• M. Alonso

    Pedacitos de una vida

    Sin rostro

    por Mónica Alonso Calderón


Sin rostro. Tres años sin rostro. Ya no es el tuyo; debe ser el de otro. No sé cómo serás, moreno quizás; alto o bajo, irónico o pesado. Pero serás, y cuando tu cara se dibuje en mi alma, pensaré que estabas sin estar. Me dirijo a ti aunque aún no tengas ojos, pero con el tiempo sentirás que eras tú el que el que se escondía tras este párrafo.

Te he buscado en muchas partes, en todos lados. Camino y me despierto cada día; en paralelo tú haces lo mismo. La vida nos juntará y pensaremos que podía haberse acelerado el destino. No sé cuándo nos miraremos a los ojos, cuándo las mariposas volverán a controlar mi apetito. Quizás eche de menos ese sentimiento. Quizás hace tiempo estoy curada de tu tocayo en pensamientos.

Porque no estaba preparada. Aunque me dolía ser inerte, no podía querer; no quería volver a lamentarme en todo momento. Necesitaba volver a ser yo, sentir que sola haría camino. Ahora creo que puedo volver a regalar lo que soy, compartir pedacitos de mi rutina. Si uno está hueco por dentro, no merece la pena ir buscando caras sin rostro.

Pero estás ahí, envuelto en mi inconsciencia, esperando tu punto de salida. Quiero conocerte y que me enseñes la vía de mis días, tus caricias y tu sonrisa; y por supuesto tus manos. Seguro que eres el primero, el último, el que me merece, el que busqué en otros, mi compañía. Quiero volver a vibrar por un sentimiento. Quiero querer y que por una vez me quieran. Quiero olvidar mis lágrimas, y que si lloro, tú seas la mano en mi cara.

Dejé de tener miedo porque estoy segura de que existes. Siempre pensé ‘la próxima vez será distinto’, y no lo fue; siempre di tumbos cortando retazos de mi alma. Ahora creo que no me equivoco, la edad no engaña y ya ha llegado la hora. Me da un poco de pereza abrir mi corazón y dejar de quejarme. Dar la vuelta a mi historia cuesta en el fondo. Lucía me está esperando y tú la llevas entre pasos.

¿Qué estarás haciendo? ¿Qué pensarás ahora? ¿Dónde estás? Te estoy llamando, ya es la hora. Sonríe y ven a buscarme. Sé que existes, una mano amiga, compañera, burlona, entretenida a deshoras. Fiel y confuso, compresivo y valiente: Tú, ¿no me añoras? Te quiero antes de conocerte, porque borras mi desatino y dibujas horas dulces; un futuro con estrella que limpiará mi físico y diluirá mi historia. Y te conozco, siempre te he querido. Ahora sólo anhelo dejar de soñar, que seas real y que no te escondan en la literatura, eternamente, sin rostro.

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