• Miguel Ángel Fernández

    HISTORIA VIVA

    Las colonias industriales

    por Miguel Ángel Fernández



Surgen en Cataluña a lo largo del siglo XIX en torno a la industria textil, dando identidad al proceso de industrialización catalán. Estas colonias han atraído la atención de los estudiosos y nos muestran su evolución, desde sus inicios, su desarrollo y su decadencia.

De las casi cien colonias existentes en Cataluña no nos encontramos ninguna igual. Son pueblos que han evolucionado a lo largo de más de cien años. Son un fenómeno singular de las comarcas del Bagès, Berguedà, Osona, Ripollès y Baix Llobregat.

Son pequeños pueblos equipados con los servicios básicos para mantener a una población dedicada de lleno a la fábrica. Nacen en zonas rurales próximas al río a mediados del siglo XIX y su concentración geográfica da fisonomía a los valles fluviales de los ríos Ter y Llobregat.


Origen

La discusión sobre su aparición parte de dos modelos: el aprovechamiento del agua y las ventajas derivadas de la paz social. Se trata de un hecho complejo donde entran en juego otros aspectos como las exenciones fiscales, los incentivos a favor de la ocupación de los territorios despoblados, los costos reducidos del terreno o la tradición artesanal textil.

La ley de Colonias Agrícolas de 21 de noviembre de 1855 fue el catalizador de las industrias textiles para emprender la creación de colonias industriales. La colonización de cuencas fluviales se explica por el desplazamiento de los fabricantes del litoral hacia el interior. El fabricante del interior proveniente del artesanado local, reorganiza su negocio y construye una fábrica que con el tiempo se convierte en colonia.

Un primer período va de 1858 a 1880 y las colonias están formadas por las fábricas y los edificios más indispensables. En el segundo período surgido a partir de 1880 las colonias se configuran como verdaderos pueblos industriales con equipamientos y servicios como café, casino, escuela, tiendas, iglesia, torre del jefe, viviendas obreras.

A mediados del siglo XIX se inicia la segunda fase de la introducción de la máquina de vapor que era la fuente de energía más utilizada en las fábricas de los núcleos urbanos. Estas colonias se crean por la falta de carbón, para aprovechar el agua como fuente energética. Los industriales aprovechan al máximo las aguas de los ríos Ter y Llobregat, no muy caudalosos.

En épocas de sequía aumenta el consumo de carbón a pesar de pagarse caro por la falta de ferrocarril. El ferrocarril Manresa-Berga llega a Olvan en 1887, llegando años más tarde hasta Sant Joan de les Abedesses. La construcción de ferrocarriles representa la potenciación de la máquina de vapor y abarata el transporte de materias primas como algodón y textil.

El origen de las colonias como modelo de asentamiento industrial lo encontramos en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, teniendo también lugar en Suecia y Finlandia. Las fábricas-ciudad se equipan con dotaciones sociales de toda clase: religiosas, docentes, deportivas.

En Cataluña las colonias industriales también son más que un fenómeno económico. En estos nuevos núcleos de población se desarrolla una intensa vida social, cultural y religiosa impulsada por sus propietarios.

En los primeros años había cocina comunitaria, tiendas y economatos. Del pequeño botiquín de los primeros años se pasa a un dispensario y las colonias más grandes tenían médico. Les escuelas se fundan desde la puesta en funcionamiento de las fábricas. En las grandes colonias se hacían clases nocturnas para hombres.


Actividades de tiempo libre

Las actividades culturales tienen dos puntos claros: el canto y el teatro que en las grandes colonias se completa con la construcción de una biblioteca. El tiempo libre masculino pasaba por el café y el casino y el femenino por las discusiones en las calles y plazas las noches de verano.

La vida religiosa era rellena de actos litúrgicos y sacramentales. Muchas de estas iglesias son centenarias y logran la categoría de parroquias. Las fiestas mayores daban a las colonias la cohesión de un pueblo. También había actos oficiales.

El debate continúa abierto: eran las colonias un fenómeno de explotación del trabajador y donde se daban prácticas de tipo feudal o representaban un avance importante en la concentración de la fuerza del capital y del trabajo en la búsqueda del paraíso social. Lo que si está claro es que la Cataluña de hoy no hubiese sido posible sin el proceso de industrialización, que no se puede explicar sin las colonias fabriles.


Un modelo urbanístico singular

La construcción de las colonias industriales participa de dinámicas comunes: el fenómeno fabril y la concentración urbana. Los protagonistas y su bagaje cultural son bien diferentes. Las opciones de la colonia van ligadas a la diferente naturaleza de los constructores. Analizaremos dos ejemplos: la colonia modélica (los Güell) y la colonia anónima (los Viladomau).

Eusebio Güell inicia las obras de su colonia en 1880 y se proyecta en el despacho de Antonio Gaudí. Tenemos como protagonistas el industrial con experiencia, fortuna consolidada, ilustración y filantropía y el mejor arquitecto capaz de formalizar su razonable utopía.

La aportación de los Güell consiste en la toma de conciencia del diseño urbano como instrumento de control social. La amenaza de la violencia obrera se resuelve en un proyecto urbano concreto: baja densidad, calidad ambiental, servicios urbanos y alejamiento de la fábrica.

Hay que integrar al trabajador en los beneficios del sistema, aumentar su nivel de vida, establecer formas de promoción social y educarlos en la moral del rendimiento y el orden. A diferencia de las colonias de río la colonia Güell parte de unos objetivos claros y una imagen previa del resultado final.

La fábrica de la colonia Güell comienza a funcionar en 1891 y se inicia la construcción de las viviendas.

Tomás Viladomau Bertran encarna el industrial de raíz montañera entroncado en el gremio y las formas precapitalistas del textil rural. Aprende el oficio de su padre, engrandece el negocio heredado y se suma al proceso de perfeccionamiento de la actividad. Cuando con 59 años decide afrontar el reto de la colonia, es un hombre experimentado que conoce todas las variantes de su oficio.

La actividad de Tomás Viladomau se localiza entre el Bages y el Berguedà. El fabricante de interior edifica una fábrica de río que con el tiempo se constituye en colonia. No hay proyecto previo ni arquitectos, pero si maestros de obras con capacidad técnica suficiente para resolver la construcción de grandes contenedores.

Entre estos dos modelos extremos encaja todo el conjunto de colonias de Cataluña, Las fábricas de pisos, el modelo más generalizado, son edificios de dos o tres pisos con buhardillas. La repetición de ventanas nada más se rompe con la torreta del montacargas y la verticalidad de la chimenea.

No es hasta finales del siglo XIX en que los arquitectos comienzan a dirigir obras en las colonias. Las viviendas se construyen siguiendo dos modelos genéricos: las casas unifamiliares y las viviendas plurifamiliares.

En la cuenca del Ter destaca la colonia de Borgonyà que se comenzó a construir en 1890. Las colonias catalanes son de dimensiones moderadas. La colonia Sedó destaca por ser una de las más grandes de Cataluña y el elemento más característico es la conducción que va desde la esclusa del Cairat hasta la colonia.

Destacan el gran número de edificios industriales y las dimensiones de la colonia obrera: 1800 trabajadores, 3000 habitantes y la turbina más potente de su tiempo. La colonia contaba con servicio de bomberos, brigada de albañiles, enfermería, fábrica de carburo de calcio, laboratorio y talleres propios de electricidad, cerrajería, pintura y carpintería.


Un largo pasado con un buen futuro por delante.

Poco a poco se reconoce la importancia colectiva de los cursos de agua como reservas ambientales. La calidad del entorno natural asociado al agua y la riqueza del patrimonio industrial y cultural hacen de los ríos rincones preciados por su papel reequilibrador. Actualmente se plantea la conservación de algunos ámbitos fluviales de singular identidad y buena accesibilidad.

Su recuperación como espacios colectivos asume un enfoque territorial más amplio, hecho que lleva a prácticas de gestión y planeamiento supramunicipales. El tramo medio del río Ter dispone de uno de los conjuntos patrimoniales más singulares sobre la industrialización catalana.

El centro de esta revitalización patrimonial es el museo industrial del Ter, situado en una antigua fábrica algodonera, alimentada por el canal de Massieu desde 1842, que acoge una representación museográfica del proceso algodonero y metalúrgico vivido por Osona Norte desde los años centrales del siglo XIX.

Encontramos el Centro de Estudios de los Ríos Mediterráneos donde se elaboran proyectos de intervención sobre el ámbito fluvial y jornadas y estudios sobre este patrimonio natural. Alrededor del río Ter encontramos algunas de las colonias industriales más importantes de Cataluña.

El parque fluvial de las colonias del Llobregat plantea también la revalorización de un segmento fluvial de especial interés, La pieza de patrimonio central que da identidad al parque es la secuencia de colonias textiles más intensa de los ríos catalanes.

Este conjunto único dispone de una buena conexión con Barcelona y su ámbito metropolitano. Se encuentra bien situado en relación a un importante mercado de consumo turístico.

Estas experiencias y otras que surgirán, contribuyen a la recuperación, preservación y utilización del singular patrimonio industrial en el marco de un paisaje característico que da identidad propia al proceso de industrialización que vivió Cataluña.

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