• Ian Welden

    Milagros en Valby

    El viaje de los vikingos

    por Ian Welden (Dinamarca)


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(Ilustración de Maritza Álvarez, Villa Alemana, Chile)


Una de esas noches de alegre farándula en el célebre Café Ciré de la famosa Calle Larga de Valby, se hizo presente el añejísimo y encolerizado fantasma de Harlad el Despiadado, último rey vikingo en el Año Dómine 1066.

Sin pedirle permiso a la asombrada concurrencia de fantasmas mas jóvenes tales como Elvis, John, Mahatma, Sigmund, Vincent y César, subió dificultosamente al escenario no sin antes robar una botella de Cerveza Carlsbeg, pronunciando el siguiente discurso:

"Yo soy, como todos ustedes sabrán, el gran vikingo Harald, llamado también El Despiadado. Ustedes aquí en este llamado `Café´ en el año 2009 siglo XXI, creen ser la creme de la creme de Valby. Pero yo les digo que esta ciudadela ha vivido tiempos de mayor gloria y triunfo que esta aburrida costumbre de ustedes de reunirse para conversar y bailar sin una sola escaramuza! Escuchen, ignorantes!"


"En los tiempos aquellos en que La Calle Larga de Valby era un barrial inmundo y la Taberna Ciré lugar de encuentro de nosotros, los fieros y nobles vikingos, planeamos entre muchas otras aventuras, una expedición a tierras y mares lejanos a conquistar y destruir y saquear las asombrosas construcciones del Río Sarno en Pompeya".

"Eran viviendas apoyadas en pilares o simples estacas generalmente construidas sobre cuerpos de aguas tranquilas como lagos o lagunas o pequeños ríos".

"Llegamos primero a la bellísima ciudad de Pompeya. La arrasamos e incendiamos. Y luego nos dirigimos al río encontrando los palafitos de Sarno. Eran interesantes y los habitantes muy pacíficos. Destruimos y saqueamos todo en un sólo día. Pero lo mas importante de todo es que escuchamos historias de un país llamado Mapu, al otro lado del mundo. Y de sus formidables palafitos construidos de oro y plata!"

Harlad el Despiadado hizo aquí una pausa. Se sentó en una silla y bebió su cerveza con toda calma. Hizo un eructo que remeció al Café y continuó su relato.

"Navegamos entonces hacia el sur-este por el Mar Grande, aquel que ustedes llaman Atlántico, y después de meses de travesía encontramos una tierra extrañísima habitada por seres gigantes con pies enormes y amantes del fuego. Los dejamos en paz porque no tenían mas que madera para hacer sus fenomenales fogatas. Y parecían fieras mas salvajes que nosotros".

"Encontramos un pasaje muy estrecho que nos condujo a otro Gran Mar, el que ustedes ahora llaman Océano Pacífico (que de pacífico no tiene nada) y navegamos hacia el norte".

"Y encontramos los palafitos!"

"En una región llena de pequeñas islas, islotes, ríos, y lagos, nos topamos con esas preciosas construcciones de oro y plata que relucían bajo un gigantesco sol dorado bajo un cielo a su lado.. Pero nos encontramos también con una fantástica guerra entre dos reinos igualmente fieros y despiadados... tal vez más despiadados que yo."

"Yo intenté intervenir para advertirles de mi presencia e intenciones pero no me hicieron caso! Me ignoraron! Eran dos reinos muy desiguales. Los que estaban atacando se auto denominaban Incas. Eran morenos altos y vestidos con túnicas blancas. Tenían lanzas de oro y espadas de plata. Los defensores eran los Mapuches; bajos, muy morenos. Vestían pieles para cubrir su desnudez y lanzas y arcos de madera. Esos Mapuches eran los más bárbaros y diestros".

"Pero ocurrió algo inesperado y sorprendente para nosotros. Cuando comenzamos a saquear los palafitos de oro, ambos reinos detuvieron la guerra, y los mapuches con su rey Colo Colo a la cabeza y los incas con su rey Laly Llay, nos ayudaron a despojar sus palafitos de los codiciados metales preciosos y cargar nuestros barcos con ellos. Y no habiendo suficientes barcos, nos regalaron sus canoas y algunos guerreros para llevar nuestro botín de regreso a Valby".

"Habiendo hecho esto, reanudaron la guerra. Nosotros nos quedamos uno meses para ver cual de los dos ejércitos sería el vencedor. Fueron los mapuches. Hicieron retroceder a los incas hasta un gran río que ellos llamaban Bío Bío. Estos, aceptando su derrota, se fueron trotando hacia el norte".

Aquí, Harald el Despiadado hizo otra pausa. Bajó del escenario y fue al baño a orinar y de regreso se tomó de un sólo sorba una nueva cerveza Carlsberg. Y continuó:

"Dejamos a los palafitos desprovistos de oro y plata. Pero estos guerreros bárbaros eran también artistas. Pintaron sus viviendas con colores frescos y alegres como la frugal naturaleza de bosques en la cual vivían. Y ahí están todavía los palafitos y los mapuches. Ya no son reyes ni guerreros. Fueron descubiertos, derrotados y humillados por un reino superior llamado Los Conquistadores. Y estos a su vez por una raza local llamada "chilenos".

"Visité Mapu recientemente y me asombró ver a los palafitos aún vestidos de colores. Está esa imagen vívida en mi vieja mente."

"Bueno, ya de regreso en Valby y obscenamente ricos con todo ese oro y plata, hicimos un nueva incursión esta vez al Reino de Inglaterra. Fuimos miles de valbyanos a tomar posesión de esas tierras magníficas. Pero en la batalla del Puente de Stanford fuimos derrotados, degollados y colgados y ahí terminó la era de los vikingos valbyanos".

Harlad se puso a llorar.

La concurrencia del Café lo consoló con sendas copas de café au lait y Agua Mineral Andina, pura, fresca y cristalina.

Ya estaba amaneciendo y salieron todos a la calle a respirar aire puro. John, Mahatma, Sigmund, Elvis, Vincent y César se fueron cantando We all live in a yellow submarine hacia el cielo.

Y Harald el Despiadado, añejísimo y con un hedor insoportable a muerte, se fue caminando muy lentamente por la famosa Calle Larga de Valby hasta desparecer para siempre en el horizonte.

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