• RESEÑA de LIBROS

    Volver a Ciudad Real

    Francisco Mena Cantero

    Diputación Provincial
    de Ciudad Real 2011

     por Juan Mena


volver a ciudad realDesde la primera reseña que hicimos a Mena Cantero en “San Fernando Información” a propósito de libros como Lluvia común, Las cosas perdonadas o Espejos en el fondo de un vaso, entre otros, hasta los más recientes como El pájaro y su vuelo y Escrito en tierra, señalamos la línea poética de su autor encaminada hacia una visión incardinada en la realidad, pero depurada de la ganga de un realismo retrospectivo, sin connotaciones de poesía social.

El autor manchego afincado en Sevilla desde 1974 no ha perseguido nunca una escritura tentada por el aliento barroco de la ciudad que le acoge, sino que continúa la trayectoria existencial, nunca desarraigada, de una poesía que se defiende como dentro de una ciudadela de intimismo traducido al verso con las palabras necesarias en una precisión castellana muy diferenciada de otras poéticas en las que la adjetivación y los juegos metafóricos son abundantes.

En esa misma sección, en una anterior reseña a una antología suya, pudimos observar que esta apreciación no era gratuita. La técnica del autor ha sido siempre fiel a una expresión lejos de rodeos coloristas, aunque ello no signifique que rechace la cobertura sobriamente pictórica cuando la ocasión lo requiere.

Hemos de advertir que no hay una sola poética sino varias, y de todas ellas se ha de poner en claro lo que distingue y confiere un valor literario a sus contenidos.

Por ejemplo, hay una poesía que se apoya en la búsqueda de los valores sensoriales del significante, lejos del dictamen del tema, como preconizan todos los movimientos vanguardistas. La de Francisco Mena Cantero, lejos de los encantos estilísticos del significante, va por las latitudes del significado y se adentra en él para depurar el testimonio de una madurez humana, una biografía de su propia experiencia. Toma el estilo como un espejo a lo largo de la vida, como diría Stendhal de la novela, pero siempre coherente con sus convicciones íntimas.

Ahora bien, nadie puede afirmar que su poesía no se preocupe por las exigencias de un lenguaje liberado de una grisácea poesía narrativa o discursiva, ya que, si no busca la metapoesía, sí tiene en cuenta un cierto primor del utillaje escrito para no caer en versos redichos de otros registros lastrados de poesía entre lo neosocial y lo intimista subjetivo; por otra parte, tampoco pisa ese suelo tentador de las imágenes visionarias como sucedáneos de la metáfora.

Entremos, después de esta introducción, en Volver a Ciudad Real.

Compuesto por un prólogo del poeta José Corredor-Matheos y cuatro partes como símbolos de una evocación de su pasado en Ciudad Real, el libro discurre por esas galerías machadianas de lo vivido y rememorado: “Zaguán”, “Patio con Luz”, “Casa mirando hacia el olvido” y “Plaza del porvenir”. Son hitos de la vida del poeta en su tierra natal, episodios y lugares de ese tesoro interior que se acaudala aún más con el paso del tiempo.

Como bien dice el prologuista, “el poeta se presenta como ´el hijo pródigo´ que vuelve”. Realmente pocas cosas se pueden añadir a las observaciones que hace Corredor-Matheos, todas derivadas de ese regreso sentimental a los lugares de la infancia.

En esta vivencia de Mena Cantero estamos todos implicados, y la entrada del zaguán, luz del patio, los silencios de la casa y las incidencias cotidianas de la Plaza del Porvenir resucitan cuando “Encuentro en mi diario los recuerdos / esparcidos y en paz, cuando la vida / era una densa apoteosis”. Ese diario del corazón es el que ha servido de motivo para escribir este libro en el que el estilo del poeta manchego se afirma entre el autocontrol en las adjetivaciones y la búsqueda de un verbo moderadamente contenido en la sinestesia: “tierna la luz”, y la metáfora: “Se sentó en la desgana / del resol de la vida”.

Mena Cantero nunca abusa de las figuras que suelen darle a un texto poético categoría estética. Eso puede que sea una garantía de autenticidad, un afán de acoplar lo que se quiere decir con el lenguaje que indaga en lo esencial. Eso entraña un dominio de las propias posibilidades. Y ese equilibrio es una constante en los libros que he comentado del poeta manchego. Si Mena Cantero quisiera presumir de poeta “castellano” en la Sevilla de tradición barroca, podría hacerlo con justicia frente a la tendencia decorativa ínsita en poetas sevillanos.

Entre sonetos y endecasílabos acompañados de heptasílabos en su mayoría, esta semblanza personal navega por las aguas de una poesía que bien podría ser sucesora de una tradición “inmersa en las mesmas aguas de la vida”, como dijo Antonio Machado en recuerdo de palabras de Santa Teresa. Y como también decía el poeta sevillano: “Se canta lo que se pierde”.

Mena Cantero se ha devuelto a sí mismo, en la frescura de este libro de palabra ajustada a sus intenciones, la vida que ya no se perderá nunca más porque está, como broche en el engaste, prendida en la boca lírica del corazón.








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