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Continuando con las pruebas personales sobre los alimentos que originan las manifestaciones de la Artritis Reumatoide y demás patologías autoinmunes, la última que estoy haciendo es la de comer cada día muy relajadamente, es decir, sin abandonar las principales prohibiciones del Régimen Ancestral, pero sin observarlo con la rigurosidad que debiera.

¿Consecuencias? Pequeños e intermitentes dolores en manos y muñecas -principalmente la izquierda-, a veces en el codo y hombro derechos y algo más raramente en el pie y tobillo derechos. Muy leves, eso sí, pero molestos y que me obligan algunos días a tomar algún Ibuprofeno o Paracetamol, sobre todo por la noche para poder dormir sin problemas. De no hacerlo, el dolor haría que me despertara una o más veces durante la noche.

Esta prueba la comencé a primeros de octubre, cuando ya llevaba unos meses completamente bien tras la prueba realizada con el pan en los meses de junio-julio. Sus efectos comenzaron a notarse apenas un mes más tarde, en noviembre.

La prueba consiste en comer a diario -o con cierta frecuencia- algunos alimentos no recomendables, como por ejemplo, azúcar refinada (en el café y algunos postres dulces); alimentos procesados de venta en cualquier tienda o hipermercado y no muy aceptables por su composición, como mahonesas, salsas, conservas vegetales (todas con aditivos) o conservas de pescados (con aceites vegetal o de oliva, pero refinados), embutidos diversos que, aunque de relativa calidad, contienen aditivos y son realizados con procedimientos no naturales, carnes ya preparadas para su consumo (mechada, al horno, chicharrones, etc.), sometidas a mucha cocción y altas temperaturas, o carnes empanadas, que contienen harina, lácteos y otros en su cobertura. Incluso -si bien muy de vez en cuando- comidas o tapas en restaurantes o bares que, aunque muy apetecibles y hechas con esmero, también han sido sometidas a excesiva cocción y a temperaturas más altas de lo debido.

El resultado, como ya les apunto, esos pequeños dolores que si bien no invalidan ni causan mayor problema (una simple y leve molestia comparados con aquellos grandes dolores de cuando la Artritis estaba y nos rompía la vida), sí son molestos y desearíamos que no estuvieran.

Pues, la solución no es otra que ser riguroso con cuanto se apunta en el Régimen Ancestral y no comer nada en absoluto de cuanto se prohíbe o desaconseja.

Aún así, por muy riguroso que seamos con el seguimiento del Régimen, por mucho que nos afanemos en eliminar de nuestra dieta todo cuanto pueda afectarnos, siempre tendremos que soportar la ingesta de elementos tóxicos o muy lejanos de nuestra deseada dieta saludable. Veamos unos ejemplos.

Las carnes, aunque demos de lado a las menos saludables -como las de pollo, que sabemos que provienen de gallinas ponedoras criadas en jaulas y sometidas a sobrealimentación con piensos de desechos-, tenemos bien difícil encontrar carnes de animales criados en libertad y con alimentación natural. Vacas, bueyes, terneras, cerdos, conejos, pavos, codornices, etc., son criados en baterías o estabulados en sitios cerrados, sin espacio para moverse y alimentados con piensos hechos de harinas de pescado de ínfima calidad y, a veces, desechos de otros animales (recuerden lo de las vacas locas, donde los piensos se hacían con vísceras y huesos de esos mismos animales), además de hormonas y antibióticos para un engorde rápido y sin problemas.

Los pescados, si bien no tienen los grandes problemas de la carne, también pueden aportar elementos tóxicos a nuestra alimentación por la contaminación de los mares (principalmente por mercurio). Y como no debemos prescindir del pescado y los mariscos en nuestra dieta, lo único que podemos hacer es elegirlos que sean siempre bien frescos (incluso congelado), al objeto de evitar intoxicación por histaminas, enterobacterias o parasitosis por anisakis. Quizás deberíamos elegir pescado de mar mejor que de piscifactoría, pero, a falta de estudios que definan con exactitud ventajas y problemas de unos y otros, no parece haber motivos para rechazar ninguno de ellos.

Los vegetales, las frutas y las verduras en general, son los que, paradójicamente, nos aportan mayor cantidad de tóxicos. No debería ser así, pero, a menos que optemos por productos ecológicos de total confianza (más caros y con menos presencia), tendremos que comer tomates o patatas que han sido cultivados con todo tipo de productos químicos desde que lo sembraron hasta su puesta a la venta. Abonos, fertilizantes, plaguicidas, fitosanitarios, madurantes y otros muchos productos salidos de la industria química son utilizados para el cultivo de la casi totalidad de los alimentos vegetales. Estos productos, lo mismo que el calcio y otros minerales de la tierra donde son cultivados, son absorbidos y forman parte de los tejidos de las hojas y los frutos. A todo ello hay que unir que muchos de los frutos o plantas que consumimos, trigo, maíz, patatas, tomates, soja, peras, ciruelas, guisantes, etc., han sido modificados mediante ingeniería genética para mayor producción, mayor tamaño o evitación de plagas, lo que conlleva un riesgo extra del que desconocemos sus consecuencias a corto y largo plazo. Contémplese, además, que las semillas, cultivo y producción de la mayoría de vegetales y granos de gran consumo son monopolios exclusivos de unas pocas grandes industrias agroquímicas sin otros objetivos que ganar dinero.

Tenemos que intentar conseguir carnes de mejor calidad y con garantías de que los animales son criados en libertad y alimentados con granos o piensos naturales. Los pescados, cuidar que sean bien frescos o consumir productos congelados (son ultracongelados en alta mar y conservan todas sus cualidades como recién pescados). Y los vegetales y frutas, procurar -siempre que sea posible- que sean ecológicos y de total confianza aunque nos cuesten algo más caros.

A fecha de hoy, febrero de 2011, todavía continúo haciendo la prueba. Y continúan las molestias. Pero puedo asegurarles que regresando a comer de la forma que marca el Régimen, es decir, evitando todos estos alimentos no saludables, los dolores desaparecen en unos pocos días.

De todas formas, como ya apuntaba más arriba, no podremos evitar ingerir, siquiera sea en cantidades mínimas, algunos componentes que obrarán como tóxicos en nuestro organismo, o que éste no podrá reconocer, contribuyendo a un mal funcionamiento de nuestro metabolismo y al ensuciamiento celular. También hay que tener en cuenta que respiramos aire contaminado, bien sea por el monóxido de carbono de los motores de los vehículos cuando estamos en la calle, o por infinidad de partículas de polvo, fibras textiles y muchos otros cuando estamos en nuestro salón o dormitorio. Que también contribuyen.

En consecuencia, no podremos evitar esos pequeños y leves dolores que puedan sobrevenirnos a pesar de estar ya curados de nuestra enfermedad. Los dolores de cabeza, de espalda o de una pierna son comunes, y se dan a diario tanto en los que hemos padecido una patología reumática o autoinmune como en la mayoría de las personas con o sin enfermedades conocidas (y más aún con la edad). Debemos tenerlo presente y no pensar que nuestra Artritis, Fibromialgia, Espondilitis, etc. está volviendo. Un analgésico, Ibuprofeno o Paracetamol, de vez en cuando nos rescatará de esas leves insidias del dolor.

Pero no olviden el Régimen y, si quieren evitar al máximo estos pequeños dolores, procuren seguirlo siempre a rajatabla.





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