• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    Nada nuevo bajo el sol

    por Alfonso Estudillo


Escribir artículos de opinión tiene su miga. No tanto por el enfoque del tema y su desarrollo estilístico dentro de esta jaula de letras que es el folio -que es poco más que algo de imaginación y unos simples conocimientos gramaticales- sino por encontrar un tema o motivo que sirva para originar el engendro.

Y es que en estos tiempos que corren encontrar un tema de actualidad, sea en el plano político, económico o social, que pueda ser de interés para el lector y que le mueva a su lectura porque puede aportarle nuevos puntos de vista que amplíe y mejore su conocimiento del mismo, es tarea harto difícil, apurada y engorrosa, cuando no una meta rozando lo imposible.

Naturalmente, hay una larga lista de temas y asuntos de los que podríamos hablar. Pero, si se percata mi avispado lector, todos ellos architrillados por la caterva de plumillas que lo infectan todo, tratados mil veces en las planas de todos los medios y con exposiciones y argumentos que van desde el más puro blanco de los que menos se involucran (súbditos del poder en curso) hasta el negro negrísimo de aquellos destripalotodo que no dejan títere con cabeza (los de enfrente).

Un ejemplo sería lo de Wikyleaks, un asunto que se ha erigido en una revolución mediática por cuanto supone descubrir a la luz pública las conversaciones privadas y papeles secretos de los gobiernos de más de medio mundo. Pero... ¿a quién sorprende que los presidentes, ministros, embajadores, jueces, fiscales, funcionarios, y hasta personal de tropa, digan una cosa por delante y otra por detrás, que te prometan el oro y el moro antes de las urnas y luego no hagan absolutamente nada, que te digan "qué bonito eres, Manolo" desde lo alto de la tribuna y, apenas se encuentren a solas en las discretas trastiendas de sus manicomios, le exclamen al subsecretario "que se habrá creído este cacho cabrón"? Así, pues, nada de bomba informativa ni nada que desmenuzar en el argumento de la crítica. El pueblo conoce a todo el personal de púlpitos, estrados y poltronas desde que el de allá arriba, cabreado porque la primera señora que creó ya le salió rana, nos dejara tirados en este cacho de tierra una tarde dominguera. Y lo de la existencia del Dr. Jekill y el Mr. Hyde que nos habita, lo sabíamos desde mucho antes de que en 1885 el buenazo de Stevenson nos lo dijera por escrito.

¿El 10 % de subida de la luz? Tampoco... Bien es verdad que mueve a adjetivos de grueso calibre, a recordar difuntos y a poner en duda la castidad de las que echó por tal sitio -por do más pecado había- a más de cuatro de los que ostentan bastón y mando en plaza, pero, por repetitivo, por ser esto de vaciar los bolsillos del prójimo cosa tan frecuente y reiterada, no merece la pena señalar ni a pájaros ni a capullos ni a los acólitos y apesebrados de las demás raleas. Ni siquiera a los mofletudos trujamanes, buhoneros y mercachifles que esconden irónicas sonrisas tras las puertas del gran despacho del ático. ¿Qué les podríamos decir que no les hayan dicho ya los grandes del género y repetido mil veces los mediocres?

¿Qué cierra CNN+...? ¿Que nos dejan sin la voz de un medio que desde hace diez años significaba alternativas a los subordinados ecos de políticos y mandamases de las finanzas? (raro, pero solía serlo) ¿Que nos dejan huérfanos del estilo y la capacidad de Gabilondo, San José y alguno más de esos pocos profesionales serios y responsables que, dirigidos por Basterra, nos permitía mirar la cosa esa donde nos cuentan las mentiras en colores con una cierta credibilidad? Bueno, ni nos coge de sorpresa ni nos motiva para hacerles el harakiri a los ordenantes. Las cadenas de televisión, como cualquier otro medio informativo, nacen, generalmente, del apareamiento de doña política con don dinero, y su principal objetivo es criar niños obedientes y modositos (que se tasan en especie o a tanto por cabeza). No ha podido ser, pues descanse el muerto en su hoyo que ya veremos a los vivos como siguen con su bollo.

De la prohibición de fumar en todos los espacios públicos tampoco merece la pena hablar ahora. Es mejor dejarlo para algo más adelante, cuando la señora ministra de salud, tras su aprobación en consejo de ministros, declare solemnemente que fumar es pecado.

Y de la crisis que estamos pasando, no se puede. Los petardos que la permitieron los elegimos nosotros. Así que mejor no nos decimos nada.

Y recurrir a poner de vuelta y media a nuestro denostado señor presidente del Gobierno, tampoco es de recibo. Bastante lleva ya el hombre entre la que le ha caído con la crisis y tener que soportar (cerca de ocho años) a los que les ha tocado de vecinos. Seguro que entre sus horribles pesadillas no falta la aflautada voz del capitán Garfio oponiéndose a todo cuanto haga y diga y diciéndole que se vaya, que este noble país de nunca jamás no se merece la política de garabatos que viene ejerciendo desde que juró el cargo. Menos mal que nuestro perseverante baranda despertará al Peter Pan que lleva dentro y, haciendo uso de su afamado y reconocido talento para contar cuentos, conseguirá sosegarlo, callarlo, distraerlo y dormirlo en su nidito de la isla de enfrente soñando con su 2012. El niño que no quiso crecer habrá conseguido, un día más, otra breve prórroga para él y sus niños perdidos hasta que llegue la Hora Final y las trompetas... ¡Alto, alto! Lo dejo aquí, porque, aunque sé como termina el cuento, prefiero que sea el mismo protagonista quien nos lo cuente (no tendrán que esperar mucho).

Y, en fin, que nos encontramos con el temido nihil novum sub sole que nos decía el rey Salomón allá en los tiempos de María Castañas -o Ambrose Bierce hace dos siglos mal contados-. Y como, debido a ello, no he conseguido escribir, no digo ya un artículo de opinión, sino ni siquiera aportarle un poco de luz y color a las letras que mis escasos y selectos lectores merecen, permítanme que por lo menos aproveche el humilde espacio de este folio para desearles a todos -ahora va en serio- muchas felicidades, mucha paz, salud y fortuna en este año que comienza.

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