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821. Dos clases de bellezas femeninas: Las que se exhiben en el pretil de la provocación y las que miran discretas como detrás de un alféizar. Las demás no quieren o no saben definirse.

822. Nada sustituye a una honda pérdida. El consuelo que nos dan no hace otra cosa que recordárnosla.

823. Los sueños también tienen su otoño: se caen los que no se realizaron.

824. A menudo la experiencia es un espejo en el que no nos vemos favorecidos, pero es el único espejo que tenemos en la casa de nuestra vida.

825. A veces, perseguimos la felicidad con afán y sin darnos cuenta de que nos vigila insospechadamente la desgracia.

826. La prisa de la gente por poseer y gozar contrasta con la austeridad y la paciencia de la muerte; sin embargo, las dos acaban anhelando lo mismo: la tranquilidad y el silencio.

827. Parece mentira que nuestras dos torres más señeras, la alegría y la esperanza, se apoyen en las columnas más frágiles: el deseo y el temor.

828. La experiencia es un desván atestado de historias rotas donde se encuentra algo de todo lo que hemos vivido; algo, menos un poco de consuelo por todo lo irreparable.

829. Sólo hay una felicidad verdadera: la que ya hemos gozado.

830. La mentira no puede ser sustituida por la verdad, pero puede permanecer junto a ella por unos momentos si se presenta con el rostro arrepentido del error.

831. Quien se acostumbra al sufrimiento ve pasar el carruaje lujoso de la felicidad como el mendigo ve pasar indiferente un automóvil caro.

832. Vivir en la memoria de los hombres no es siempre halagüeño, sobre todo cuando se es un huésped incómodo y se conoce el trasfondo de los anfitriones.

833. La verdad duerme tranquila en la víspera de la sentencia; pero la mentira permanece insomne pensando en cómo sobornar a los jueces.

834. Quien lucha por la verdad no necesita coraza; el valor espanta a los adversarios, que sí llevan coraza de mentiras.

835. Los sueños no abdican de su trono aunque los amenace a menudo el desencanto.

836. Lo mismo que los ladrones se aprovechan de la falta de luz, las pasiones se aprovechan de la falta de reflexión.

837. Como a la madrugada le sale una herida por donde silenciosamente sangra luz, al llanto le sale una lágrima por donde con disimulo le sale su dolor.

838. Las masas no saben lo que admiran y aplauden, pero, como el viento a un globo, sirven de pedestal a la fama desorbitada de un ídolo.

839. La vida nos despoja de ilusiones, incluso de apetitos, pero no logra despojarnos de lo que sería necesario: nuestros peores recuerdos.

840. Despojados de los arreos de vivir, la naturaleza nos pone gratis el carruaje de la muerte para que nos montemos dócilmente con el fin de llevarnos no sabemos adónde.









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