• Juan R. Mena



    PENSAMIENTOS (44)

    por Juan R. Mena


861. En medio de las tormentas de la vida, no tienes más puerto que tu imaginación ni más bonanza que tu serenidad.

862. Podremos estar solos bajo el rigor de los astros, pero la fe es un camino para estar un día por encima de ellos.

863. Los sueños sólo pueden caminar sobre los hombros de la esperanza.

864. En el alma innoble lucha la vergüenza contra el rencor. En el alma noble, la justicia contra la bondad.

866. La paciencia es una loma conquistada desde la que vemos con señorío lo que antes nos sobrepasaba.

865. La paciencia es el timón de nuestro carácter.

867. Los impulsos irreflexivos son tan inútiles como la tromba de agua que no encuentra acequia.

868. El amor se regocija solitario, pero el dolor se consuela solidario.

869. Vivir es resistir; no hay otra opción antes de morir.

870. El pesimismo se mete en un pozo. El optimismo se sube a una torre. Ni uno ni otro dan ejemplo de sensatez a los humanos.

871. La hermosura es una bondad que agradece los sentidos y la honestidad una hermosura que agradece la razón.

872. Realmente los leños que mantienen encendido el horno de la vida son las ramas de las pasiones y la hojarasca de la ignorancia.

873. No hay amor donde no hay sacrificio; no hay sacrificio donde no da gusto tener que hacerlo por amor.

874. Para quien ha perdido a sus seres queridos, la muerte no es más que un trámite que puede tardar mucho, pero que se espera entre el deseo y el escalofrío.

875. Pequeñas alegrías hacen una modesta felicidad como un conjunto de perlas baratas forman también un collar pobre, pero halagüeño para quien lo luce.

876. El pesimismo es una vacuna de anticipación de cara a sus ansiosas perspectivas, pero cuando éstas acaban favorablemente, el pesimismo se avergüenza sin que por ello renuncie a los beneficios de ellas.

877. El optimismo no es una buena brújula para navegar por la vida, pero ilusiona y anima a los navegantes.

878. La boca sonriente de la bondad y la de la malicia no se diferencian en nada sino tan sólo cuando la primera besa y la segunda muerde.

879. Soñamos mundos imposibles, que son, sin duda, más creíbles que el que habitamos sin acabar de comprenderlo.

880. En la oscuridad de la noche de la vida, Dios es el único faro que no oculta la niebla y el último albergue que le queda al caminante desesperado.

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