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La Artritis Reumatoide Juvenil (ARJ), conocida también como Artritis Idiopática Juvenil o Artritis Inflamatoria crónica en los niños, es una enfermedad reumatológica idiopática y causas desconocidas que provoca inflamación y rigidez en las articulaciones y, algunas veces disminución de la movilidad. Puede afectar cualquier articulación y en algunos casos puede afectar también los órganos internos. Se suelen dar en niños hasta los 16 años (aunque a veces se prolongan en el tiempo llegando a adultos).

Se conocen diversos subtipos de Artritis Reumatoide Juvenil, algunas con manifestaciones patogénicas similares e integradas dentro del grupo. Pero hay otras patologías con similitud que, aunque presentan algunos signos clínicos parecidos, deben excluirse de las ARJ. Entre ellas, la Enfermedad de Behçet, el Reumatismo Articular Agudo o Fiebre Reumática, la Fiebre Mediterránea Familiar, la Sarcoidosis, las conectivitis y vasculitis, las artritis derivadas de afecciones hematológicas y las de origen infeccioso.

Entre las que sí podemos considerar dentro del grupo de la ARJ se encuentran la Artritis Sistémica o Enfermedad de Still, la Poliartritis sin FR, la Poliartritis con FR (equivalente a la AR), la Oligoartritis, el Reumatismo Psoriásico (equivalente a la AP) y la Entesitis asociada con Artritis (equivalente a la EA). El subtipo de inicio se determina por manifestaciones durante los primeros seis meses de la enfermedad aunque posteriormente pueden aparecer manifestaciones características de otros subtipos.


Artritis Sistémica o Enfermedad de Still

Es un desorden inflamatorio multisistémico caracterizado por episodios diarios de fiebre que a veces supera los 40º, enrojecimiento cutáneo localizado y fugaz, dolores musculares y articulares, artritis y mialgias. Se considera bastante rara y suele afectar a jóvenes entre los 15 y 35 años de edad. No se ha observado tendencia familiar ni relación con el sistema HLA. Las pruebas de laboratorio reflejan VSG elevada, leucocitosis (entre 15.000 y 30.000, sobre todo neutrófilos), trombocitosis (más de 400.000/mm3), niveles de ferritina elevados, transaminasas elevadas y anemia. Estos signos más la ausencia del factor reumatoide, de autoanticuerpos antinucleares (ANA) y la presencia de líquido sinovial estéril, confirma la enfermedad de Still. Su evolución se prolonga durante años y puede derivar a reumatismo inflamatorio.


Poliartritis sin FR.

Se definen por la afección de al menos cinco articulaciones durante los tres primeros meses. El aspecto clínico y un síndrome biológico inflamatorio muy parecido recuerda a la AR del adulto. Tanto el factor reumatoide como los ANA son negativos. El compromiso ocular es raro. Esta forma de poliartritis seronegativa no tiene relación con el sistema HLA. Su evolución es variable y el pronóstico articular reservado.


Poliartritis con FR.

Es mucho más rara que la anterior y, de la misma forma que ésta, se define por la afección de al menos cinco articulaciones durante los tres primeros meses. Tiende a ser simétrica y afecta articulaciones de todos los tamaños. Las diferencias son la presencia del factor reumatoide y que están relacionadas con el HLA-DR4, por lo que se consideran verdaderas AR con un principio infantil. Algunos pacientes con ARJ seropositiva poliarticular y ANA+ pueden migrar a un LES. El pronóstico articular es aún más reservado que en el anterior.


Oligoartritis

Es el tipo más común. Afecta cuatro o menos articulaciones, usualmente la rodilla, pierna, muñeca y quijada. Las articulaciones se vuelven dolorosas, rígidas y enrojecidas. También puede afectar los ojos haciendo que el iris se inflame. En un tercio de los casos coexiste una afección ocular grave que es la Uveítis Anterior, afección que puede dañar la vista y conducir a la ceguera. La ARJ afecta a tres chicas por cada chico. Las niñas tienen mayor probabilidad de tener Artritis Reumatoide Juvenil oligoarticular con problemas en los ojos. Los niños que tienen este tipo de ARJ también suelen tener problemas de la columna y de la cadera. Los análisis biológicos revelan los signos habituales de una inflamación. No hay presencia de FR pero sí de anticuerpos antinucleares (ANA) en mucho casos. Este tipo suele estar ligado al HLA-DR5 y DR 8. El pronóstico, en general, es bueno, siendo más reservado cuando cursa con oligoartritis extendida (Poliartritis) o con Uveitis Anterior asociada a HLA-B27, toda vez que la severidad de las secuelas se asocia a inflamación intraocular crónica y éstas pueden ser más severas que las relacionadas con el mismo compromiso articular.

Dependiendo d el tipo enfermedad y de su severidad se hace necesario diferentes tratamientos. Los pacientes que muestran menos manifestaciones y menor severidad de las mismas pueden tratarse con antiinflamatorios no esteroides (AINEs). Alrededor de un 20-30 % responden bien a este tratamiento. El restante 70-80 % de los pacientes, con manifestaciones más severas, hacen necesario el tratamiento con inmunomoduladores, corticoides o inmunosupresores, Metotrexato, Azatioprina, Clorambucilo, o Anticuerpos Monoclonales Anti-TNF, Etanercept, Infliximab, Adalimumab, etc. Ello conlleva, además, que el tratamiento deba ser más prolongado.



El Régimen Ancestral

Teniendo en cuenta que la Artritis Reumatoide Juvenil -en todos los tipos descritos- es una patología reumatológica, que resulta del ensuciamiento de los músculos, los tendones y las neuronas por residuos bacterianos y alimentarios de origen intestinal, el seguimiento del Régimen Ancestral puede llevar a cabo una remisión total de la misma en la mayoría de los casos. Otros puede limitarse a una mejoría, pero ésta suele ser espectacular. Un porcentaje mínimo de pacientes, probablemente, debido a causas psicosomáticas o involucradas por el psiquismo, puede haber, si no un fracaso completo, sí una posible continuación de brotes o síntomas de forma discontinua. No obstante, por similitud con otros casos, preveo como muy posible para estos casos difíciles que un mayor plazo de tiempo, quizás unos, dos o tres años de seguimiento del Régimen, pueda acabar en una remisión completa.

En los casos normales, que son la mayoría, las mejorías comienzan en las primeras semanas y se completan en unos pocos meses.






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