• Dean Simpson

    Letras en el horizonte

    Misoginia, ginecocracia y la espada

    por Dean Simpson (Boston)


Resumen:

Los libros de caballerías del siglo XVI en España ofrecen una perspectiva única sobre la imagen de la mujer en la literatura de la época. Aunque su representación no es nada equilibrada en comparación con la del hombre, su papel es clave en el genero, no solo en los que desempeñan la doncella y los otros modelos prototípicos sino también en los de las amazonas, las guerreras y las iconoclastas. Este estudio resume la oposición feminismo / misoginia en el contexto de la literatura de la época y explora con mayor detalle como se relaciona con los libros de caballerías

La misoginia en los textos medievales.

La imagen de la mujer en la literatura del Medievo está teñida en gran parte por la misoginia. El fenómeno se remonta a las interpretaciones bíblicas de san Agustín y santo Tomás de Aquino (1), en las que se recalca la inferioridad de la mujer, justificada en gran parte por el pecado de Eva (2). Vemos la resonancia de esta costumbre en muchos textos medievales como El Corbacho, el Libro de los engaños, los Cancioneros y Le Roman de la Rose (3). En el De Amore de Capellanus hay cierto tono de vituperio hacia la mujer que denuncia sus fracasos y que sugiere de manera sarcástica algunos remedios para recobrar la virilidad. La aversión a las mujeres es predominante en la literatura de la época, y por mucho que se le busque tres pies al gato para encontrar una característica más saliente en algunos de estos textos, la misoginia sale ganando (4). Lo que reta esta tendencia, sin embargo, son las contribuciones de los escritores, mujeres tanto como hombres, que tienen otra cosmovisión literaria diferente. Aunque no es hasta el siglo XX que surge el feminismo en la crítica literaria, los primeros brotes surgen en España en la época de la fama de los textos de caballerías: “El feminismo literario tiene su propia historia desde el siglo XVI, (y) la auto representación (con matices) desde el siglo XV (5).” Antes que eso incluso, al nivel europeo, la voz de la mujer aparece en algunas mujeres sobresalientes como Marie de France, Eleanor de Aquitaine, y Christine de Pisane (la primera mujer "Hommes de Lettres”), entre otras. Marie de France (circa 1200) se conoce por su poesía laica, de valor narrativo, con una orientación muchas veces artúrica. Eleanor de Aquitaine (circa 1122-1204), reina de Luis VII de Francia, fue la patrocinadora de los trovadores provenzales, exhortándoles a recitar sus poesías en su corte. Christine de Pisane (circa 1364-1430), que aparece como una de las primeras escritoras que manifestó una conciencia feminista, glorificó a Juana de Arco y escribió varias defensas de la mujer (una en reacción a la misoginia en Le Roman de la Rose), y elaboró su obra maestra La Cité des dames (6). Otra mujer de suma importancia, que despertó la sensibilidad feminista en las Américas, es Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651-1695). Sus textos, como el conocido soneto “Hombres necios que acusáis…” y su “Respuesta”, atacan la hipocresía de la sociedad patriarcal y sirven de ejemplo para futuros críticos feministas. Varios escritores varones también contribuyeron a alzar la imagen de la mujer. El cuento de la Esposa de Bath (Wife of Bath) por Chaucer pinta la imagen de una mujer siete veces casada que convence al marido misógino que lo mejor es dejarla tomar las riendas hogareñas y administrar la casa como le parezca. En el De Amore de Capellanus, aunque hay mucho de negativo hacia la mujer, hay diálogos en el texto en que la mujer tiene su propia voz, a veces ganando el argumento (7).

Oposición a la misoginia en los textos medievales.

En la literatura medieval también existen modelos de mujeres que llevan la contraria a la prototípica imagen pacifista y maleable de la mujer medieval. Cárcel de amor y La Celestina, por ejemplo, muestran una inversión de papeles entre hombre y mujer. En el primero, la mujer no se entrega al amant désespéré ni por la huelga de hambre a la que el amante se ha condenado, y éste muere por miedo a menoscabar su honor. Lo mismo vemos en La Celestina cuando Melibea manipula las acciones del torpe de Calisto, un “anti-caballero” que vive patéticamente para sólo morir precozmente cuando cae de una tapia para mostrar su valentía. La Celestina es una mujer notable que, a pesar de su fin trágico, aparece con mucho poder y control sobre los hombres tanto como sobre las mujeres. En Le chevalier a la charrete, de Chrétien de Troyes, esta imagen de la belle dame sans merci, la mujer “sin piedad,” está también presente, lo cual se ve con las pruebas incesantes que Ginebra impone a Lanzarote. Éste, al enterarse de su rapto, se apresura a llegar a donde está su amada. Vacila ante la vergüenza de montarse en una carretilla reservada para los criminales, pero lo hace. Ella le reprocha su vanidad, por momentánea que fuera, aunque al final él sí sube a la carreta. Para no darle preferencia, ella le hace pasar por una serie de tribulaciones para comprobar su fidelidad. Siendo la dama en cuestión, está en su derecho. De hecho, la belle dame sans merci puede verse como un modelo de transformación. La simple construcción léxica revela mucho de las normas de la época: “sans merci” implica que deben tener misericordia con el caballero y no alargar las penas que él sufra; que tener misericordia es lo que se espera de ella, como todo lo demás que le es asignado por la sociedad.

Los libros de caballerías.

En los libros de caballerías, este género pre-quijotesco de suma popularidad de hace cuatrocientos años, existe esta dicotomía también, por desequilibrada que sea, entre la mujer pacifista y la mujer belicosa. Es precisamente en el Quijote donde se encuentra la más famosa de las mujeres de este género, Dulcinea del Toboso. Cervantes encuentra su inspiración en las damas y en las doncellas de las leyendas artúricas, pero el hecho de que Dulcinea nunca aparece en el libro quizá fuese un gesto irónico por parte de Cervantes para mostrar la ausencia casi absoluta de la mujer en este género. En este estudio se explorará la representación de la mujer en cuatro libros de caballerías particulares: Amadís de Gaula, Las sergas de Esplandián. Palmerín de Inglaterra y Palmerín de Oliva (8). Los diferentes arquetipos de mujeres que se encuentran en los libros de caballerías desempeñan funciones relacionadas con los éxitos e infortunios del caballero. Ellas mismas a menudo se presentan con un garbo impresionante, como se verá en dos casos, en Las sergas de Esplandián y Palmerín de Oliva. La trama de la mayoría de los libros de caballerías es casi siempre igual: la historia sucede en una época antigua en un espacio ambiguo con sucesos fantásticos. El protagonista crece en un país muchas veces ajeno al natal. Con la ayuda de una maga defensora descubre su identidad, de linaje noble, y camina por el mundo en busca de aventuras, se encuentra con castillos encantados, torneos, gigantes, serpientes y hechiceros malos, siempre luchando para reclamar la gloria por él y para su dama / doncella que le obliga a exponerse a unas pruebas complicadas, para un día casarse ellos secretamente. Como ella también es de noble ascendencia, el héroe hereda una soberanía o un reino, y juntos tienen un hijo que a su vez se somete al mismo ciclo caballeresco en una nueva leyenda del mismo género. Como la acción se centra en las hazañas del caballero, no es de extrañar que la mujer en estos textos se presente en pocas ocasiones. En este mundo hecho por los hombres, la masculinidad es omnipresente. De hecho, debido al género caballeresco, se han forjado en la literatura ciertos conceptos estáticos de la masculinidad: “cualquier novela desde el siglo XII hasta nuestros días de algún modo hunde sus raíces en las sugestiones masculinas que tuvieron en la caballería su mejor representación histórica (9).” Estas incidencias establecen motivos como el amor, la libertad, el desafío social, la búsqueda de la verdad, las preguntas sobre el significado de la existencia, entre otros (10), que están vinculados con el mundo de los hombres. Al ver el protagonismo masculino en estos textos y la resultante misoginia, ¿qué valor tienen los libros de caballerías para darnos una idea de la representación de la mujer? Los autores de este género transparentaban su intencionalidad en la imagen que pintaba de ambos sexos, cosa que servía de portavoz para sus contemporáneos: “los libros de caballerías se engarzaban en el tiempo en que se escribían y reflejaban las cuestiones contemporáneas, las costumbres, la política, el pensamiento, la moral y la religión, la literatura y el arte, porque si no, la aventura no hubiera encontrado lectores (11).” Podemos confirmar cierta veracidad escondida en los modelos y características presentados en estos textos.

La mujer en los libros de caballerías.

En los libros de caballerías la mujer aparece como una sombra, una consecuencia de la voluntad y orgullo del caballero. La mujer es una especie de obsesión para el caballero, y que sus intereses no están basados en ningún principio de amor, sino en la garantía de su propia salvación. Elaborando las ideas de Rey-Flaud, Rossi ilustra que la mujer en estos textos se reduce a una “proyección del imaginario masculino” por el cual su belleza es el salvavidas del orgullo (ego) masculino (12). Esta perspectiva sugiere que el “sacrificio” del caballero y el agasajo de la dama son una máscara detrás de la cual se disimulan los intereses creados del caballero. El arte de su elogio es el antifaz que muestra la cara de un desesperado, pero detrás hay motivos secundarios. Estas doncellas y damas, a pesar de su ausencia y desdibujamiento textual, tienen un papel narratalógico muy importante, aunque secundario. Son el impulso de las acciones del caballero, el motivo más importante en la acción del libro; sin embargo, ellas tienen más importancia, como se puede ver en los diferentes modelos que se presentan en los textos. Son las amantes, madres, curanderas, institutrices, magas, mensajeras, confidentes, malvadas, gigantas y antagonistas en la vida del héroe. Dan cierto equilibrio al mundo del bien y del mal, pero, al fin y al cabo, en cuanto a su protagonismo en el género, son meras palancas para los hombres. No es que todo hombre someta a la mujer a una condena perpetua de espera, ni que sean iguales, pero la imagen de la mujer en estos textos permanece desatendida entre las barbas y espadas.

La diferencia de los sexos en los libros de caballerías.

En los textos de caballerías el caballero es libre de irse a tierras lejanas cuando se le antoja, y esta tendencia nómada contribuye a su fama. La mujer, en cambio, no puede participar en la caballería, como explica Ruiz-Doménec: “La vida errante era la única solución, aunque obligará a la completa marginación de la mujer que por razones de su sexo estaba excluida de este tipo de actos.” De la polarización de los sexos surge una justificación de separar papeles y asignar más importancia a uno que al otro. Para mostrar esta divergencia, Ruiz-Doménec da el ejemplo de Juana de Arco, quien en 1430, no muy lejos del cronotopo que nos concierne, “levantó el pueblo francés a la gran aventura de ir errante hasta que se recuperase el territorio perdido. Una mujer que quiso ser caballero andante: se la condenó por ello (13).” El sexismo histórico, tanto como el literario, son los elementos principales que explican las limitadas funciones sociales de algunas mujeres. La perspectiva que tienen los autores en estos libros se limita habitualmente a sus propios juicios de la mujer, a sus propias creencias (14). Ella tiende a ser representada en varias formas: por su ausencia (como Dulcinea), con una perspectiva androcéntrica, muchas veces claramente misógina, que la excluye de todo tipo del mal, o a través de la idealización de sus virtudes. Ella sale por un extremo u otro, del todo positivo o del todo negativo.

La misoginia en los libros de caballerías.

La misoginia en los libros de caballerías se manifiesta de varias maneras; primero, en los papeles particulares designados a la mujer y en sus límites e importancia para los fines del libro; segundo, en la manera en que los demás personajes la tratan; y tercero, en los comentarios que el autor mismo dirige a su sexo. La primera manifestación, la de los papeles de la mujer, se verá con mucho detalle en este estudio. La segunda surge con mucha frecuencia, culpando a la mujer de debilidad, irracionalidad y otras deficiencias. Una palabra sumamente repetida para referirse a la mujer es la de “flaca”, la cual no alude a su corporeidad sino a su índole en general - inferior, menos apta, débil. Hemos aquí un ejemplo de un hombre que habla: “…si los tuviéssedes más conmigo, que só cavallero, que con ella, siendo flaca mujer, os devíades contentar…”(Amadís, LXII); y otro ejemplo que viene de una mujer, Mabilia: “Noble reina y señora, no conviene a persona de tan alto lugar como os assí se vencer y sojuzgar de la Fortuna. Que ahunque todas las mugeres naturalmente seamos de flaca complixión y coraçon.” (Amadís, LXXXII).

Como vemos aquí, la mujer también se critica, siempre creyendo en las limitaciones que el hombre le impone. Hay que recordar que el autor es el que hace que se critiquen, quizá con el fin de mostrar que ellas mismas no cuestionen el sistema patriarcal. Cuanto más la mujer acepta estos comentarios y los dice ella misma, creyéndolos como propios, es menos probable que surjan iconoclastas con la intención, y el eventual éxito, de cambiar el sistema. Este mismo personaje, Mabilia, a pesar de mostrarse muy sensata con Oriana en cuestiones del corazón, perpetúa en más de un caso el motivo de la flojedad de la mujer: “…conformes a la cualidad y flaqueza de las mugeres, como en todas las otras que para nosotras son muy nuevas y estrañas…”(Amadís, XCIII). Oriana también participa en esta autocrítica de su sexo, como se ve en este caso claramente dividiendo y afirmando los papeles del hombre y de la mujer: “Mi buen amigo, no miréis vos al miedo que yo como mujer tengo veyéndome en tan estraño lugar para mí, mas a lo que [v]os como buen cavallero fazer devéis.”(Amadís, LVII).

La misoginia en Las sergas de Esplandián se manifiesta muy poco en comparación con el Amadís, y comparado con el Palmerín de Inglaterra es un mero grano de arena en el desierto del sexismo. En este texto hay las típicas confesiones de parte de las mujeres que sirven para confirmar su aislamiento, como cuando Carmela le explica algo a Leonorina: “más conviene para fuertes caballeros que a flacas damas.”(Las sergas de Esplandián, p. 31). En algunos casos, los personajes muestran cómo la mujer en estos textos encarna valores contrarios a los del caballero: la inconstancia, la deslealtad y la debilidad. Brian de Monjaste, un personaje del texto, critica a la mujer en una ocasión, y, aunque “muy gracioso y comedido” lo diga en broma, el mensaje no lleva antifaz muy convincente: “Pues que estoy elegido para ser embaxador a vuestro padre, no quiero ser presente a embaxada de donzellas, que he miedo, según vosotras sois engañosas y la gracia que en todo lo que havéis gana tenéis...”(Amadís XCIII). En otro caso, un “buen hombre” que vive como un ermitaño, explica a Amadís, “cuanto más por hecho de mugeres, que se ligeramente gana y pierde”(LXVIII). Se supondría que un asceta como él representaría los valores cristianos y trataría a las mujeres con más respeto, pero vemos que su naturaleza coincide con otros comentarios del autor sobre los deberes y las cualidades de la mujer. El “buen viejo” sigue explicando que “no conviene a tal cavallero como vos sois que assí se desampare, como si todo el mundo falleçiesse, y muy menos por razón de muger, que su amor no es más de cuanto sus ojos lo veen y cuando oyen algunas palabras que les dizen, y passado aquello, luego olvidan.” (Amadís, LXVIII). En estos casos la mujer no es leal a su palabra (infiel), y es engañosa (desleal) e inconsistente (débil), cualidades por las que un caballero mataría a otro. El peor insulto dirigido a una mujer lo dice Arcaláus, el encantador: “Que se guarde bien de mí, que yo espero presto vengarme dél, ahunque tenga en su ayuda aquella mala puta, Urganda la Desconoçida”(CXXX). Otro caso evidente de misoginia y malinterpretación en el Amadís es cuando Dardán el Soberbio (un antagonista) habla con una dama que le había dicho que “jamás le haría el amor si no la llevase a casa del rey Lisuarte”(XIII) (donde indudablemente tiene tramado algún plan). Al llegar a la corte ella le revela a Dardán que prefiere a Amadís, a lo que responde él, “¿yo soy por ti vencido y escarnido y quiérerme desamparar por aquel que en tu daño y en mi deshonra fue? Por Dios, bien eres mujer, que tal cosas dices, y yo te daré el galardón de tu aleve.”(XIII). Aunque aquí explica Cacho Blecua que esta mujer no se podría hallar en peores condiciones, ya que tiene a su cuenta pruebas de traición y codicia (15), Dardán tampoco tiene la razón porque la acusa de infidelidad y avaricia por ser mujer, como si éstos fuesen atributos propios de toda mujer, y a continuación es él quien la mata en un ataque de cólera y se suicida.

El autor misógino.

Otro tipo de misoginia, cuando el autor mismo ataca a la mujer, es la que presenta muchas curiosidades. En el Palmerín de Inglaterra esta expresión es muchísimo más explícita que en los otros textos. En Amadís la mayoría de los comentarios critican la inestabilidad emocional de la mujer, la de Oriana en particular, culpándole por los infortunios que sufre Amadís en la Peña Pobre. Oriana, quien no escucha el razonamiento de la Donzella de Denamarcha ni Mabilia, “cayó en un yerro tan grande” por hacer “lo que el apasionado seso de las mugeres acostumbra por la mayor parte seguir”(Amadís, XL). Además de ser emocionales el narrador les acusa de ser inconstantes, “Y assí como aquella donzella con el amor que aquel cavallero le mostró fue su propósito mudado, como las mugeres acostumbran fazer.”(Amadís, CXXX). En comparación con la debilidad de estas “febles mujeres” (Amadís, XCII) la del hombre es retratado como sagaz, fuerte y estable. En Palmerín de Inglaterra Southey, en una introducción a una versión en inglés de la obra, comenta: “Nunca he conocido a ningún escritor que tuviera una opinión tan despreciable de la mujer (16).” El autor explícitamente critica al sexo femenino con incesantes ataques de desprecio: “la verdad para con las mujeres no se ha de perder tan gran cosa como la libertad, pues está claro que nada agradecen sino aquello que con su apetito o condición conforma, que el suyo siempre nace de la peor parte que en ellas hay.” (Palmerín de Inglaterra, I, p. 318). El autor utiliza mucho la palabra “flaca” La mujer aquí está descrita con el famoso adjetivo “flaca,” pero lo que más asombra al lector es la desvergüenza y la confianza con que el autor afirma sus convicciones: “¿qué aprovechaba, que en ellas así para el mal como para el bien están las mudanzas aparejadas, y en ninguna tienen sosiego, porque por más cosas se olvidan cualesquier servicios pasados...? Esto nos procede y viene de la flaqueza de la carne, que siendo flaca en todo, para con ellas es tanto más flaca, que conociendo sus obras, nos vencen sus pareceres; (Palmerín de Inglaterra, I, p. 334). Según él, las mujeres son todas desagradecidas, engañadoras y abusonas. No sólo “andan siempre acompañadas del amor y del odio” (Palmerín de Inglaterra, I, p. 364), sin lealtad ninguna, sino que encarnan lo peor que estos sentimientos ofrecen a la naturaleza humana. Según el autor del Palmerín de Inglaterra, la competencia entre las mujeres es una característica innata en ellas, lo que el autor parece notar con más frecuencia a medida que se desarrolla el libro. Una mujer desprecia a otra, aunque sea más guapa, “Como el natural de las mujeres es, puesto que algunas de sí conozcan que deben poco a la naturaleza, ser tan vanas que la fea no confiesa que otra alguna en hermosura y placer le haga ventaja”(II,159). En la novela las mujeres, motivadas por su vanidad y los celos, quieren verse con otras para ver quién es más hermosa. Esto lo vemos, por ejemplo, en un caso entre Arnalta y Miraguarda. Miraguarda no deja que ella entre en su castillo porque, como no explica el autor, “el natural de las mujeres en no querer ninguna disculpa en las cosas que se hacen a su placer.”(Palmerín de Inglaterra, II, p. 56). Arnalta se pone furiosa y manda a un caballero suyo forzar la entrada, pero no puede éste contra Florendos, quien está guardando el escudo de Miraguarda. Arnalta reacciona a esta pérdida de la misma manera que Miraguarda; considera la desventaja una afrenta personal y despide al caballero, “tan olvidada de él como si nunca le conociera.”(II,58). Hay poca diferencia entre estas dos mujeres; las dos se han mostrado precoces, reaccionarias e ingratas hacia los servicios de los caballeros. En Las sergas de Esplandián no hay las claras detonaciones misóginas que aparecen en el Amadís y el Palmerín de Inglaterra. No sólo se disminuyen los comentarios contra las mujeres, sino que hay ocasiones en las cuales las mujeres se defienden y se muestran vivaces y graciosas, como en el caso de este comentario de la reina Menoresa que discute la manera en que el caballero se enamora tan rápido de la mujer: “…antes creo que es la manera de hablar, que los caballeros tenéis con aquellas, de que nuevamente habéis conocimiento, porque no habiendo razón de hablar en otras cosas, con estas semejantes queréis satisfacer vuestras voluntades. (Palmerín de Inglaterra, p. 85)”

La anomalía de Palmerín de Oliva.

El Palmerín de Oliva presenta un contraste al Palmerín de Inglaterra. La representación de la mujer es marcadamente diferente, y puede que la razón se encuentre en su autoría. Marín Pina, en su introducción a Primaleón, describe la controversia en torno a la autoría de este texto. Ella explica que un tal Agur de Trasmiera lo atribuya a una mujer (17), pero en la edición veneciana de 1534 de Primaleón, Francisco Delicado piensa que no es una mujer (18). José Amezcua, después de notar las mismas entradas de Marín Pina, concluye que lo escribió una mujer por dos razones: primero, las diferencias estilísticas entre la primera y la segunda mitad muestran que tiene dos autores diferentes; y segundo, “La primera parte escrita por la dama presenta -contrariamente a la misoginia general de los libros de caballerías- una inclinación por el personaje de Griana y sus tribulaciones (19).” Si la autoría de veras se atribuye a una mujer, es una de las primeras contribuciones femeninas a las letras castellanas y una debida oposición al absolutismo masculino del género. Si la autoría no es la de una mujer, de todos modos significa que el autor o editor se daba cuenta de la importancia de darle protagonismo a la mujer, por la razón que fuere. Hay disparidades entre los personajes de Palmerín de Oliva y otros libros de caballerías. Ellis observa esto en el comportamiento del caballero principal. Nota que Palmerín en una ocasión amenaza a la princesa inglesa Agriola, y en otra le dice a Polinarda que había estado con otra y “ni siquiera se toma la molestia de disimularlo (20).” Todas estas acciones se contrastan con los valores de acatamiento, fidelidad y discreción que los caballeros protagonistas de otros textos representan.

La ginecocracia en Las sergas de Esplandián.

En Las sergas de Esplandián los caballeros llegan a una isla y encuentran una sociedad de mujeres que viven sin hombres, las amazonas. Su representación es interesante porque por un lado, las mujeres son fuertes e independientes: “Estas eran de valientes cuerpos y esforzados y ardientes corazones, y de grandes fuerzas.”(Las sergas, p. 100), pero también son bárbaras, salvajes y “sin religión”. Estas mujeres guerreras combaten mano a mano con los hombres. La idea de la mujer que cabalga, tabú en otros textos, aquí se manifiesta en pleno. No vemos a la iconoclasta “rebelde” de los otros textos de caballerías que termina quemada o descuartizada, sino a un ejército entero de guerreras que procede de un lugar donde los hombres son extirpados sin merced. Bernabéu Albert explica su prototípica manera de vivir: “…su tolerancia a no vivir y combatir junto a los hombres, el tener un pecho castrado para poder tirar flechas, la reproducción gracias a visitas sexuales a sus vecinos cada cierto tiempo, la crianza de las niñas en exclusividad y la muerte o mutilación de los varones, así como el uso frecuente de carros, caballos y poderosas armas bélicas que algunos relatos harían de oro (21).” La ginecocracia, el sistema de gobierno regido exclusivamente por la mujer, es una inversión radical de papeles. Donde anteriormente la mujer se veía quemada por la menor infracción, aquí ella mata al hombre por el simple hecho de no pertenecer a su sexo. Esta literatura de las amazonas es importante porque muestra la presencia de una sociedad matriarcal. En esta comunidad de mujeres vemos la inversión de los papeles sexuales tradicionales (el hombre aquí es la víctima) y un gobierno dirigido por una mujer a favor de las mujeres. Su existencia confirma su capacidad de autonomía, aunque el sistema pareciera “bárbaro” de acuerdo con el ojo “civilizado”.

California.

Las amazonas son de California (el origen léxico del estado hoy día), “muy llegada a la parte del Paraíso terrenal” (Las sergas de Esplandián, p. 100), y de esta isla de sólo mujeres salen ellas en barcos hacia sitios lejanos para prender a los hombres y llevarlos para procrear, y si los hijos salen varones, los matan. Cualquier vestigio de hombre no se tolera. Incluso hay un equipo de grifos adiestrados en matar a los intrusos: “Cualquier varón que en la isla entrase luego por ellas era muerto y comido: y aunque hartos estuviesen, no dejaban por eso de los tomar, y alzarlos arriba volando por el aire, y cuando le (dejaban) de los traer, dejábanlos caer donde luego eran muertos.” (Las sergas de Esplandián, p. 100). Estas californianas no comparten las cualidades de la típica mujer en estos textos por cinco razones: (1) no son mujeres del interior como lo son todas las otras damas y doncellas cortesanas. Su vida se sitúa en el exterior, amantes de la guerra y de la autonomía; (2) su ginecocracia no admite leyes hechas por los hombres, así que no experimentan los confines sociales impuestos por el hombre; (3) llevan armas como los caballeros, lo cual las equipa para la defensa e incluso para la ofensiva. Son lo contrario de la típica imagen de la mujer desamparada e indefensa buscando el auxilio del hombre; (4) son anti-hombres. El hombre que está acostumbrado a ser el dominante, aquí huye de estas mujeres; (5) No se preocupan por lo material, su vestimenta es rudimentaria, y el oro que tiene no lo llevan; lo usan para hacer armas. Así no caen presas a los trucos de la vanidad que tantas veces se manifiestan en los libros de caballerías. Importante aquí es la manera en que combate la mujer con el hombre. Calafia no sólo tiene su ejercito de grifos y mujeres, sino que ella también da órdenes a los turcos. Las amazonas atacan sin vacilar a los cristianos: “y con mucha ligereza subieron por las escalas, y se pusieron encima de ella, y comenzaron a pelear muy reciamente.”(Las sergas de Esplandián, p. 101). Los hombres aquí tampoco se conforman con sus papeles tradicionales: asaltan a las mujeres como a cualquier enemigo, “los de la ciudad que abajo andaban tiraban a aquellas mujeres con saetas y dardos.”(Las sergas de Esplandián, p. 101). Aquí en balde es el código de la caballería: “y si allí algunas de las mujeres caen en tierra, allí lo hacía de los caballeros” (Las sergas de Esplandián, p. 101). Los caballeros aquí no protegen a las mujeres, sino que se protegen a sí mismos de ellas. Esgrimen, tiran y empujan con todas sus fuerzas. En el texto ocurre algo insólito: los grifos empiezan a atacar a los turcos, y Calafia los tiene que retirar a los barcos. Al final de la batalla mueren doscientas mujeres y diez “de los Cruzados” (Las sergas de Esplandián, p. 102).

La reina de las amazonas.

La mujer que más mérito tiene es Calafia, reina de las amazonas. Tiene la valentía de un caballero y la belleza de una mujer: “…las cosas que aquella reina hizo en armas, así en matar caballeros y derribar los heridos, como en se meter entre sus enemigos tan denodada, que no se puede contar ni creer, que ninguna mujer a tanto batallasen sus fuerzas.” (Las sergas de Esplandián, p. 102). Los hombres se asombran no sólo de que ella lleve armas, sino en la manera en que combate. Después de la batalla sale ella en ropa de doncella y los hombres se sorprenden de que una mujer tan belicosa pueda tener tanta hermosura. Don Quadrangante, un gigante bueno (antes era malo), se enamora de ella al primer golpe de vista, y como explica Amadís, “nunca pudo ser vencido, ni de otras espantables fieras bestias, que lo será ahora de una mujer.”(p. 105). Ahora que los caballeros ven una mujer tan bella y belicosa a la vez, se les enmarañan todas sus convicciones previas. Ven una dicotomía entre su valentía y su apostura, y es como si ella violara algún código social no escrito. Otros gigantes y mujeres malas en este y otros libros de caballerías no tienen esta división, son malas y feas, dos características análogas, y por lo tanto las matan o se matan a sí mismas; sin embargo, con Calafia parece que los hombres se sienten amenazados al no tenerla amaestrada y “controlada”. Ella es un desafío a su virilidad: “Pero viéndola puesta en armas siguiendo el diverso estilo que siendo natural mujer seguir debía, habiéndolo por muy deshonesto de aquella que por boca de Dios le fue mandado” (Las sergas de Esplandián, p. 105-106). El hombre no se reprocha a sí mismo por matar a tantas mujeres, pero le niega la igualdad que en este caso merece. En un instante Calafia lucha contra Amadís, y él, por respeto, se niega a combatir con ella, no porque sea una mujer “flaca” de naturaleza e inepta con la espada, sino porque reconoce su belleza y por ser caballero cortesano su obligación de servir a la mujer se lo impide: “La reina se vino para Amadís, y él fue a ella, y antes que la encontrase, volvió la lanza de cuento”(Las sergas de Esplandián, p. 106) y le dio con el escudo, y “con la gran fuerza del golpe, fue la reina tan descordada que cayó en tierra.” (Las sergas de Esplandián, p. 106). La pregunta aquí es ésta: ¿Al eludir Amadís este altercado, hace un “servicio” a ella, o es sólo otra manifestación del sexismo? Después de volver en sí, Calafia lo ataca con la espada: “La Reina se juntó con Amadís, comenzole a dar muy fuertes golpes, y él se los recibía en el escudo, y otros le hacía perder, no porque pusiese mano a su espada” (Las sergas de Esplandián, p. 106). Calafia le da un golpe que le corta el escudo en dos, o que le muestra fuerte y guerrera. Al final Amadís la sujeta “y hizola hincar una rodilla en el suelo.” (Las sergas de Esplandián, p. 106). Explica que su inhibición de no pelear con ella no es por creerla incapaz de defenderse, sino por el código caballeresco que se lo prohíbe: “Reina, yo siempre tuve por estilo, servir y ayudar a las mujeres, y si en ti lo que es pusiese arma alguna, merecería perder todo lo hecho pasado.” (Las sergas de Esplandián, p. 106). Vemos aquí un caballero con una mentalidad medieval que se mantiene fiel a sus creencias de antaño: el amor cortés, la reverencia hacia la mujer y el código de las armas. Terminadas las tensiones, los cristianos quieren honrar a Calafia y al capitán soldán Radiaro. Reconocen la valentía de éste “por ser gran príncipe, y esforzado caballero, y muy noble”, pero a Calafia la honran “por ser mujer”. No reconocen su talento guerrero, porque según ellos, una mujer no podría tener las cualidades que “pertenecen” al hombre.

Conclusiones.

A pesar del predominio de los valores masculinos en los libros de caballerías, la mujer da equilibrio al relato y al arranque de la acción. Más que el arquetipo de la doncella desamparada que se asocia con los textos artúricos, la diversidad de modelos que ella aporta es testigo de su trascendencia. En Amadís de Gaula hay mucho auto-desprecio de parte de las mujeres y crítica misógina en el diálogo de los personajes en general. En Palmerín de Inglaterra se transparenta la misoginia del autor más que en los otros textos. En Las sergas de Esplandián vemos que la mujer tiene más protagonismo y abundancia de papeles. Cada mujer representa algo diferente en el género de la caballería. Las heroínas tanto como las antagonistas contribuyen a la armonía entre el bien y el mal. Lo que más daño hace es la misoginia explícita que los autores intercalan en los textos, pero es importante llevarla a luz para ser conscientes no sólo de las diversas representaciones de las mujeres, sino también de lo mucho que ha desarrollado la literatura durante los siglos . También es importante ver los casos contrarios, como hemos visto con Palmerín de Oliva y Califa y las amazonas en Las sergas de Esplandián, los pocos pero importantes ejemplos de modernidad que hay. La literatura artúrica todavía se conoce por las imágenes principales de la doncella desamparada y del caballero andante. Se ha mencionado a algunas mujeres escritoras que eran conscientes de las injusticias sociales de sus épocas, como Christine de Pisane y Sor Juana, y vemos con ellas también que el desarrollo de las múltiples perspectivas en la historia han intentado reemplazar una verdad con otra. A medida que pasa el tiempo, nos damos cuenta de la maleabilidad de estas verdades, de cómo objeto se convierte en sujeto, y cómo hay más de una manera de ver las cosas. Quien lleva la espada, lleva la palma.


Notas:
(1) Véase, san Agustín, “Woman as Auxilary and Subject to Man” [Agustine, The City of God in Works of Aurelius Agustine, trans, Marcus Dodds (Edinburgh: T. and T. Clark, 1871), vol. 1, bks. XII, XIV, XIX.] y Tomás Aquinas, “Woman as Derived Being” [Thomas Aquinas, Summa Theologica, trans. Fathers of the English Dominican Province (London: R. and T. Washbourne, Ltd., 1912), vol. 13, Part 1, Question 92] en History of Ideas on Woman. Ed. Rosemary Agonito. NY: Perigree, 1977. p. 75-80, 83-90.
(2) “Es sobre todo a partir del neoaristotelismo del siglo XIII, y de las grandes construcciones teóricas de su máximo representante santo Tomás de Aquino, que se fue consolidando un imaginario muy negativo sobre las mujeres.” Reyna Pastor. “Temática de las investigaciones sobre la historia de las mujeres medievales hispanas”, Historia silenciosa de la mujer. Ed. Alain Saint-Saëns (Madrid: Editorial Compultense, 1996) 16.
(3) Sponsler piensa que la misoginia en España, además de proceder de las fuentes literarias europeas, es también influida por la cultura árabe: “In Spain the current of antifeminism was stimulated by Arab influence, for Arab men mistrusted women and kept them apart as a separate part of their lives.” (Lucy A. Sponsler, Women in the Medieval Spanish Epic and Lyrical Traditions (Lexington: UP of Kentucky, 1975) 3.
(4) Para un estudio exhaustivo de este tema, véase, Robert Archer. Misoginia y defensa de las mujeres (Madrid: Cátedra, 2001).
(5) Iris M. Zavala, “Las formas y funciones de una teoría crítica feminista. Feminismo dialógico”. Breve historia femenina de la literatura española, vol. I. Eds.. Myriam Díaz-Diocartez (y) Iris M. Zavala (Madrid: Anthropos, 1993) 33.
(6) David Herlichy (Women in Medieval Society. Houston, Tx: Univ. of St. Thomas, 1971) explica que “Christine wrote her allegory, in which women, symbolizing reason and justice, help her build a city; they then welcome the famous ladies of history and of legend to join them in an exclusively feminine community. The clear moral to be drawn is that women themselves possess all the skills and talents needed to support civilization.”(p. 4).
(7) Duby 265. Él también explica cómo el libro ayudó a disminuir la vigilancia de los varones sobre las mujeres, dándoles más libertad y movilidad.
(8) Para este estudio cuando se refiere a Amadís de Gaula, se dan los capítulos universales del libro; para Palmerín de Inglaterra la versión es Palmerín de Inglaterra. 2 tomos. Ed. Luis Alberto de Cuenca. Madrid: Miraguana, 1979-81; y para Las sergas de Esplandián, es Las sergas de Esplandián. Garci Rodríguez de Montalvo. Madrid: Doce Calles, 1998.
(9) Ruiz-Doménec, José Enrique, La novela y el espíritu de la caballería (Barcelona: Mondadori, 1993) 19.
(10) Ruiz-Doménec 21-2.
(11) Romero Tabares, Isabel. “Modelos de mujeres en los libros de caballerías hispánicos. El Rosián de Castilla”, Fechos antuguos que los cavalleros en armas passaron. Estudios sobre la ficción caballeresca. Ed. Julian Acebrón Ruiz (Lleida: Edicions de la Universitat de Lleida, 2001) 195.
(12) Rosa Rossi, “Instrumentos y códigos. La ‘mujer’ y la ‘diferencia sexual’”. Breve historia femenina de la literatura española. Eds. Zavala, Iris y Myriam Díaz-Diocartez (Madrid: Anthropos, 1995) 24. Ella explica, “En el reciente libro de Henry Rey-Flaud La nérvose courtoise, donde se examinan aquellos códigos con metodología rigurosamente freudiana, se llega a la conclusión de que ahí la “mujer” funciona como un fetiche, que su belleza tiene la función de ofrecer al varón una garantía contra el riesgo de castración y de muerte.”
(13) Ruiz-Doménec 85-6.
(14) “quizá no sea atrevido decir que el tratamiento de las figuras femeninas en los libros de caballerías revela, más claramente que ningún otro aspecto, la intencionalidad del autor.” Tabares, 197.
(15) Cacho Blecua, ed., Amadís de Gaula, I (Madrid: Cátedra, 1987) 374.
(16) Robert Southey, de. Palmerin of England (London: Longman, Hurst, Rees, Ormi, 1807) xxxvii. Traducción autor.
(17) “Los versos latinos de Agur de Trasmiera con los que concluye Palmerín de Olivia lo atribuyen a una docta fémina: “Quanto sol lunam superat Nebrissaque doctos, / tanto ista hispanos femina docta viros”, ayudada por su hijo en las tareas de redacción: “Femina composuit; generosos atque labores / filius altisonans scripsit et arma libro”.” Véase María Carmen Marín Pina, introducción a Primaleón (Alcalá: Centro de Estudios Cervantinos, 1998) ix. En adelante citamos siguiendo esta edición
(18) Marín Pina, Primaleón x.
(19) Amezcua, José, ed. Libros de caballerías hispánicos (Madrid: Alcalá, 1973) 56-57.
(20) Jeanne Ellis, “Palmerín de Olivia, ¿caballero pecable o héroe moderno?”, Reflections on the Conquest of America, Five Hundred Years Later (Durham: University of New Hampshire, 1992) 203.
(21) Bernabéu Albert, de. Las sergas de Esplandián (Madrid: Doce Calles, 1998) xlix.

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