• M. Alonso

    Pedacitos de una vida

    "Pelotas"

    por Mónica Alonso Calderón


Cuando era pequeña le dediqué una poesía. Luego renegué de él. Y ahora siento que le puse los cuernos con la universidad y las noches de juerga en los bajos de Argüelles y Moncloa. Mi barrio querido, echo de cemento armado y hormigón. Cuna de obreros y de buena gente, eso pienso yo.

Puede ser que su gente no tenga carrera, que les gusten los chatos de vino, pero es bonito saber que saben divertirse sin mirar hacia adelante ni hacia atrás. Cosa que yo no hago: cualquier tiempo pasado fue mejor y lo que me espera quizás peor. Libres, son libres, sin clichés, sin presiones. Son ‘pelotas’, los que juegan al mus, se tumban en un parque, escuchan música heavy y ya nada puede ir mejor.

¿Qué más da lo que pase mañana? ¡Vámonos de cañas! ¡Veamos el fútbol! ¡Fiesta! Y no es irresponsable, de lunes a juerNes por la noche se trabaja –y algún vierVes se descansa…-. Después es otra cosa, a vivir la vida, que son dos días… Me han enseñado el horario de mi vida: de lunes a jueves, de 19:00 h a 10:00 h; y de viernes a las 15:00 h hasta el domingo hacia las 23:00 h. Con permiso de los mencionados juerNes, para calentar motores, como quien dice…

Sí, es mi horario extralaboral, el que he decidido vivir. El laboral me duerme, me agota y me hastía… Así que no es mi horario vital, es un paréntesis entre mi verdadera vida. Quizás es un tonto consuelo, pero de momento me sirve, y no le quiero dar más vueltas al asunto. Creo que ya era merecido…

Así que salgo, me emborracho y me olvido de todo. A lo mejor mi hígado no está del todo de acuerdo, pero hasta que no grite, no me pienso tomar nada en serio. ¿Qué más da? Una intenta ir en línea recta, llevar la dirección correcta. Hasta que te cansas, y decides disfrutar de las curvas. No es normal que piense así con 31 años. Pero estoy cansada de esperar milagros.

Bueno, sólo uno. El euromillón y la primitiva. No es muy caro e igual me alegra la vida. Entonces mi horario vital sería mucho más alargado. Mi generación, la de la crisis. La de aquéllos que están terminando una carrera y no se dan prisa porque no hay trabajo; la de los que viven con sus padres porque su sueldo es un asco; la de los más mayores que tienen que volver a casa de sus padres porque el banco se ha quedado con su piso; la que engorda la cola del antiguo INEM (la cola del paro, vamos, la de toda la vida)… Y así un largo etcétera. Pues eso, mal de muchos, consuelo de tontos…

Muchos gritan ¡Viva la República! Y yo me acuerdo de esa época, que no viví, pero que me suena a libertad y lucha. Ésa que yo no hago, ésa que me da pereza… Mientras tanto, vivo mi horario vital en mi barrio, en Vicálvaro. O lo que es lo mismo, en mi adorada ‘Pelotas’.

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