• Juan R. Mena

    Contraluz

    Es puro juego

    por Juan R. Mena


-¿Mas el arte?...
-Es puro juego,
que es igual a pura vida,
que es igual a puro fuego.
Veréis el ascua encendida,
A. Machado: Proverbios y Cantares



En una época como la nuestra de crisis, la literatura no puede llevar las pretensiones de “iluminar” o “guiar” a la sociedad. Escribir es jugar enmascarando realidades desagradables. De ahí que la metáfora y otras figuras maquilladoras del sentido real se hagan imprescindibles para entretenerse tanto el que escribe y como el que lee; y es bueno recordar que se escribe para quienes escriben también y buscan un asueto lúdico en la expresión literaria elevada al cubo de lo llamativo, incluso de los sorprendente. “Lo demás es literatura”, dijo Verlaine, como si no tuviese aprecio por la escritura convencional.

Hablo de la poesía, no de la narrativa, del teatro y del ensayo, que son necesariamente temáticos tomando del lenguaje la necesaria cobertura lingüística para sus destinatarios.

Si el poeta experimentado desea escribir (no condicionado por los concursos, sino por pura iniciativa), no cederá al primer ofrecimiento que le haga su memoria desde los mecanismos de proceso literario ya redichos. Buscará en los entresijos de la musa un objetivo que le compense emocionalmente su dedicación, un tanto nómada por el predio de las ideas y las palabras.

Para ciertos poetas escribir se ha convertido en una tarea ingrata. Un rebelde Mallarmé se asoma a las entendederas aviesas de todo poeta que ha evolucionado su lenguaje literario y no se contenta con poner adjetivos desgastados a los nombres ni emplea los verbos con complementos previstos, así como imágenes ya estereotipadas, aunque las justifique la todopoderosa comunicación.

Pensamos que es una cuestión de escrúpulos de escribidor.

Lo que sí nos extraña es la afirmación del poeta sevillano; precisamente él, que definió a los modernistas (por supuesto que no a todos) como cantores del “gay trinar”. No fue Machado un poeta que intentara renovar su aparato verbal. Escribió como un heredero —digno heredero— de la poesía post-romántica por el afluente de su paisano Gustavo Adolfo y el de Rosalía de Castro; así como los de los poetas franceses simbolistas, de los que hizo, junto con su hermano Manuel, traducciones al español.

Contemporáneo que fue de otro paisano, Rafael Cansinos-Asséns, alma del ultraísmo, Machado no quiso saber nada de los vanguardistas. Nace un año antes que Marinetti y cinco que Apollinaire. Pero la musa machadiana, tal vez por vecindad con los noventayochistas, mira exclusivamente el significado y no los recursos lúdicos del significante; es temático y tiene metas muy claras sobre lo que escribe y, a pesar de su “palabra en el tiempo”, no se hace eco de ninguna tendencia del movimiento general de la fogosa y beligerante innovación literaria que empieza su apogeo cuando él publica Campos de Castilla; esa innovación que va desde el expresionismo, el futurismo, el cubismo literario, el dadaísmo, el creacionismo, el ya mencionado ultraísmo, hasta el surrealismo.

¿Los conoció? No importa ahora la respuesta. Lo que sí tenemos en cuenta es el verso de la cita de arriba. Ella nos da pie para seguir lo que decíamos: el arte es juego ahora mismo. ¿Resucita la vanguardia? Tampoco importa la respuesta. Se nos viene a la memoria aquellos versos de Mallarmé:

“La chair est triste, hélas ! et j'ai lu tous les livres”.

La carne, la mente está cansada de los mismos temas y, además, estamos como en una especie de nuevo helenismo de acumulación libresca. Por tanto, queda la escritura como entretenimiento desenfadado, como un mirador de palabras para avistar mundos interiores nuevos que se combinan con el real, seleccionado por nuevas experiencias.

Aunque Machado no siguiera su proverbio, sí nos lo dio como un visionario de lo que vendría tras él.

Dijo Ortega: "La poesía es hoy el álgebra superior de las metáforas”. En esto estaba de acuerdo con Cansinos, pero también, de manera un poco carambolesca, con Machado, por lo del puro juego, por lo de la “pura vida”, que exige en el poeta un nuevo uso del lenguaje para una nueva visión de la existencia…

¿No fue también la teoría de Leo Spitzer la propugnadora de que una forma nueva mental condiciona una nueva forma de expresión?

Veamos dos muestras de juego literario en dos actitudes distintas en la literatura. El primero tiene marchamo tradicional, casi de poesía gnómica salida de la boca del pueblo. La redondilla en rima aguda es efectista por la exactitud de sus simetrías, agradable de leer como otras tantas del asturiano Ramón de Campoamor (1817-1901), máximo representante de la poesía realista del siglo XIX. Corresponde a sus Cantares.

Ni te tengo que pagar,
ni me quedas a deber;
si yo te enseñé a querer
tú me enseñaste a olvidar.

Más cerca de mí te siento
cuando más huyo de ti,
pues tu imagen es en mí,
sombra de mi pensamiento.

El segundo ejemplo, sin que llegue al alarde formal con piruetas métricas, lo tenemos en este fragmento de la Oda entre vino y sangre a Pablo Neruda de Miguel Hernández. El talento recreador del poeta deja entrever una imitación como homenaje al poeta chileno evocando imágenes surrealistas, de las que es rica la poesía del homenajeado.

Con la boca cubierta de raíces
que se adhieren al beso como ciempieses fieros,
pasas ante paredes que chorrean
capas de cardenales y arzobispos,
y mieras, arropías, humedades
que solicitan tu asistencia de árbol
para darte el valor de la dulzura.

En ambos textos las ganas de jugar de los autores está más allá del texto convencional. La poesía siempre supera su supuesta función básica de entretener o de comunicar. Está más allá de lo simplemente lúdico y de lo que antepone lo trascendente.

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