• Dean Simpson

    Letras en el horizonte

    Los comienzos del feminismo

    por Dean Simpson (Boston)


Algunos modelos y contribuciones de la mujer en la literatura medieval.


Como los hombres formaban la mayor parte de las pautas culturales y sexuales de la sociedad medieval, las mujeres pocas veces podían meter baza en el asunto. Esta “tradición” se remonta a las interpretaciones bíblicas de san Agustín y santo Tomás de Aquino, en las que se recalca la inferioridad de la mujer, justificada en gran parte por el “pecado” de Eva. Vemos la resonancia de esta costumbre en muchos textos medievales como El Corbacho, los Cancioneros y Le Roman de la Rose. En el De Amore de Capellanus también hay cierto tono de vituperio. Esta condición de la mujer es una parte íntegra de la literatura de la época, mucha de la cual estaba vinculada con el dictamen de la Iglesia. El sentimiento misógino de la época es evidente en este tipo de literatura. Pero hay excepciones.

Contrario a los libros de caballerías (que se describió en detalle hace algunos meses) en los que la mezquina imagen de la mujer es substancialmente reducida a una función social por el hombre, hay otro arquetipo femenino que se encuentra en otros libros de la época. La cárcel de amor y La Celestina, por ejemplo, muestran una inversión de los papeles entre el hombre y la mujer. En el primero, la mujer no se entrega al amant désespéré ni por la huelga de hambre a la que el amante se ha condenado, y éste muere por miedo a menoscabar su honor. Lo mismo vemos en La Celestina: Melibea manipula las acciones del torpe Calisto, un “anti-caballero” que vive patéticamente para sólo morir precozmente cuando cae de una tapia al intentar mostrar su valentía. Y la Celestina misma es una mujer notable que, a pesar de su fin trágico, aparece con mucho poder y control sobre los hombres tanto como las mujeres. Siendo ella la medianera entre Calisto y Melibea, es la confidente de los dos, pero con un interés puramente económico y personal. Calisto reconoce que no es capaz de seducir a Melibea sin su colaboración, y convence a Melibea de que Calisto es un hombre valioso. No sigue las convenciones sociales a las que las mujeres de los libros de caballerías obedecen.

En Le chevalier a la charrete de Chrétien de Troyes esta imagen de la belle dame sans merci, la mujer “sin piedad,” está también presente. Las pruebas incesantes que Ginebra impone a Lanzarote la retratan como a una desalmada. Lanzarote, al enterarse de su rapto, se apresura a llegar a donde está su amada. Vacila ante la vergüenza de montarse en una carretilla reservada para los criminales, pero lo hace. Ella le reprocha su vanidad, por momentánea que fuera, aunque al final él sí subió a la carreta. Por no darle a ella preferencia, le hace pasar por una serie de tribulaciones para comprobar su fidelidad. Aunque ella parezca una belle dame sans merci, hay que considerar que el hacer tal cosa está en su derecho, ya que es parte del juego cortés: mientras el amante se mantiene interesado en realizar los deseos de la dama, el papel dominante lo ejerce ella.

Estas mujeres, a pesar de su aparente despotismo, son un hito en una época en que el poder de toda mujer todavía no había alcanzado su debido reconocimiento, pero no son comunes en los textos de caballerías, cuyo ambiente sistemáticamente construye barreras que enclaustran a la mujer de la alta clase para mejor controlar sus movimientos y reducir sus libertades. Las belles dames sans merci son, según una perspectiva feminista, modelos de transformación y reestructura. La simple construcción léxica revela mucho de las normas de la época: “Sans merci” implica que deben tener misericordia con el caballero y no alargar las penas que él sufra; que tener misericordia es lo que se espera de ella, como todo lo demás que le es asignado por la sociedad patriarcal.

Hay varias maneras en las que se puede observar la imagen de la mujer en el medioevo; una es por el estudio de la mujer a través de los escritos masculinos, y otra, por las contribuciones de las mujeres mismas. Aunque no es hasta el siglo XX cuando la crítica literaria feminista surge de verdad, los primeros retoños aparecen en la época medieval. Esto se ve en algunas mujeres sobresalientes como Marie de France, Eleanor de Aquitaine, y Christine de Pisane (la primera mujer “Hommes de Lettres”), entre otras. Marie de France (circa 1200) se conoce por su poesía laica, de valor narrativo, con una orientación muchas veces artúrica. Eleanor de Aquitaine (circa 1122-1204), reina de Luis VII de Francia, fue la patrocinadora de los trovadores provenzales, exhortándoles a recitar sus poesías en su corte. Christine de Pisane (circa 1364-1430), que aparece como una de las primeras escritoras que manifestó una conciencia feminista, glorificó a Juana de Arco, escribió varias defensas de la mujer (una en reacción a la misoginia en Le Roman de la Rose), y elaboró su obra maestra La Cité des dames. Otra mujer de suma importancia, que despertó la sensibilidad feminista, es Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651?-1695). Sus textos, como el conocido soneto “Hombres necios que acusáis…” y su “Respuesta”, atacan la hipocresía de la sociedad patriarcal y sirven de ejemplo para los futuros críticos feministas.

En el próximo número estudiaremos a algunas feministas importantes del siglo XX.

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