• Fco. Arias

    Biografías

    Fray Luis de Granada

    por Francisco Arias Solís



 
LA VOZ DEL MAESTRO DE MIRADAS

“Porque la verdadera religión
 ha de ser con obras que agraden
 y honren a Dios.”
 Fray Luis de Granada.


fray luis de granadaEn el mismo año que aparecen las tres primeras ediciones del Lazarillo (1554, ediciones de Burgos, Amberes y Alcalá), aparecía en España otro extraño libro singularísimo, que se encontró a su lado (rara coincidencia) en los Índices condenatorios de la Inquisición. Se llamaba este libro: De la oración y meditación. Su autor: Fray Luis de Granada. “Si tuviéramos que definir este libro -escribe Azorín- diríamos que es un libro shakesperiano”. Sabía, recordaba Azorín, al escribir esto, que este libro cayó en las manos del enorme poeta inglés en su juventud, y que seguramente su lectura dejó huella imborrable en su conciencia. La realidad del mundo era para el maestro Granada cosa de maravilla: profundo piélago de maravilla y misterio la obra de Dios. La obra entera de la Creación para fray Luis es poesía, obra de arte divino. En este libro admirable de fray Luis ¿no encontramos la semilla de la mejor literatura mística y ascética española? ¿No será, a su vez, este libro, “príncipe y cabeza” de los que siguen: ascetas, místicos y moralistas, en su siglo?

Por aquellas fechas (1554, 55, 56...), por aquellos años en que estos dos libros “capitales y únicos” en nuestra literatura española (el místico y el ascético de Granada, el picaresco anónimo) se publicaban el César Carlos V, se despedía del mundo, abdicaba sus reinos, allá en sus Países Bajos donde naciera.

Luis de Sarriá nació en Granada, en 1504, el mismo año de la muerte de Isabel la Católica en Medina del Campo. Sus padres eran oriundos de Galicia, emigrados a la ciudad de la Alhambra con ocasión de las repoblaciones que se efectuaron tras la conquista de 1492.

Quedó huérfano muy niño, y casi en la indigencia: su madre era una humilde lavandera de los dominicos de Santa Cruz. El conde de Tendilla, que tiene ocasión de conocer su vivacidad en una disputa infantil, lo toma bajo su protección y le nombra paje o preceptor de sus hijos. En 1525 profesa en los dominicos; estudia en el Colegio de San Gregorio de Valladolid, donde conoce a Bartolomé Carranza y Melchor Cano. Posteriormente en Córdoba conoce al beato Juan de Ávila que influyó notablemente sobre él. Pasa buena parte de su vida en Portugal, donde desempeña algunos altos cargos, entre ellos el de Provincial de su Orden; renuncia a la mitra de Viseo y al arzobispado de Braga para consagrarse a la predicación, en la que brilla como la máxima lumbrera de España y Portugal. De carácter ingenuo, se deja engañar por las falsas llagas de una monja del convento de la Anunziata de Lisboa; pero advertido el error, le inspira uno de sus más bellos escritos, el Sermón de las caídas públicas, sobre el pecado de escándalo. Admirados de todos y considerado como casi santo muere en el convento lisboeta de Santo Domingo -allí enterraron sus restos- el 31 de diciembre de 1588, un año en el que se había padecido la derrota de la Invencible. Su proceso de beatificación se ha cerrado en Granada, en 1997.

Existe, entre otros muchos, el curioso juicio de Felipe II, que fue a escuchar al predicador excelso con motivo de su visita a Lisboa, en 1581: “Por ser tarde -escribe en carta a su hija- no tengo tiempo de deciros más sino que ayer predicó aquí, en la capilla, fray Luis de Granada, y muy bien, aunque es muy viejo y sin dientes...” San Francisco de Sales le escribe a un neo obispo: “Os aliento a que tengáis las obras completas de fray Luis de Granada y a usarlas como un segundo breviario”.

Entre los títulos más relevantes de su obra se cuentan: Libro de la oración y meditación (1554), Guía de pecadores (1556), también incluido en el Índice, Memorial de la vida cristiana (1561) ampliada luego en sus Adiciones al Memorial (1574), Introducción al símbolo de la fe (1582-1585), Trece sermones y Meditaciones muy devotas. Otras obras suyas son sus biografías sobre el beato Juan de Ávila y fray Bartolomé de los Mártires, las traducciones de la Escala espiritual de San Juan Clímaco y la Imitación de Cristo de Kempis y su manual de predicación Retórica eclesiástica, escrita en latín y traducida al castellano en 1770. Por componer en romances algunas de su obras, se ganó la animadversión de varios compañeros con objeto de que la Inquisición prohibiera el Libro de la oración y meditación y Guía de pecadores, y que le reprendiera por “enseñar al pueblo lo que a pocos del conviene...”

Menéndez Pelayo nos habló de la “vehemencia y el arranque oratorio” y de “la robusta elocuencia del venerable Granada, toda calor y afectos que arrancan lumbre del alma más dura y empedernida”. No hay que olvidar que Granada es, ante todo, creador y orador del más alto vuelo. Sería, sin embargo, injusto no ver en él asimismo un consumado artífice del lenguaje, de léxico abundante, original , vivo. “Su sensibilidad -escribe Azorín- va directa de los nervios a la cuartilla. Por eso no hay en nuestra literatura estilo más vivo, más espontáneo , más vario y más moderno. Fray Luis es de ahora como de hace cuatro siglos”.

“Es fray Luis quien en la Introducción al símbolo de la fe -escribía Federico García Lorca- habla de cómo resplandece más la sabiduría y providencia de Dios en las cosas pequeñas que en las grandes. Humilde y preciosista, hombre de rincón y maestro de miradas, como todos los buenos granadinos”.

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