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LIBROS RECUPERADOS
Jugándose la vida
Manuel Avezuela
Fundación Municipal de Cultura
de San Fernando (2004) 105 páginas


Precedido por un prólogo de quien esto suscribe, Jugándose la vida es un conjunto polimétrico de poemas que el autor desenvuelve con un estilo dentro de un realismo mitigado por una sensibilidad luminosa en la que los pormenores biográficos quedan veteados por un fino lirismo.

Dividido en cinco partes: “Juego limpio”, “Juego peligroso”, “Juegos arriesgados”, “Juegos de vida o muerte”, “Viaje de ida...” y “...Y vuelta”, no tiene por qué constituir un poemario coherente en sus partes. En poesía siempre cabe la sorpresa, incluso la contradicción entre sus miembros constitutivos.

En el caso de Manuel Avezuela, como ya comentamos en su libro anterior Desde la hierba, el verso discurre sin inquietudes que lleguen a la zozobra, aunque se trate de un verso que circula por los corredores de la poesía social. El entorno del poeta está como amansado por las aguas de un mar tranquilo: “El mar se pone dulce de naranjas partidas / y la playa es un largo beso crepuscular / mientras el tren recorre la cintura delgada / de la bahía / a cuyo pie la oscura silueta de la ciudad / destaca sobre la gran última página cárdena de la tarde”.

La actitud del poeta es contemplativa en algunos casos como ése, pero ello no impide que en otros momentos exclame: “¡Quiero cantar el poema sangrante / de un pueblo que se ríe de pena y llora de alegría / incomprendido y hecho monumental clown de un circo / por una población insensata de más de treinta millones de celtíberos”. Versos libres entreverados como signo de protesta ante ciertos hechos.

El poeta tiene también palabras de elogio para las tierras hospitalarias como Caracas, con un nombre de amigo: Luis Pastori y un poema en inglés: ”American Bach-Yard”.

A pesar de la lejanía, está presente la nostalgia con el mar del fondo, el mar de la bahía gaditana: “El mar de plata / en esta tarde clara / y el sol limón dormido / sobre el agua y el cielo azul / con sus ovejas blancas...”

Manuel Avezuela aparta la mirada de los deleites descriptivos que le dan serenidad y escucha la voz de dentro como todo poeta auténtico que no se queda en la superficie resplandeciente de las impresiones sensoriales: “Descanse en paz la libertad / a que hemos nacido / los hijos del miedo... / Que nos den a morder un pañuelo / para que podamos ahogar el grito, / la necesidad, la urgencia/ de la palabra noble / que dejó huérfanas familias / enteras de palabras / como justicia, campo, economía.”

Cuando el nervio lírico lo requiere, Avezuela rompe el esquema métrico y no tiene preocupación por el estilo, entendiendo por esto una búsqueda de expresiones inusitadas y sorprendentes.

Este segundo libro del poeta isleño Manuel Avezuela nacido en 1926 y residente en Nueva York, aunque con frecuentes venidas a la Península, nos da una visión más amplia de su temática poética, hasta el punto de pasar de una poesía intimista y paisajística a otra que se hace eco de motivaciones sociales, pero en ambos casos sin perder el norte de la autenticidad.






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