• M. Winocur

    LA PLUMA ALEGRE

    Disculpen la interrupción

    por Marcos Winocur



La puerta se abrió de golpe, sorpresa, habíamos olvidado ponerle llave. Y una voz de niño de seis años.

- Mamá ¿puedo ir a...?

Atinamos a manotear las sábanas, pero ya era tarde.

En la penumbra del cuarto no se veía demasiado pero, entre las conversaciones con los cuates, las clases de sexología y la última película vista, el niño completó el cuadro.

- ¿Están... desnudos?

- Sí -contestó su madre.

- ¿Estaban... haciendo el amor?

- Sí -contestó su madre.

- ¿Se hace a escondidas?

- Es como si un día te llevaras a tu cuarto un pastel muy grande, para comértelo tú solo.

- ¿Tiene que ser a escondidas?

- Para que sepa mejor, no porque esté mal.

El niño pareció conforme con la explicación, se levantó del borde de la cama y, ya en la puerta, dijo:

- Ah, mamá ¿me das permiso para ir a la casa de mi amigo?

- Sí, pero no vuelvas tarde. Y cualquier cosa me avisas por teléfono. Y todavía tienes que hacer la tarea y bañarte.

- Sííí... mamá.

Y el niño, tras una vacilación.

- ¿Puedo contarle a mi amigo...?

- ¿Qué cosa?

- Esto.

- Si quieres...

Y todavía, a manera de despedida, el niño:

- Disculpen la interrupción.

Y suavemente cerró la puerta.

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