sus compatriotas tienen a causa de muchos problemas que podemos entrever en estas palabras de la escritora, movidas por el cariño y respeto que siente por su patria: “De acuerdo con estudios sobre hábitos de lectura, en México se lee poco: 2.9 libros al año, en promedio; el grupo que más lee está comprendido por jóvenes entre 18 y 22 años; mientras que 47 por ciento de la población jamás ha leído un libro.

En México treinta millones de personas tienen acceso a internet, de una población estimada en poco más de ciento once millones de habitantes, de los cuales, alrededor de cuarenta viven en pobreza extrema.”


FINAL: TANTO POR DECIR

Mucho podemos aprender de una mujer que, cuando hizo radio, siempre tenía delante dos tarjetas con las siguientes citas, extraídas de la “Teoría de la Radio”, de Bertolt Brecht:
De repente se tuvo la posibilidad de decirlo todo a todos, pero bien mirado, no se tenía nada que decir.

Un hombre que tiene algo que decir y no encuentra oyentes está en una mala situación. Pero todavía están peor los oyentes que no encuentran quien tenga algo que decirles.

La obra de esta mexicana comprometida es aún breve en volumen, pero intensa en contenido. Invitamos a los lectores a que estén atentos a sus próximas publicaciones y nos gustaría que no hubiera barreras editoriales y que sus libros pudieran leerse en España, y en el resto de países de habla hispana, con normalidad. Son muchos los escritores, del otro lado del océano, con una obra importante y prácticamente desconocida por los lectores y la crítica españolas. De alguna manera, en una época en que la globalización parece que lo sea todo, también debería aplicarse, más que nunca, con urgencia, a la literatura.

Agradecemos, por último, a María Eugenia Mendoza su amistad y la generosidad con que ha dado respuesta a nuestras preguntas.


BIBLIOGRAFÍA

-MENDOZA, María Eugenia: “El Lindero”, SM, México, 2003, Gran Angular, 16.
-MENDOZA, María Eugenia: “Peligro en la Aldea de las Letras”, Publidisa Mexicana, México, 2008.
-MENDONZA, María Eugenia: “En el umbral”, publicado en “Entre gozos y rebozos. Nostalgias del campo”, México, Palabras y Plumas Editores, 2010

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