Rincón de la Poesía 

Juan Mena
San Fernando (Cádiz)





DEL TIEMPO A LA ETERNIDAD


Para buscar a Dios entre las sombras
primeramente os pido la palabra.
Para hablaros de Dios, cuando lo halle,
os ruego que mováis, la noria, el agua
de vuestro corazón y la hagáis limpia
como la sal cuando refleja blanca
y luminosa el sol de mediodía
en la primicia azul de la mañana.

Dadme entonces la ola y su plegado
itinerario con olor de algas,
esa rueda del mar de luna a luna,
espejo monorrítmico de plata
que va dejando un trozo de armonía
en cada litoral y en cada playa.

Dadme toda la música que tiene
el rumor encrespado en lontananza
para que tenga, una vez más, mi voz
una serena y fresca resonancia,
de modo que os parezca un arroyuelo
de paz en esta hora mi palabra.

Porque hablar de las cosas es lo mismo
que pasear por dentro de una casa
y ver la sencillez de las paredes,
y oír cómo gotean, se dilatan
los momentos, las horas y los días,
y nuestra vida en ellos se desmaya
como un retrato más. Y solamente
con el esfuerzo vivo se levanta.

Y es que estamos inmersos, inundados
por la luz temporal, luz cotidiana,
luz fría del taller, luz de oficina,
luz de la calle, luz de las espadas
clandestinas que rozan cada día
los cabellos, los ojos, las gargantas.

Esta nave del tiempo que nos lleva
siente a veces, temblar, crujir las jarcias
de su alegría. Y caen, pero sigue
en pie el mástil de fe que nos aguanta.
Menos mal. Que si no, ¿quién se podría
fiar del timonel cuando amenaza
una borrasca el mar?
No me digáis
que esta nave del tiempo está encallada,
porque navega con su rumbo claro,
fijo a la luz inaugural del alba.

Ya sé que habéis movido el agua, el diáfano
diamante móvil, líquido del alma.
Habéis notado cómo se refleja
el día en ella con sus panoramas
de sombras, sus monótonas historias
y la tristeza con su flor diaria
deshojándose absurda por el suelo,
donde el hombre se vive y se desgasta,
y se calla, y se borra y disminuye.

Por eso os pedí luz, os pedí el ansia
de ser ola, o ser canto, o de ser niño;
de ser espacio azul, o de ser ala
para que el sueño no se nos acabe,
sino que continúe y se nos haga
más duradero cada vez, que sea
algo más que la carne señalada
a ser límite y fin; que sea un gozo
que de los días breves se rescata,
y nos proclame victoriosos, altos
vencedores de la desesperanza
cuando nos alce Dios, recuperados
del foso sin memoria de la nada.




2 º Premio: Camelia de Plata l97l, editado en Certamen Literario "Miguel Martínez del Cerro", Cádiz, MCMLXXIV









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