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    El mensajero ideal

    por Zaidena - Argentina


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Noche cerrada. Una espesa neblina mojaba los cristales de sus lentes. El farol de la esquina, oscurecido por los bichos moradores en su interior hacían aún más lúgubre el sitio donde había sido citado. No alcanzaba a entender por qué estaba ahí, sólo sabía que había ido para tratar de descubrir quién sería el que vendría a su encuentro y por qué fue elegido para recibir esa misiva. Dudaba ahora del lugar y la hora fijada. Sacó el trozo de papel de su bolsillo y alumbrándose con el encendedor, leyó: “Viernes- 23 hs.- esquina oeste-vaya por favor. Nada más decía y era lo que había logrado aguzar su instinto detectivesco. Y estar ahí, ansioso, expectante, nervioso, esperando sin saber a qué, ni a quién.

Comenzó a vislumbrar que, desde lejos, iba acercándose una silueta femenina; su corazón comenzó a latir más aprisa, ya estaba llegando, y una extraña y rara sensación se apoderó de él. Notó que era una bellísima mujer, que lo miró a los ojos, y con un gesto de ayuda y desesperación, tomó sus manos y deslizó entre ellas un trozo de papel, mientras decía con una voz dulce y cadenciosa: ¡Usted podrá!...¡Usted podrá!

Dicho esto se alejó tan rápido como había llegado. Ante la inesperada premura de su mensajera, fue a su casa presuroso, desconcertado y ansioso, por leer lo que decía la nota. Había quedado impactado por ese rostro hermoso, y más aún por la mirada penetrante, pero dulce y suplicante.

Llegó, colgó el impermeable y rápidamente, abrió el papel que aún llevaba en la mano. Su mente no podía comprender lo que estaba mirando. No entendía lo que estaba leyendo:”uan Zri uan sirou foxtrot iuniform Eco_ Alfa Sierra Eco Sierra India No vem ver Alfa Tango Óscar_ Lima Iuniform India Sierra. Quedó perplejo. Evidentemente, era un mensaje codificado; pero, ¿qué significaba?, ¿a qué código respondía?, ¿por qué a él? Se dejó caer en el sofá y allí miró el papel desde todos los ángulos, pero no alcanzaba a descifrar el significado de ese enigmático mensaje. Después de varias horas de consultar libros de códigos y alfabetos antiguos, lo venció el sueño, no sin antes pensar que al día siguiente recurriría a Lázaro, gran amigo, quien tenía la mayor librería de la zona, y una inteligencia que superaba ampliamente los niveles intelectuales más altos conocidos.

Amaneció frío y lluvioso. Desayunó frugalmente y se dirigió raudo hacia donde vivía su amigo. Una vez allí, exaltado y con lujos de detalles, le explicó lo que le había ocurrido la noche anterior. Lázaro, a quien el tema lo maravillaba, y muy interesado en lo que escuchaba se calzó los lentes. Parsimoniosamente tomó la lupa y comenzó a recorrer palmo a palmo el trozo de papel amarillento, roído en sus bordes. Al rato, le aseveró lo que él ya sabía. Que sin lugar a dudas estaba escrito en código, diciéndole además, que las tres primeras letras, a su entender, eran un número o una cifra, y que según la consulta con el código antiguo que estaba sobre su escritorio, deducía que era el siguiente número:”Uan=1; Zri=3 y Uan Sirou=10. Aparentemente, la cifra era 1-3-10. ¿Qué significaban esos números? Es lo que ambos tendrían que resolver.

Como ya estaba en su horario de trabajo resolvió irse pensando desde ya en averiguar en la editorial donde se desempeñaba como periodista investigador. Seguro que volvería al mediodía con algún dato concreto y para averiguar si su amigo había descubierto algo más.

Estuvo todo el día indagando en los archivos electrónicos, tratando de ver qué encontraba en la posible fecha que le diera su amigo. Estaba ya claudicando en su inútil intento, cuando una noticia ocupó toda la pantalla. Se refería a un accidente automovilístico donde perdieran la vida el Pastor Luis Peralta y su esposa María Zeballos, perteneciente a la Iglesia de los Nuevos Días. Se detuvo a leer la noticia en su totalidad, pero nada extraño o fuera de lugar llamó su atención.

Cuando iba camino a la casa de su amigo tenía una extraña sensación. Le parecía que alguien caminaba a su lado. Miraba preocupado notando esa presencia, pero estaba solo. Aún así no podía superar esa sensación, e incluso le parecía sentir como si algo, que irradiara frío, lo iba acompañando. Sacudió la cabeza con fuerza como tratando de sacar de ella esa sensación, lográndolo sólo a medias.

Llegó y pronto olvidó sus sensaciones cuando Lázaro, exaltado, casi le gritó que había descifrado el Código. Recurriendo a sus antiguos textos encontró un descifrador y decodificador y en base a él llegó a una conclusión. El mensaje decía: Foxtrot (F) Iuniform (U) Eco (E) = FUE Alfa (A) Sierra (S) Eco (E) Sierra (S) India (I) No vem ver (N) Alfa (A) Tango (T) Óscar (O) = ASESINATO Lima (L) Iuniform (U) India (I) Sierra (S) = LUIS. Automáticamente recordó la nota periodística y luego de compartirla con su amigo, resolvieron llamar a un amigo en común, el Comisario Inspector Juan Cid, para poner en su conocimiento este suceso tan extraño como inesperado. Después de escuchar la explicación, el Comisario prometió ocuparse personalmente del caso, diciéndoles que los tendría al tanto ante cualquier novedad, pero, pidiéndoles que se mantuvieran al margen, para no entorpecer la investigación. Cosa que así hicieron.

Había pasado más de un mes sin tener noticias, cuando recibió una llamada del Comisario diciéndole que lo esperaba en su Despacho. En el trayecto, por primera vez en mucho tiempo, no sintió la presencia de ese frío que lo acompañaba siempre. Eso le produjo una sensación de paz y bienestar, difícil de definir. Sucedió, según le comentara el Comisario, que gracias a la ayuda de él y de su amigo, habían descubierto que el “accidente automovilístico” fue motivado por un atentado sobre los frenos que, en definitiva, fue lo que desencadenara en el accidente. El culpable fue el Pastor de la Iglesia Ciudad, quien mandó matar a Luis cuando éste descubrió una malversación de fondos de un millón de dólares provenientes de las dádivas y donaciones de los fieles, destinados para ayudar a hogares de niños abandonados o en peligro moral. El caso estaba resuelto. El asesino en prisión. El dinero recuperado.

Sobre el escritorio del Comisario, un expediente rezaba: Autos caratulados: “Peralta Luis y otra s/ Homicidio culposo”. Por curiosidad lo abrió y ahí, en la hoja diez, se dejaba ver la fotografía de aquella mujer hermosa, de mirada penetrante que le entregara el papel la noche de la cita. En la misma aparecía ella, junto a su esposo, el Pastor Luis, también fallecido.

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