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El domingo 18 de septiembre a las tres de la tarde, en el Café Cultural Santa Bárbara situado en el centro de Estocolmo, se exhibió una muestra digital de algunos cuadros y esculturas del famoso pintor y escultor cubano Enrique Ávila González. En medio de suecos y latinoamericanos; Ávila, que fue invitado para participar en el Segundo Encuentro Cultural Cuba-Suecia, habló de su obra.

El invitado especial del evento cultural, en el que también participó un grupo de bailes afrocubanos, es autor de muchos cuadros que ganaron premios que fueron mostrados en diferentes exposiciones y ferias internacionales. Pero también tiene en su haber gigantescas esculturas metálicas de los héroes cubanos. Fue precisamente este gran artista, inspirado en la inmortal foto del Che tomada por Korda, quien diseñó el rostro del heroico guerrillero para plasmarla en acero y erguirla, en alto relieve, en la fachada del edificio del Ministerio del Interior que se encuentra en la Plaza de la Revolución. Justamente en ese edificio, el Che tenía su despacho cuando era Ministro de Industria. Es una escultura de acero de 36 metros de alto por 20 metros de ancho y pesa 16 toneladas. También diseñó el rostro de Camilo Cienfuegos, el Señor de la Vanguardia, que tiene la misma dimensión que la del Che y está instalada en la fachada del edificio del Ministerio de Informática y Comunicaciones. Sus inmensas esculturas metálicas involucran a mucha gente: soldadores, pintores, ingenieros, albañiles, electricistas y otros artistas comprometidos con la causa.

Mientras el público observaba esos cuadros, que rodaban en la pantalla uno por uno, el pensamiento surrealista de Ávila se hacía presente con gran fuerza, y transportaba a los asistentes a otros mundos del que solo el artista fue partícipe en un momento determinado del tiempo y del espacio. La composición de sus pinturas tiene elementos que le dan calidad tridimensional: luces que salen y entran sin ninguna regla, bellos rostros femeninos entre las rocas y la tierra, corales, piedras y estructuras que sobresalen de un lugar para acomodarse en otro sitio, pero con una armonía asombrosa, como si se tratara de un rompecabezas hecho por manos de un joyero. Los efectos de la luz y los colores, bien utilizados, junto a las diferentes configuraciones introducen al espectador a un universo surrealista en donde se encuentran estructuras de este mundo que nos ha tocado vivir. Da la impresión que las imágenes salidas de los pinceles de Ávila son una mezcla de realidad y abstracción. Bien pudieran ser paisajes surgidos desde el fondo de un volcán o desde las raíces del mar. A veces se exponen representaciones que parecieran ser extraídas de otro planeta.

Después de la exhibición de algunas de sus obras, Ávila tomó la palabra y contó, entre otras cosas, que había paseado por algunos lugares de Estocolmo y observó edificios con rocas alrededor. Esta combinación es muy bella, y también la utilizo en mis cuadros. Los edificios representan la modernidad hecha por el hombre y las rocas la naturaleza -afirmó-. En uno de sus lienzos se puede ver una llama de un inmenso incendio, provocado, probablemente, por las fuerzas ocultas de la naturaleza, y donde aparecen, al mismo tiempo, rajaduras en la tierra. Refiriéndose a este cuadro dice: “Los hombres tenemos que tomar en cuenta los peligros de las energías que existen bajo la tierra, porque son las que producen terremotos, temblores y desmoronamientos de diferentes tipos. Según los científicos, el planeta Tierra se está calentando demasiado, y esto es obviamente una preocupación.”

Otro cuadro que llama la atención es un bello rostro femenino apartándose de las profundidades de la tierra.

-Si me dieran a escoger que sexo tiene la Tierra, yo diría que es mujer. Por eso uso a la mujer como símbolo de maternidad de la tierra, añadió el artista.

Respondiendo a una pregunta acerca de la libertad del artista en Cuba, explica:

-Hay criterios libres y se respeta, pero hay que estar en Cuba para saber lo que es Cuba. Evidentemente, como en muchos otros países, los problemas siempre existen, pero a pesar de ello, en Cuba las orquestas siguen tocando día tras día. En mi país, cada provincia tiene una Escuela de Arte y la educación es gratuita. O sea, hay miles de personas talentosas que se están formando. Yo he estudiado también en una escuela en Toronto, y a los alumnos les vendían el material de trabajo un poco más barato. Con 100 dólares compré cuatro pinceles. Entonces hice cálculos de cuánto hubiera costado mis estudios en ese país, y claro, era una fortuna. En Cuba todo esto es gratis y los materiales no son caros. Hay quienes hablan de libertad de expresión, pero realmente a mi nadie me ha dicho cómo debo pintar. Incluso cuando el realismo socialista estaba de moda, pintaba lo que quería. No se le puede poner chalecos de fuerza al arte.

El destacado artista relató que cuando la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, viajó a la isla y se encontraba frente al rostro del Che, exclamó: ¿Cómo es posible que el pueblo cubano rinda homenaje a un hombre que no es cubano, y en Argentina no se rinda homenaje a Eva Perón, que abogó por la incorporación de la mujer a la política?

A su regreso a Buenos Aires, Fernández hizo instalar, en la fachada del Ministerio de Desarrollo y Salud el rostro de Eva Perón. Una escultura metálica, en alto relieve, que mide 31 metros de alto por 24 metros de ancho. Ávila González, fue el primer artista en hacer este tipo de trabajos. Es decir, diseñar un rostro con una línea de acero, darle vitalidad e iluminarlo como símbolo de las ideas progresistas que tuvieron esas personas en vida. Con mucha pasión y brío de una vocación auténtica, rescata la dignidad de los hombres cubanos que han expresado pensamientos, de franqueza humana, para forjar un destino más justo, más cabal y sin fisuras que desgarren a los pueblos del mundo.







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