• RESEÑA de LIBROS

    Las mejores Poesías
    de José Ángel Buesa

    EDITORIAL BRUGUERA
    BARCELONA, 1ª Edición 1955
     
    por Juan Mena

IMPRESIONES ACERCA DE LA POESÍA DE JOSÉ ÁNGEL BUESA (I)

BuesaImpresiones, que no un estudio profundo; impresiones porque éstas nacen de unas evocaciones que lindan con la memoria anecdótica dentro de un fluir sentimental.

Conocí la poesía del poeta cubano en una revista juvenil llamada Sissi, editada ya bien entrados los años cincuenta. Revista a manera de magazín, como diríamos hoy, en la que las novedades del cine, la canción, incluso la moda, así como un buzón de amistad por correspondencia servían de entretenimiento a aquellos jóvenes de ambos sexos que se contorsionaban en el guateque a las órdenes de un pick-up en un patio o en la casa amplia de un amigo, con degustación de una bebida refrescante y bajo la disimulada vigilancia de los mayores.

En aquella columna de la página, exornado con dibujo alusivo, casi siempre de muchachita enamorada, aparecía el breve poema para deleite de lectoras y lectores, debajo de una canción en boga.

Realmente allí fue donde conocí la poesía entre los quince y dieciséis años, antes de saber qué eran la Literatura y las técnicas literarias.

Poetas clásicos. románticos y modernistas, y algunos del siglo XX ya consagrados, fueron mi entusiasta descubrimiento, hasta que se convirtieron en una nube de obsesión vagando por el cielo atolondrado de mis pensamientos juveniles.

Pero vayamos a José Ángel Buesa. Miraba yo entonces con la admiración subida y sin un solo resquicio de sentido crítico.

Sin embargo, aun cuando los años y el conocimiento de los entresijos del verso me condicionaron la valoración de la lectura, hallé en la poesía del poeta cubano un remanso intemporal.

Porque la escritura del poeta nacido en Cruces (Las Villas, Cuba) en 1910 y fallecido en 1982, no se me hizo anacrónica como la de otros poetas modernistas hispanoamericanos. Buesa escribe una poesía de la emoción inmediata. Su lenguaje, sin perder la elegancia, está al alcance de lectores de mediana cultura. Muchos poemas suyos emitidos en la Radio de La Habana antes de la revolución castrista, llegaban al corazón de todos los que se aprestaban para escucharlo en sus programas radiofónicos. Su tema es el amor, el olvido, el recuerdo, la muerte y el para qué de la vida, pero sin estridencia ni aguafuertes sentenciosos. Fineza en el estilo con un dominio sorprendente de la palabra. Contemporáneo de otros poetas destacados de su tierra, en nada se parece, por ejemplo, a Lezama Lima. Sensibilidad que hoy parece fuera de circulación poética, pero ello no impide que sea aceptada tras una lectura sin prejuicios. Si retomamos la definición de poesía como “expresión literaria de la belleza”, tenemos que aplaudir honestamente a ese poeta de habla española que dejó en nuestra lengua poemas en los que el sentimiento espontáneo y la palabra se entrelazan en un tapiz que puede ser colgado en el más exigente de los muros de cualquier antología;: repito, si se olvida el antólogo del qué dirá cierto sector de la crítica.

La lírica de Buesa no abandona una especie de neo-romanticismo depurado de fraseología redicha, aunque tampoco sin anhelos de renovación estilística. A pesar de esto, si leemos cronológicamente su obra, observamos que, pasados los años de su poesía escrita en Cuba, hay una atenuación de sus descripciones y un ahondamiento de su psicología amorosa, siempre en torno de la mujer enamorada o al desarraigo -obligado- de la patria y la soledad.

A comienzos de los setenta, encontré Tiempo en sombra, con una mayoría de sonetos en los que la evocación amorosa con sus arabescos de experiencia real o imaginaria alrededor de lo que significa el amor en la sensibilidad femenina en etapas de juventud, ha pasado aquí a segmentos reflexivos oscuros y en algunos casos con ribetes ligeramente melancólicos en una madurez errante. Veamos un poema de su primera época.


VARIANTE DE UNA CANCIÓN ANTIGUA

En el tronco de un árbol voy a grabar tu nombre
pero con mi capricho, vulgarmente galante,
dejaré satisfecha mi vanidad de hombre,
acaso más profunda que mi orgullo de amante.

En esas letras toscas que grabará mi mano,
tu nombre sin ternura crecerá hacia el olvido,
pues, fatalmente, un surco que ha florecido en vano
es cien veces más triste que el que no ha florecido.

Y pasarán las nubes sobre el árbol que ignora
que hay amores fugaces como sus primaveras…
Y un día, al ver el nombre que estoy grabando ahora,
me encogeré de hombros, sin recordar quién eras...








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