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    Biografías

    Blas Pascal

    por Francisco Arias Solís



 
LA VOZ LITERARIA DEL PENSAMIENTO

“Los mejores libros son aquellos que quienes los leen,
creen que también ellos pudieran haberlos escritos.”
Blas Pascal
 


Blas PascalPascal, de breve vida, unos cuarenta años, y portentosa precocidad de ingenio, es una de las glorias de la literatura francesa. Siendo por inclinación natural, desde su juventud, hombre de ciencia e inventor, escribió por necesidades de la polémica y para complacer a sus amigos, que se lo suplicaron, las llamadas Las provinciales (Lettres provinciales), que hicieron interesarse vivamente al público por las cuestiones de religión y de moral en ellas tratadas, que, a pesar de imprimirse clandestinamente, se agotaban en seguida, de cada carta, las ediciones eran de diez mil ejemplares. Hacíase en esas cartas una campaña, no exenta de peligros, ya a favor del jansenismo, ya contra la moral y la Compañía de Jesús, y aparecían bajo la máscara de un seudónimo, que, al fin, el público fue descubriendo. Tenían tantos de irónicas como de elocuentes. Por ello las admiraban Madame Sévigné y Boileau. Se atribuye igualmente a Bossuet la frase de que si no fuera autor de sus obras hubiera querido serlo de las Lettres provinciales o Petites lettres, otro nombre con que son designadas.

La segunda obra sumamente célebre de Pascal es la titulada Los pensamientos (Pensées), verdadera colección de notas y materiales que Pascal reunió en los últimos años de su vida para escribir un gran libro dedicado a la defensa de la religión cristiana. La muerte se lo impidió y sus herederos recogieron, algo al azar, aquellos fragmentos. En ellos fueron poniendo orden los eruditos, hasta tener una edición que consideraran digna de aquellos Pensamientos.

Aunque Pascal escribió otras obras, con las dos citadas le ha bastado para que no se le olvide en la historia de la literatura. Entre otras cosas fijó, dice un distinguido profesor francés, la lengua que hablaron Bossuet y Racine, y dio el modelo que había que seguir, tanto en el terreno de la más refinada burla, donde pudo aprender Molière, como en el de los más altos razonamientos. Francia le considera como a uno de sus grandes clásicos. El razonamiento le parece a Pascal insuficiente para explicar lo sobrenatural, apela a la intuición y a la voluntad de creer; el hombre, por si solo, no puede alcanzar la Verdad , pero aspira hacia el Infinito.

Blaise Pascal nace en Clermont-Ferrand, Puy-de-Dôme, el 19 de junio de 1623. A los tres años de edad, pierde a su madre, considerado un niño prodigio fue educado por su padre, que era matemático. Pascal destacó precozmente en las ciencias matemáticas; a los doce años encontró las 32 primeras proposiciones de la geometría de Euclides; a los dieciséis publicó un Ensayo sobre las secciones cónicas; a los diecinueve inventó una máquina aritmética (la primera máquina de calcular) para ayudar a su padre en las cuentas que, como intendente en Rouen, debía realizar, y a los veinticuatro verificó los descubrimientos de Torricelli. En 1654 incitado por un amigo interesado en problemas de apuestas, Pascal mantuvo correspondencia con Pierre de Fermat y le envió una primera aproximación al cálculo de probabilidades. Otras de las contribuciones científicas importantes de Pascal son la deducción del llamado “principio Pascal”, que establece que los líquidos transmiten presiones con la misma intensidad en todas las direcciones. En su vida y en su obra influyó mucho el jansenismo, doctrina religiosa que surgió con la publicación de Augustinus de Jansenio, obispo de Ypres, sobre la predestinación y el libre albedrío, y que se difundió por Francia en el siglo XVII. Su fervor le ayudó a sobrellevar una penosa enfermedad que le paralizaba de cintura para abajo y le producía fuertes dolores. Aunque entre 1651 y 1654 pareció inclinarse más por la vida mundana, volvió al misticismo y se retiró a Port-Royal-des-Champs, principal centro del jansenismo. En 1656 el jansenismo fue definitivamente condenado por el papa Inocencio X; algunos de sus seguidores se sometieron; otros, como Pascal, continuaron defendiéndolo con ardor, hasta que, en 1709, Port-Royal fue destruido y los últimos religiosos que lo habitaron dispersados. Pascal, pasó sus últimos años practicando el más absoluto ascetismo y soportando su enfermedad con increíble resignación hasta su muerte, acaecida en París, el 19 de agosto de 1662. Su apellido sigue siendo sinónimo de ciencia. En el presente le recordamos al hablar de presión, una de cuyas unidades lleva su apellido.

Como hemos dicho, sus dos obras principales son Las provinciales y Los pensamientos. La primera publicada entre enero de 1656 y marzo de 1657, consta de una serie de 18 cartas clandestinas, de autor anónimo, dirigidas a un Provincial por un amigo suyo, en las que Pascal defiende la doctrina jansenista. En las cartas I a X la forma es dialogada; de la XI a XVI se dirige a los jesuitas, principales enemigos de la doctrina jansenista, atacando su casuística; las cartas XVII y XVIII atacan directamente a un padre jesuita. Pascal utiliza la lógica y el razonamiento para convencer, pero peca de exceso de ardor y de parcialidad. Su otra gran obra, Los pensamientos, fue publicada por sus amigos de Port-Royal entre 1669 y 1670. Durante el siglo XVIII fue objeto de críticas hasta que fue rehabilitada por los románticos principalmente por Chateaubriand, y ha sido objeto de sucesivas ediciones desde 1842 hasta nuestros días. La obra que Pascal preparaba era una Apología de la Religión Cristiana, de la cual sólo escribió diversas anotaciones, de difícil clasificación, que fueron recopiladas tras su muerte.

Y como dijo esta prestigiosa figura del pensamiento y de la literatura francesa: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.

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