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Que el mundo se mueve exclusivamente por intereses es algo archisabido de todos. Y que el poder y el dinero están siempre los primeros en la larga lista de los afanes humanos, también. Pero, lo que da asco hasta las náuseas es ver cómo personas con suficientes años ya, con más que suficiente formación y capacitación intelectual y a los que se les supone unos principios morales y normas de conducta más que sólidos y consolidados, por mor de esos intereses, cambian de ideas y convicciones y afirman rotundamente que es blanco lo que ayer mañana, con la misma rotundidad, decían que era negro.

En nuestra, todavía joven, democracia tenemos ejemplos con las promesas y actuaciones de nuestros presidentes del Gobierno. Recordamos a aquel Felipe González de 1982 con su famoso "OTAN, de entrada, no", que poco después cambió en un rotundo SÍ pedido al pueblo en referendum. O lo de nacionalizar la Banca y las Empresas eléctricas que -ya presidente-, leída que le fuera la cartilla por el señor de la Banca, olvidó para siempre jamás. Y las de su segundo de a bordo, el Sr. Guerra, que dijo "Na más entrá, vamos a creá ochocientos mil puestos de trabajo", de lo que no hubo nada y que luego disculpó con un chiste: "No, yo dije ochocientos o mil..." 

También Aznar pregonó y firmó un compromiso sobre Biodiversidad del que luego nunca más se supo. En noviembre de 2002, sin decir ni mú, desde el silencio impuesto a los medios y al pueblo, negó toda responsabilidad en la mayor catástrofe habida en nuestras costas -gestionada por su ministro Cascos- con el hundimiento del Prestige. Posteriormente, en 2003, nos metió en la guerra de Iraq afirmando con rotundidad la famosa patraña "que tenían armas de destrucción masiva". 

Y el actual, Sr. Zapatero, que nos prometió el oro y el moro con mejoras en los derechos sociales, nos ha ido sorprendiendo con todo lo contrario: rebaja de sueldo a funcionarios, congelación de pensiones, aumento de la edad de jubilación, prohibición de fumar en sitios de ocio, aumento de la presión fiscal, subidas de precios, el mayor paro de la historia, etc. Y pone la guinda al pastel cuando, tras haber retirado las tropas de Iraq, ahora, muestra incondicional apoyo a la intervención en Libia. Intereses...

Particularmente, pienso que ni la participación de España en la guerra de Iraq fue la correcta ni lo es ahora la intervención en la pseudoguerra de Libia. Bien es verdad que, aunque el fin que se pretende es justo el mismo que llevaron a los "aliados" a Bagdad, las tácticas bélicas que se están empleando -al menos por ahora- no son las mismas. Estoy de acuerdo -y creo que la inmensa mayoría de ciudadanos- en que hay que intervenir en los desmanes de dictadores como Sadam Husein o Muammar Gaddafi, pero no con bombas, tanques y tropas arrasando ciudades y ciudadanos -como en Iraq-, o tres cuartos de lo mismo, pero sin pisar suelo enemigo -como ahora en Libia-, sino ayudando a cada pueblo a que derroque a su dictador. Hay muchos métodos (si me apuran, hasta legales), y los mandamases de los "aliados" tienen personal muy preparado que sabe cómo hacerlo. Y experiencias...

Pero, puestos a intervenir en base al argumento expuesto por los países aliados, "defender los derechos de un pueblo contra los desmanes de sus gobernantes" (el mismo cambio de criterios que decimos al principio, donde se troca las palmaditas en la espalda, el ignorar y el consentir por un fulminante "todos a una, a cortarle los huevos a ese hijo de..."), ya hace tiempo que había que haberle parados los pies, puesto en aviso e, incluso, enseñado de qué color es el miedo, a países con gobernantes corruptos que se pasan por el forro todos los derechos de sus ciudadanos. En África: Zimbabue, Ruanda, Burundi, Guinea, Somalia, Congo, etc.; en el Magreb y Próximo Oriente, además de Libia, Sudán, Yemen, Egipto, Argelia, etc. También son muchos los de Sudamérica, los Balcanes, países de la extinta URSS, etc. Y no debemos olvidar a Rusia (demasiado para contar aquí) o a China -la nueva rica-, donde toda vida y derecho está supeditado al Partido (recordemos sólo la matanza de la plaza de Tian'anmen).

En el caso de Libia, sabiendo como es Muammar Gaddafi, considero muy improbable que deje el poder voluntariamente ni haga ningún tipo de cambio. Por la tanto, lo esperable es una larga crisis que se eternizará en el tiempo y que, sin duda, conllevará algo más que las actuales estrategias militares por parte de los aliados, y que, se supone, provocará reacciones en el dictador libio que dejará en pañales el atentado del avión 747 en Lockerbie (Escocia). Por otra parte, la diversidad y fragmentación étnica y tribal del país y la ausencia de unos dirigentes con auténtica capacidad de liderazgo, organización y un plan de acción destinado a dirigir la reconstrucción del país y el proceso de transición, impedirán a corto o medio plazo la instauración de un gobierno y una estructura de Estado con unas instituciones democráticas o, al menos, un nuevo régimen de carácter pro-occidental que colabore en la lucha contra el terrorismo yihadista y, sobre todo, sea garante de los negocios e intereses de las empresas petrolíferas establecidas en el país.

Pero, si, hay que hacerlo. Incluso, con esa eufemística careta con que se disfrazan las auténticas razones. Incluso, tan a destiempo, tan lleno el buche de las incontable putadas que nos han regalado -y regalan- los incontables reyezuelos. Más vale tarde que nunca... Los intereses de más de medio mundo están en juego. Puede que cueste mucho tiempo, mucha guerra y muchas vidas humanas, pero hay que hacerlo. Sin olvidar extenderlo a todos los países con sátrapas a la cabeza.

Incluso, como magnánima concesión del dios que todo lo puede, aunque no tengan petróleo...






 

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