• Juan R. Mena



    PENSAMIENTOS (38)

    por Juan R. Mena


741. El río de la memoria tiene lamentables recovecos de olvido, que otras veces son remansos deliciosos para quien quiere despistarse de sus malos recuerdos.

742. Obligados a ensanchar la alegría, expandir la esperanza y propagar los valores humanos... Si no fuera así, ¿qué encanto tendría levantar a cada mañana el tinglado de la vida en el mercado de las convenciones?

743. El dolor se avergüenza y pide disculpas tan sólo a quienes se han convertido en sus pacientes anfitriones.

744. Se habla poéticamente de que la vida es un sueño, pero no se sabe si podemos decir lo mismo del sueño de la muerte.

745. Somos pequeños y estamos tentados por alcanzar lo infinito; somos eternos y nos tenemos que contentar con lo temporal.

746. La armonía es el rostro del equilibrio.

747. Un temperamento ambicioso no encuentra sosiego, como un río turbulento no tiene remansos.

748. En la vejez quedan las pasiones como vainas sin frutos, como cajas de sorpresas ya abiertas y vacías.

749. El arrepentimiento empieza siendo una herida del pasado y acaba en cicatriz de un error.

750. La ignorancia voluntaria eclipsa parte de lo que sabemos dejando lo que realmente necesitamos saber.

751. Como los ahogados aparecen a los tres días, la verdad aparece después de que se haya escrito la historia.

752. La ignorancia es humilde a veces; la necedad siempre es arrogante.

753. Los poetas mediocres quieren cubrir con indiferencia y olvido el brote del genio; pero todo es inútil: el tubérculo del loto sube a pesar de la crecida del agua y acaba ganando altura.

754. Del paso del tiempo nos compensan las ganas de vivir, pero de los malos recuerdos nada nos resarce.

755. La serenidad es un lago tranquilo en el pensamiento a cuyas orillas nos sentamos para celebrar la victoria sobre nuestros desasosiegos.

756. El primer amor sueña y canta, el segundo se apasiona y goza; el último calcula y rectifica.

757. Si quieres vivir, olvídate de pensar. El pensamiento no es más que el caparazón de nuestras ganas de vivir.

758. Los deseos son ganado díscolo y para ser sometidos necesitan el redil del cálculo y el pastor de la firmeza.

759. Desear más de lo que se puede es como estirar la sombra más allá de la proyección del cuerpo.

760. Haz que los deseos te empujen, no que te arrastren.

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