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P’al pinche Mariano



Ernesto Fidel abrió la puerta y repartió dos que tres ¿qué onda, güey? en su versión abreviada: ¿quionda, güey? Y sin más, enderezó hacia el sector electrónico, situado al fondo de la sala. Ernesto Fidel hace varios meses ha dejado la casa de su progenitora y vive la libertad en un cuarto rentado con sus cuates. Pero se diría que no ha abandonado del todo la casa materna, conserva las llaves de la puerta de la calle, entra y sale cuando quiere, estacionándose las horas en el sector electrónico. A su frente, la compu; a los costados, la tele y el aparato de sonido. Conecta los tres y a los tres atiende simultáneamente: el aparato de sonido a todo volumen, sin perderse canción; la tele, cancelado el audio, sin perder imagen; la compu en Internet, sin perder operatividad. Si el
sistema se tarda, la espera es cubierta tocando la guitarra. Oído, vista, dedos, están a la orden. Sin contar el teléfono, perteneciente al sector. Si suena, lo atiende sin descuidar el resto. Audífono apretado entre cabeza y hombro, sostiene la plática telefónica. No sé cómo le hace, pero le hace.
Ernesto Fidel ha formulado dos confesiones a su madre. Una, que ha pasado de la mota a la coca. Otra, "tranqui, jefa, he decidido no suicidarme".

Por cierto, no esperaba respuestas de este tenor:

- Hijito, abusado, no te excedas, ojo al crack.
- Hijito, qué bueno tu decisión de no suicidarte.

No esperaba ese tipo de respuestas, pero tampoco el bofetón que le soltó su madre. En realidad, ella sintió al instante: más que cinismo, hay un pedido de auxilio. Y al mismo tiempo: que de una vez sepa mi parecer. Y soltó el bofetón.

Después de eso, Ernesto Fidel se pintó por semanas, hoy el hijo pródigo ha regresado y, en lugar de pasar al sector electrónico, se quita los tenis y los calcetines en la sala, no, qué digo, si no trae calcetines, y parte al jardín a jugar descalzo con la perra, mientras él y la jefa se miran de reojo, sin siquiera saludarse.


II

Suena el teléfono a las 2 am, es Ernesto Fidel:
- ¡Mamá, se me rompió el condón! ¿Qué hago?
Pausa.
- Hijito, me figuro que ya es tarde para remendarlo, la próxima vez te los compras de mejor calidad…
- Pero si es de los tuyos, lo tomé de tu buró…
- ¡Santo Dios…! A propósito: ¿has seguido con el tratamiento de los chochitos?
- ¡Ay, mamá, cómo crees? ¡A mí tus pinches brujos me cagan!
Y corta.


III

Así, dos problemas. Uno, el condón. Otro, "he decidido no suicidarme". Lejos de tranquilizar, suena como: "cualquiera de estos días...". Por lo demás, esa declaración está ligada a sus dichos de que ha pasado de la mota al pericazo. Y desde luego, para los chavos en especial, no se trata de adquirir una cultura de la droga, sino de su consumo salvaje metiéndose de todo un poco. Precisamente, no hemos salido del tema del suicidio: una práctica que se convierte en modo de autodestrucción lento, vía destruir el organismo, vía quitarse años de vida.

Y bien, Ernesto Fidel se ha pintado por semanas, hoy ha vuelto a casa de su madre, no se dirigen la palabra, sólo se miran de reojo mientras el joven juega con la perra.

¿Cómo abordar el tema, cómo no ser una madre represora, pero tampoco la que todo consiente? ¿Tomar a broma lo del suicidio? ¿Dejarlo pasar…?
Ataquemos - se dice la madre - por el tema uno, la ruptura del condón.
- ¿Y qué pasó, eh, ya ni me saludas pero la otra noche bien que me diste el fonazo a las dos… ¿Qué pasó, estaba tu novia en periodo fértil?

Ernesto Fidel deja de jugar con la perra, sonríe, y se acerca a su madre. El contacto se ha restablecido.




Vocabulario de mexicanismos

abusado: alerta, atento a lo que pueda suceder
compu: computadora
cuate: a mitad de camino entre amigo y compañero
chochitos: nombre dado a pequeñas cápsulas recetadas en medicina alternativa
jefa: mamá
mota: mariguana
pericazo: toma de cocaína, generalmente aspirándola por la nariz
se pintó: desapareció





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