Aspirábamos a las misma mujeres. Ya fue una constante en nuestra adolescencia y en la época universitaria que ambos sucumbiéramos ante las miradas, gozáramos las acogidas y sufriéramos los rechazos de las
mismas mujeres. No recuerdo bien si aquello lo tomábamos como revancha de nuestros agravios, o teníamos afinidad de gustos, o realmente ello no era más que fruto de la casualidad. O nuestro círculo de
amistades femeninas era reducido. Imagino que un poco de todo y en proporciones similares. Pero ya ha llovido desde aquellos devaneos y ahora a las puertas de tu matrimonio con Alicia, te manifiesto algo
que desconoces pero intuyes. Lo sé. Tengo sexo con toda la que se me pone a tiro, y en esos preámbulos que me otorgan la condición de aventurero de la noche, deambulo solitario por los bares y las pistas
de baile, tiro de la manga y libero mi capacidad inventiva hasta lograr el objetivo, llevármela a la cama. No escatimo humildad y en base a ello te hago saber, que al igual que hubo rachas de notable
éxito, en estos últimos tiempos, no tengo otra que quedar al amparo de ser yo único ejecutor para la satisfacción de mis instintos. No escondo la certidumbre de que estas derrotas me acentúan la soledad,
sensación que viene acompañándome desde hace meses, y que reitero, es confirmada en mayor medida con esta ausencia de cópula. Quieras o no, el sexo distrae, evade.
Me invade la soledad, unas veces con más constancia, otras tratando de engañar mi tristeza con placeres, juegos de cama. Se que estoy solo, y lo que es peor, ya no creo que exista para mi el amor
verdadero, el ardor, la vehemencia en el brote del amor, esa rutina que tú compartes con ella, la cual imagino agradable. No, no lo creo por estas razones. Porque mis pocas relaciones formales se
fraguaron y destruyeron a pleno sol, antes de tener yo tantas características de animal nocturno, porque tengo ojeras y cierto brillo de alcohol en los ojos y no son esas condiciones de seducción en los
amaneceres, porque adquieren firmeza en mi rostro los rasgos grises de la misantropía y veo miradas que me juzgan miserable, y la más trascendente, y con ella va mi confesión, porque siempre estuve
enamorado de Alicia.
Espero, no lo recibas como ofensa, porque no hay desaire y no es la intención de quién alude a la verdad. No lo tomes como evocación del pasado porque obvio es que aquello no era más que una etapa
transitoria marcada por la frescura y la intranscendencia, efímera como los amores de juventud, y si acaso te das una tregua para reflexionar sobre ello, espero encajes mi disculpa, ya que considero esta
revelación un desahogo para tratar de afrontar el futuro y asumir la vida sin ti, sin Alicia.
PD.- Disculpa que seas tú, mi único amigo.
PD.- Espero, perdones esta descarada intromisión ilegítima en tu felicidad. Serán defectos de mi infelicidad. Ya ves, te juzgo feliz. La felicidad todo lo encaja mucho mejor.
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