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La economía de la zona euro ya está inmersa en una nueva recesión, aseguraba el pasado miércoles día 23 el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), citando que los datos recogidos al final del tercer y cuarto trimestre, motivado por el aumento del desempleo en Alemania y la desaceleración de la producción industrial en todos los países de la zona euro, han sido inferiores a lo esperado.

¿Y qué esperaban nuestros cándidos y bobalicones capitostes europeos?, ¿en qué milagro de chistera y conejos confiaban la pandilla de ineptos que permitieron el descalabro y que, a pesar de su más que demostrada miopía e incompetencia, continúan diseñando los destinos de nuestro viejo continente?, ¿qué podían esperar nuestro confiados gobernantes de los diferentes países de la Nueva Europa cuando, ni cada uno por sí ni unidos en coalición y contando con todo un ejército de capacitados e inteligentes (es un suponer) economistas y analistas financieros, sabiendo que el león ruge al otro lado del charco y cuenta aquí con la ayuda de la pérfida enemiga interior, fueron capaces de prever una situación como la que está destruyendo la vida y los sueños de casi 500 millones de personas?

Hace justo un año, en Diciembre de 2010, con el título de "El paro y sus perspectivas", servidor de ustedes. escribía en esta misma revista un artículo de opinión que incluía el párrafo siguiente:

"Así, pues, aquí en España, con las actuales medidas tomadas por el Gobierno, las perspectivas son más que negras. Está claro que las pequeñas empresas siguen cerrando, que las listas del paro siguen aumentando, que no hemos tocado fondo... Incluso, si me apuran, yo diría que no está muy lejana una segunda recesión. Lo saben los gobernantes, lo saben los economistas, lo saben los de la Banca... y hasta aquellos ingenuos que hace dos años hablaban de "brotes verdes" chascan la lengua y miran para otro lado. Por estos lares, la solución a la crisis, la creación de puestos de trabajo, el retorno a la estabilidad y al más que merecido estado de bienestar, está dejado al albur, al azar, a que el tiempo opere como manita de santo y cure los males, o quizás -¿quién sabe?- a que los dueños del dinero vean que su amado tesoro no crece lo suficiente con el sota, caballo y rey y decidan ponerlo a trabajar."

No hacía falta ser un vidente para saber lo que estaba ocurriendo y lo que podría ocurrir. Esta segunda y nueva recesión es consecuencia directa de la manifiesta incompetencia de nuestros gobernantes, tanto a nivel local como comunitario. Me cuesta trabajo pensar que no actúan honradamente y buscando lo mejor para cada país y el conjunto de la comunidad, que obran impulsados por intereses particulares -de estado o propios- o inmersos en un entramado de complicidad con otros países que tienen como objetivos la primacía sobre los demás pueblos o, incluso, entidades de muy alto nivel que buscan la obtención de beneficios sin importarles el modo ni la forma.

La Ingeniería Financiera, es decir, "la utilización de instrumentos financieros para reestructurar un perfil financiero existente y obtener así otro con propiedades más deseables (rentables)", tiene su origen en la evolución de la realidad social que se daba a finales del Renacimiento, donde la marginalidad obligaba a miserables y desheredados a una lucha continua -epopeyas del hambre- contra hidalgos y nobles pudientes, y cuyas acciones y protagonistas se reflejan tan exquisitamente en las páginas de la novela picaresca española. Quizás, para completar la definición, habría que añadir que los actuales pícaros o bigardos no buscan quitarles el queso al ciego para aliviar su hambre sino escamotear patrimonios allí donde los halla para potenciar y fortalecer el propio, además de que operan mucho más fino, tienen formación académica y usan corbatas italianas.

Y, bien sea en coalición con capitostes de aguas allá (y con la pérfida compañera de cama que aquí nos toca la barriguita) o bien solos, pero formando parte de un clan donde se mezclan nombres conocidos y anónimos espíritus movidos desde altas esferas, los buitres de las finanzas han conseguido desmoronar lo que podía haber llegado a ser el mayor imperio de todos los tiempos. Europa, la milenaria y magnánima cuna de todas las culturas de Occidente, la vieja y noble loba que amamantara a los progenitores de los que ahora se le revuelven, se lame sus heridas sin todavía saber quién empuñaba el bastón y de dónde le venían los palos.

No quiero pensar -o no debería- que la Merkel y Sarkozy, dirigentes de las grandes patrias europeas del trabajo y la libertad, estén barriendo para casa sin importarles un pimiento que los vecinos más pobres sean puteados una y otra vez hasta perder honra y bolsa, que se preocupen de su hacienda sin tener en cuenta que ahora y mañana seguirán necesitando a estos vecinos pobres siquiera sea como consumidores y lacayos. No quiero pensar que estén construyendo una Europa a su medida, y mucho menos perfilada y estructurada desde y para los exclusivos intereses del omnipotente dios dinero.

Pienso que es posible que, mediada o no complicidad, pretendiendo sustantivas mejoras para sus haciendas propias -puede que, secundariamente, para todos- y confiados en sus capacidades, hicieran oídos sordos a la voz de la lógica -y de más de una puñalada de experiencias- y el asunto se les haya ido de las manos. No tiene sentido que nos hayan colado por la entrepierna hecatombe de tal tamaño sin que nadie moviera un dedo para eludirla y evitarla, y mucho menos que, cuatro años más tarde, aún sigamos queriendo curar la terrible enfermedad que nos han dejado con ungüentos de rábano y estampitas a san Cucufato.

Sí, pienso que el asunto se les ha ido de las manos. Lo mismo que se están yendo grandes capitales al refugio seguro y rentable de los países emergentes -y menos grandes, en activos BRIC y otros-, o a otras no menos seguras y rentables inversiones fuera de la zona Euro (incluida la isla de la reina esa tan graciosa), todo lo cual -más el añadido de las hienas especuladoras- contribuye a la escasez de demanda de las ofertas de deuda soberana de los países con menor potencia económica y a la actual debacle de los mismos. 

Si el Banco Central Europeo no opera de la misma forma que la Reserva Federal de EE.UU. y el Banco de Inglaterra, poniendo a disposición de todos sus miembros cuanto necesiten sin límite alguno, y si los responsables de la Eurozona y de la UE no cambian su filosofía anteponiendo el valor de las personas y de la propia patria común al de los intereses financieros, el futuro inmediato de todos cuanto creímos y apostamos por la gran nación europea no será otro que el de regresar al dorado siglo de las epopeyas del hambre, con más recortes, más limitaciones y más problemas para los ciudadanos. Las consecuencias pueden ser terribles. Para todos. No deberían olvidar que cuando el hambre hace su aparición, las esperanzas toman figura de Bastilla.

Esperemos que logren reunir suficientes fuerzas, voluntad, corazón y cabeza para evitarlo.






 

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