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Los partidos políticos, todos sin excepciones, aunque ponen cara de niño bueno y gritan a los cuatro vientos que sólo luchan por el bien de todos los ciudadanos -llámense españoles si son nacionales, o vascos, catalanes, etc., si son nacionalistas- nos demuestran una y otra vez que juegan con nosotros y que, en su lucha, bajándose las calzonas o arrancando cabezas -según se tercie- lo único que persiguen son los intereses propios.

Y aunque ya nada nos sorprende cuando de política y políticos se trata, no deja de asombrarnos que el plan B de la izquierda abertzale más radical, la coalición electoral llamada Bildu, que ya fueran anuladas sus listas por el Supremo tras el estudio de los informes sobre sus miembros presentados por la Policía y la Guardia Civil -que venían a demostrar su más que posible relación con la ilegalizada Batasuna, y por ende, con ETA-, pudiera presentarse a las elecciones por decisión del Tribunal Constitucional y acceder al gobierno de alcaldías y otras instituciones muy principales del País Vasco. Llegados aquí, y aunque no dudo de la independencia de dicho Tribunal, no deja de resultar chocante que invaliden una decisión que no puede ser otra cosa que muy correcta, ajustada plenamente a la legalidad y tomada como resultado de los exhaustivos informes y pruebas aportados por los Cuerpos de seguridad del Estado. No se puede afirmar, pero la sensación que tiene el pueblo es de que pudieran haber operado ciertas influencias de partido derivadas de la amenaza del PNV de romper toda relación con el Gobierno (un desastre en la actual situación) si no se permitía a Bildu concurrir a las urnas. Chocante y sorprendente.

Y aún más nos sorprende que el PNV de Íñigo Urkullu, que parecía anteponer una filosofía demócrata a cualquier interoperabilidad con la banda terrorista, y que en muchísimas ocasiones (a cambio de cromos de los que no salen, claro) ha votado a favor o ayudado a sacar adelante los planes del Gobierno de la Nación, en esta ocasión (quizás pensando en obtener ayudas internas para las próximas autonómicas) ha negado toda posibilidad de acuerdo con el PSOE para impedir que la dicha formación proetarra cope el poder en ayuntamientos como el de San Sebastián o la Diputación de Guipúzcoa, institución ésta en la que gestionarán 840 millones de euros de presupuesto y (además del censo) controlarán datos fiscales de miles de contribuyentes. No es raro, por tanto, que muchos empresarios vascos, desde que supieron de esta posibilidad, hayan luchado hasta lo imposible por dar de baja sus empresas y retirar todos sus datos fiscales para darse de alta en otras provincias, incluso, fuera del País Vasco.

Entre las acciones de Bildu, que comienzan a mostrar su verdadera cara (y la metedura de pata del Constitucional), están las del Consistorio de Lizartza (Guipúzcoa), donde la primera medida adoptada ha sido la de retirar la bandera de España de su fachada y dejar únicamente la del País Vasco, al tiempo de mostrar una pancarta que reclama el retorno de presos y refugiados vascos a esa comunidad (además de vetar el acceso a los medios durante el primer pleno municipal). En Elorrio (Vizcaya), el único concejal del PP -que dio su voto a favor del PNV-, cuando, durante su discurso, recordó a algunas víctimas de ETA, tuvo que soportar los atronadores abucheos de los presentes llamándole fascista o hijo de puta y teniendo que abandonar el edificio escoltado. En los Ayuntamientos de San Sebastián, Andoain o Lasarte -entre otros-, pregonaron la idea de reducir las medidas de seguridad, eliminando los escoltas de los políticos amenazados por ETA, o impidiendo su entrada en la casa consistorial, además de desinstalar el control de acceso de armas que consistía en un arco de seguridad y un escáner. En el de San Sebastián han retirado el retrato del Rey. Y, entre otros detalles, para no cansarles, citemos que en su toma de posesión como presidente de la Diputación Foral de Guipúzcoa, Martín Garitano portaba un pin con el número de recluso de Arnaldo Otegui. No hace falta ser un genio para darse cuenta de que la entrada de Bildu en las Instituciones es un paso atrás en la continuación del estado democrático y una tremenda burla a la dignidad, no digo sólo de las víctimas de ETA, sino de todos los españoles.

Esto a nivel de partido. Y si miramos uno a uno a sus integrantes tendríamos perlas para hablar un rato. Por eso no vamos a hablar de la ministra Pajín porque colocara a algunas amigas al frente de altos cargos de su ministerio. Cuando fue preguntada por una senadora del PP -toda vez que, saltándose a piola toda normativa, puso a una auxiliar administrativa en un puesto de funcionaria-, su respuesta no admite controversias: "Estaría bueno que la Ministra no pudiera poner a quien le sale de los cojones." Ni lo del Presidente de Castilla La Mancha, Sr. Barreda, que, aunque sólo reconociera que fueron 243 los altos cargos nombrados a dedo en su Comunidad -y no los 5.000 que le citaba el PP-, antes de abandonar la presidencia les dejó asegurado el futuro -como altos cargos y excelentes retribuciones- a más de una veintena de amiguetes de los que colocara en funciones de asesores o en otras gestiones próximas. En fin, que lo dejamos aquí, porque si siguiéramos esta lista, no acabaríamos nunca.

Pero no quiero dejar de citar -por cuanto supone una expresión clara de hasta donde los políticos se cachondean de los ciudadanos- una acción llevada a cabo por un miembro del PSC -recién elegido alcalde en la ciudad catalana de Mollet de Vallés- apenas le fue entregado el bastón de mando. El Sr. Josep Monrás, nada más ser nombrado en su cargo, lo primero que hizo fue subirse el sueldo un 32 %, con lo que pasaría de cobrar 59.000 euros anuales a 78.000. El argumento del Sr. Alcalde, que contó con el apoyo de CIU, PSC y PP no era otro que "la mejora del funcionamiento democrático y participativo de la corporación municipal para los próximos años". El abucheo de buena parte de los indignados ciudadanos de la población -que no pasó a mayores gracias a las fuerzas de seguridad- hizo que el poco comedido Sr. Alcalde tuviera que llegar a su domicilio rodeado de buen número de efectivos de las policías locales y nacionales.

Quizás, a nivel individual, no todos los políticos son iguales, pero, unidos bajo una siglas y actuando como partido, cada una de estas banderías reúnen en su seno todas las lacras, vicios e imperfecciones que caracterizan al ser humano en un auténtico calco del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. De ahí que el pueblo esté harto. De ahí que los componentes del 15-M se denominen "indignados". De ahí que todos comencemos a formar parte del 15-M, y que, de aquí a no mucho tiempo, el voto de los indignados supere con mucho a los de afiliados, simpatizantes y apesebrados de todos los actuales partidos.

¿Y qué pasaría entonces? Pues, mucho me temo que pasaríamos de malo a peor. No pasará, pero, si esto ocurriera, si fomentáramos y asistiéramos al nacimiento de un enorme y singular partido único, no cabe duda de que podríamos precipitarnos en un tremendo error. La actual Democracia, constituida como Monarquía Parlamentaria, podría convertirse en una Oclocracia (gobierno de la muchedumbre) en la que el poder pasaría de los políticos a los demagogos, ocasionando una singular situación en la que -como ya nos advirtió Polibio, Maquiavelo o Rousseau- degeneraría toda legitimidad para acabar convertida en una simple y pura tiranía.

La solución, la muy difícil solución, pasa por encontrar personas abundantes en virtudes y escasas en vicios y defectos. Podría parecer una utopía, pero estoy convencido de que no lo es. Hay personas con preparación, capacidad y principios que podrían estar en esos altos puestos que dirigen nuestros destinos. Incluso, entre nuestros actuales dirigentes políticos hay algunos perfectamente válidos. Para concretar, y si me lo permiten, voy a señalar a un personaje del actual gobierno al que considero lo suficientemente honesto y con las necesarias virtudes, un político al que, sin que me duelan prendas, he criticado en sus actuaciones y formas de proceder en cientos de ocasiones, un dirigente al que, no me cabe dudas, todos los fallos cometidos hasta la fecha le han tenido que servir de experiencia para no volver a reincidir en ellos, un hombre, en suma, al que si le añadimos un poco más de carácter, unos años más forjándose en el ejercicio de su cargo y la suficiente confianza como para que actúe siempre de acuerdo a sus principios y no bajo la presión y las influencias del partido, sería un excelente líder y un buen Presidente del Gobierno, el Presidente que la España de ahora y del futuro necesita.

Naturalmente, me estoy refiriendo a José Luis Rodríguez Zapatero. Sí, ya sé que muchos, extrañados, me tacharán de loco o irreflexivo, pero, no es así. Esta opinión personal -en la que no dejo de asumir alguna posibilidad de equivocación-, es fruto de la observación en todos estos años del proceder del personaje, de la comparación con otros posibles candidatos y de, creo que suficiente, reflexión sobre lo que más podría interesar de cara a la filosofía de los nuevos tiempos.

Es una lástima que, ahora, cuando comenzaba a estar maduro, forjado en la dura fragua de yunque y martillo de dirigir una nación, cuando lleva ocho duros años de carrera, el Mr. Hyde que vive en su entorno le arranque la cabeza y lo precipite al abismo para nunca más volver. Es un puro derroche de valores y experiencias que, tanto el PSOE como España y los españoles, tiramos por la borda. Esta es la España de los españoles.

Y, ahora, a calar un nuevo melón. Y del mismo huerto...






 

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