• Ian Welden

    Milagros en Valby

    La rebelión de los milagreros

    por Ian Welden (Dinamarca)




Nadie sabe realmente quien construyó El Castillo de El Bosque de Søndermarken de Valby. Ha estado siempre ahí en un rincón , solemne, erguido cual monumento poderoso, sagrado y respetado por todos. En él se reúnen los milagreros de la célebre Calle Larga a contarse sus secretos profesionales, a celebrar la navidad, la llegada de algún nuevo miembro al grupo, o simplemente a compartir momentos agradables.

En tiempos de tristezas, conmociones sociales y persecuciones políticas, El Castillo siempre ha sido usado por los valbyanos como refugio generoso y protector. Quien entra por sus imponentes portones de hierro y bronce recibe la tranquilidad y el descanso necesarios para defenderse de sus perseguidores o continuar su justa lucha desde ese bastión impenetrable.

Así ha ocurrido muchas veces en la historia de La Calle Larga de Valby y así ocurre hoy en que escribo estas palabras de emergencia para que el mundo se entere del extraño fenómeno que está desarrollándose aquí en el otrora apacible Reino de Dinamarca.

Los milagreros y sus familias y amigos se han encerrado en El Castillo y amenazan con jamás volver a milagrear si es que las autoridades no dejan entrar a los cientos de colegas que esperan asentarse en este país.

En efecto, hombres y mujeres de Afganistán, Iraq, El Congo, Dafur, China, Guantánamo, Arabia Saudita, Colombia y muchos otros lugares del mundo se aglomeran ante las rejas del Reino cual almas ante las puertas de San Pedro, esperando recibir permisos de residencia y trabajo. Son los "miracle makers", como se hacen llamar.

Las autoridades los clasifican de "inmigrantes ilegales" y la Ministra de Integración declaró ayer en el parlamento que bajo ninguna circunstancia estos "payasos´" serán admitidos como fuerza laboral. "Sólo vienen a reunirse con esos locos de Valby para causar líos e insubordinaciones en el sector".

Desde El Castillo, los milagreros han respondido enviando a miles de palomas multicolores hacia los techos del Parlamento para defecarlo con mojoncitos azules, rojos, verdes, blancos y amarillos.

Turistas y transeúntes entrevistados por la televisión danesa en el centro de la capital señalan que "De toda Europa, solamente Dinamarca tiene un parlamento con tan bellos colores".

El Primer Ministro, en un discurso torpe y agresivo transmitido por cadena nacional, hizo un llamado a la Guardia Real a "...preparar sus nobles armas y la logística necesaria para desalojar a los insurgentes y demoler de una vez por todas ese castillo que tan sólo ha sido un símbolo de insurrección y odio a través de los siglos..."

Mientras tanto en Valby las calles están vacías. No hay enamorados besándose en la plaza ni viejitos tomados de la mano comiendo helados. Los padres y sus niños y bebés se han encerrado en sus casitas y departamentos y los perros y gatos brillan por su ausencia. El discurso del Primer Ministro ha sido un insulto deliberado a los valbyanos, amantes de sus tradiciones y orgullosos de El Castillo protector que tanta seguridad y refugio les ha ofrecido en el pasar de las generaciones.

En medio del caos y confusión, la Reina Margrette II, adorada por sus súbditos, ha ofrecido una palabra de esperanza y tranquilidad, invitando a una comitiva de los milagreros a su palacio a participar junto al Primer Ministro y la Ministra de Integración, en una "conversación por la reconciliación". Agregó además que "...disfrutaría mucho ser entretenida por uno de esos milagritos de que tanto hablan..."

"Milagritos? MILAGRITOS?!" gritaron enfurecidos los milagreros. "Nosotros le vamos a mostrar UN milagrito!".

En las rejas del reino, los "miracle makers" han visto su oportunidad. Hoy declararon oficialmente a la televisión danesa que "...el no ser invitados a la conversación de reconciliación es un desaire de Su Majestad hacia nosotros..." y que "...estamos considerando muy seriamente la posibilidad de retornar a nuestros países de origen para jamás volver..."

Su Majestad, al escuchar esto, sonrió diciendo tranquilamente "...que vengan entonces...qué entretenido! Mientras más mejor!".

Y así, todos los milagreros y amigos y familias junto a los enamorados y los viejito tomados de la mano comiendo helados y los padres y madres con sus niños y bebés y los transeúntes habituales de La Calle Larga de Valby han hecho una formidable peregrinación hasta las puertas del Palacio Real. Aquí se han juntado con los cientos de "miracle makers" y han sido dirigidos por el mayordomo de la reina hasta la Sala de Honor donde Margrette II, el Primer Ministro y la Ministra de Integración los estaban esperando con té y galletitas.

Mientras tanto salieron de sus escondites los fantasmas del Bosque de Søndermarken y tomaron posesión de El Castillo para defenderlo en caso de traiciones. Dice la leyenda que estos seres etéreos, en vida, fueron los verdaderos arquitectos y constructores del célebre monumento, y que darían sus viejas almas por él, muriendo definitivamente.

Como era de esperar, la situación se ha complicado en el Palacio Real. Federaciones estudiantiles y sindicatos de trabajadores más cientos de turistas y gente de la calle han entrado al palacio recorriendo las diversas habitaciones, subiendo y bajando y vagando por los pasillos, admirando los muebles y las pinturas de la soberana como si se tratara de un museo. Vendedores en trajes blancos y gorritos de cocinero ofrecen a gritos sus hot dogs y burgers mientras que pandillas de jovencitos criminales cometen asaltos a mano armada.

Evidentemente la conversación de la reconciliación se ha transformado en el altercado de la enemistad. El Primer Ministro renunció a su cargo y ha abandonado el país por la puerta trasera. La Ministra de integración ha sufrido un ataque al hígado por comerse todas las galletitas. Y Margrette II, con su dulce sonrisa habitual, subió tranquilamente a su Rolls y se fue a visitar a sus familiares en Andorra.

Los "miracle makers" acaban de hacer una nueva declaración a la televisión danesa: "...y en vista del caos y el anarquismo de este extraño país, declinamos nuestras peticiones de residencia y trabajo y por favor, DÉJENNOS SALIR!"

A medidas que la serena tarde va cayendo sobre el Reino, los diferentes grupos también se van retirando del palacio. Los turistas han declarado "...es una nación muy muy peculiar. Muy entrenida, y volveremos el próximo año a visitar a vuestra simpática reina".

Los milagreros valbyanos ya han regresado tranquilamente a El Castillo y los fantasmas guardianes a sus tumbas. Los viejitos y viejitas nuevamente caminan por La Calle Larga de Valby tomados de la mano y comiendo helados. Los enamorados se besan en la plaza y los padres y madres pasean con sus niñitos y bebés. Y los perros y los gatos se aman locamente a la sombra de lo árboles.

Y El Castillo aún está ahí, donde siempre, como siempre, inamovible. Y creo que es justo decir que los milagreros hicieron su "milagrito".

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