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    CUENTOS DEL OTRO LADO

    Blei Raneh

    por Pedro Pujante Hernández


BLEI RANEH



Transcurre el minuto 54 de la cinta. Rick Deckard, (o sea, Harrison Ford cuando era joven y apuesto), persigue a un Nexus-6 (o sea, un androide. Que en este caso es una mujer hermosa vestida con un impermeable transparente de plástico) por una caótica y posmoderna ciudad de luces de neón.

Es de noche y llueve con fuerza. Pero la gente posmoderna de la ciudad caótica (que seguramente serán extras de Hollywood) sale a la calle con sus paraguas de plástico y sus ropas de látex posmodernos. Todo es de plástico; seguramente la pistola con la que intenta matar (ellos lo llaman eufemísticamente retirar) a la chica-robot también es de plástico. Ella huye despavorida por entre los coches. Se le interponen viandantes y los esquiva con habilidad y rapidez. Deckard apunta con su pistola de plástico pero la cercanía de la gente lo disuade de apretar el gatillo (Nadie mata a un extra).

La chica, también llamada replicante (posiblemente porque le gusta replicar) se estrella contra un escaparate (pero sigue sin replicar). Deckard vacía el cargador contra su espalda. La cristalera revienta en mil pedazos que flotan en el aire a cámara lenta mientras la chica robótica de desploma moribunda (o retirabunda). Pero en ese mismo momento, Deckard siente que algo no va bien. Un escalofrío y un sentimiento de extrañeza se apoderan de él. Olvida por unos instantes a su presa (que sigue cayendo al suelo a ritmo de slow motion acompañada de cristales y con la música de una trompeta jazz de fondo).

Harry (o Deckard) mira a su derecha y en un ángulo muerto de las cámaras observa una ventana a pocos metros de altura. Tras el cristal advierte una silueta humana. Siente que un temblor le invade. Es lo último que se esperaba en una situación tan repetitiva y previsible para él. Miles de veces había realizado la misma persecución en cines de barrio o ante reuniones de amigos frente al televisor con palomitas. Siempre en el minuto 54 de la película. Sin variaciones. Era su escena favorita y siempre la realizaba de la misma manera. De forma idéntica y ritual. Pero esta vez algo falla. Esa ventana nunca había estado allí. Ese personaje (que seguro es un Replicante asesino) no aparece en el guión. Mira fijamente a la ventana y olvida su escena de la chica robot desvaneciéndose. Su misión es retirar Replicantes, así que, sin pensárselo dos veces, arremete contra el enemigo. ¡He aquí un actor de método, que se mete en el papel! Emprende la carrera a la vez que intenta cargar la pistola. A medida que se acerca puede observar que el replicante le mira fijamente. Advierte que en sus manos porta un arma y le está apuntando. No hay duda alguna. Aligera el paso. Pone cara de circunstancia y aprovecha que la escena es todavía a cámara lenta para dar mayor efectismo y carga dramática a sus gestos mientras trota. Primer plano, cara compungida.

Cuando tiene la ventana a unos pocos metros se lanza contra ella. Atraviesa el cristal empuñando su arma contra el villano. Pero la pistola se encasquilla. Su oponente es todo sorpresa. No se esperaba que le fuesen a atacar. Deckard abre los ojos tras el batacazo. Su caída ha sido amortiguada por un viejo sofá de color butano con cojines estampados a juego. El presunto androide es un tipo gordo, sin afeitar, con camiseta de tirantes que lo mira con ojos de desconcierto. En su mano derecha no lleva un revólver. Sostiene un mando a distancia. En la otra aprieta una bolsa de patatas fritas. Tiembla. Deckard se levanta y comprueba la situación. Ha atravesado un televisor de plasma y ha llegado al interior de una sala de estar. Hay una lámpara, algunas fotos y una tele rota. Y cristales por el suelo.

-¡Dios mío, mi plasma nuevo! Yo sólo pretendía cambiar de canal.

- Creí que me apuntabas, se excusa, casi hablando para él mismo.

Sin levantarse del sofá guarda su arma dignamente y se rasca la cabeza. No se le ocurre qué decir. Hay veces en las que es mejor ceñirse al guión. El tipo gordo se apresura a aliviar una situación tan embarazosa: ¿Te apetecen unas patatas?

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