• M. Alonso

    Pedacitos de una vida

    Simplemente, los veo pasar

    por Mónica Alonso Calderón


Los días pasan y yo los veo pasar. No es queja, es realidad. La rutina, sencilla y cómoda no me deja ver lo que podría ser y no es. Creo que me he metido en este bucle, en el que antes estaba y volví a entrar, por decepción. Decepción de la década de los 30, muy diferente a como yo los imaginaba de lejos, con la mitad de años cumplidos. Decepción por los amigos, los que son y los que fueron, los que están y los que me abandonaron en el camino; los que me entretienen cada jueves, cada fin de semana, y los que se cruzan de calle a tiempo de no saludarme.

Pero, sobre todo decepcionada de mi familia, la que siempre pensé que estaría, la que está, mas de puntillas. Esos cuerpos y esas almas con sangre compartida; esos ojos claros del mismo brillo y diferentes pupilas; esas caras parecidas que ocultan realidades distintas; esas prioridades que me señalan la puerta de salida.

Quizás la suma de todo tenga como resultado el que sigan pasando los días y yo los vea pasar: el martes detrás del lunes, el jueves detrás del miércoles. Todos iguales. No diferencio ningún día del calendario; no hay acontecimientos para enmarcar en rojo, que reclamen más adelante un hueco de recuerdo. Es triste saber que mañana será igual que hoy, y más aún que prefiera que todo siga igual, porque el cambio siempre es sinónimo de lágrimas.

Por eso no me quejo, más bien me resigno. Y nunca he sido así, al contrario. Mi imaginación no paraba y yo le daba sustento y aliento. Pero me cansé de esperar a que algo fuera cierto. Así que ni escribo, ni sueño; ni siento ni padezco. Hiberno en mi vida, desespero en ausencia. Es como si siempre estuviera nublado en un eterno abril que desconoce la palabra verano.

Soy consciente, aún así, de que igual en algún momento todo cambie. De repente, un día, conoces al alguien, o ves las cosas de otra manera. Y en un segundo cambia tu vida: una oferta de trabajo, una mano amiga nueva, un viaje, una experiencia… No hay vuelta atrás, todo es diferente. Por ese segundo respiro, por ese segundo muero.

Mientras tanto, sigo esperando y desesperando. Confundiendo martes con jueves, viernes con sábados; días con noches, jornadas de liga con ligues de una noche. Porque los días siguen pasando y yo, simplemente, los veo pasar.

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