• RESEÑA de LIBROS

    Las mejores Poesías (y 2)
    de José Ángel Buesa

    EDITORIAL BRUGUERA
    BARCELONA, 1ª Edición 1955
     
    por Juan Mena


IMPRESIONES ACERCA DE LA POESÍA DE JOSÉ ÁNGEL BUESA (y II)


BuesaHemos tratado en el artículo de este mes acerca de los versos de Antonio Machado que se refieren a la concepción de la obra literaria como “puro juego”. Hemos dicho también que el poeta sevillano no tuvo en cuenta la explosión vanguardista que estallaba a espaldas de su poesía, aún anclada en su “¿Soy clásico o romántico…?” y con connotaciones noventayochistas que lo hacían ser decididamente partidario del significado sin tentaciones de innovación en las potencialidades del significante.

José Ángel Buesa fue un poeta muy “machadiano” en este sentido de adscripción al decir “desde el corazón”, sin búsqueda estilística alguna. En el artículo anterior dijimos que en su época de peregrinaje por España y Centroamérica, debido a disidencias políticas con el régimen de Castro, el poeta cubano sigue siendo temáticamente amoroso y lírico, a veces suavemente desgarrado, caminante por su bosque de recuerdos.

Si en años anteriores al exilio algunos de sus títulos tales como Cantos de Proteo, La vejez de don Juan u Oasis —reeditado éste 26 veces—, fueron cimeros de su poesía, ya en los años setenta aparece un libro titulado Tiempo en sombra, concretamente en 1971, de variadas estrofas, pero con aparición frecuente del soneto.

El tono del libro no es nada optimista y su veta elegíaca es todavía más ancha. Si en obras suyas anteriores la melancolía es suave y llevadera, aquí los colores se vuelven más grises, incluso sombríos. Un poso de experiencia de lo vivido en los últimos años dará cierto amargor a una visión del mundo nada idílica. Dentro de la variedad destacamos secciones del libro muy diferentes, por ejemplo desde “Sonetos crueles y sentimentales”, pasando por “Luto”, “Las viejas rosas”, “La mala cosecha”, hasta “Poemas en Monterrey” y “Crónica en Santiago de los caballeros”, más desligados del núcleo del libro, tenemos un amplio muestrario de una lírica en la que la tristeza queda velada por el deleite que da un buen quehacer literario en plena madurez, en que lo sencillo no obsta para reconocer en él a un magnífico poeta de poemas líricos inolvidables.

Veamos una muestra de este libro, Tiempo en sombra, que recoge su última época.


YA ERA MUY VIEJECITA

Ya era muy viejecita... Y un año y otro año
se fue quedando sola con su tiempo sin fin.
Sola con su sonrisa de que nada hace daño,
sola como una hermana mayor en su jardín.

Se fue quedando sola con los brazos abiertos,
que es como crucifican los hijos que se van,
con su suave manera de cruzar los cubiertos,
y aquel olor a limpio de sus batas de holán.

Déjenme recordarla con su vals en el piano,
como yéndose un poco con lo que se le fue;
y con qué pesadumbre se miraba la mano
cuando le tintineaba su taza de café.

Se fue quedando sola, sola... sola en su mesa,
en su casita blanca y en su lento sillón;
y si alguien no conoce que soledad es esa,
no sabe cuánta muerte cabe en un corazón.

Y diré que en la tarde de aquel viernes con rosas,
en aquel «hasta pronto» que fue un adiós final,
aprendí que unas manos pueden ser mariposas,
dos mariposas tristes volando en su portal.

Sé que murió de noche. No quiero saber cuándo.
Nadie estaba con ella, nadie, cuando murió:
Ni su hijo Guillermo, ni su hijo Fernando,
ni el otro, el vagabundo sin patria, que soy yo.








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