• RESEÑA de LIBROS

    Al pie de la letra
    de Víctor Jiménez

    Siltola-Poesía, 2011
    Isla de la Cartuja (Sevilla)

    por Juan Mena


jrmena 190De un tiempo acá han venido señalándose dificultades en la comunicación de profesores y alumnos. Que la enseñanza en el nivel de secundaria ha presentado siempre un déficit de normalidad, no es nuevo. La atracción ilusionante que sienten los maestros y profesores en los albores de su vocación acaba en un rompiente de decepción. Todos los que hemos tenido esa experiencia docente comprendemos a los enseñantes de hoy, que ya es tópico decir, lo pasan muy mal, cuando su labor es de lo más encomiable y necesario: preparar a generaciones futuras de hombres y mujeres que han de jugar un papel importante en nuestra sociedad.

El poeta Víctor Jiménez (Sevilla, 1957) es uno de esos profesores que no pueden dejar pasar el agua de esa experiencia y la deja en la compuerta de sus observaciones para analizar qué influencias del mundo actual pueden malograr esta siembra de conocimientos para que la gente joven se haga mejor y más útil.

Dividido en tres partes y compuestos por treinta y tres poemas en versos endecasílabos, heptasílabos y alejandrinos, ese poemario es una auténtica denuncia del estado del espíritu receptivo de los alumnos, que bien podría concluir en una elegía lamentando el tiempo perdido y la inteligencia frustrada de una generación que se complace en la apatía ante los conocimientos que los ha de preparar para la vida.

El autor nos relata, no exento de desaliento, la predisposición de los alumnos en los institutos, su actitud negativa e indisciplinada hacia el profesorado. La primera parte parece que recoge el primer trimestre, acabando esta parte con la alegría de la Navidad, de ahí el título del poema: “Bandera blanca”:

Después de unos tres meses
de duro enfrentamiento,
aunque no estén por la labor los padres
de la patria, por fin, bandera blanca.

En la segunda parte se encara el autor con la segunda evaluación. No se le escapa al profesor el esfuerzo por hacerse “conocer” por unos alumnos que parecen descendidos de otro planeta, dada la inadaptación de ésos a la tarea continuadora del trabajo en clase, aunque también nos encontramos con algún poema de cariz optimista como el de “Fuegos del azar”, si bien fuera del contexto de una clase; por otra parte, por lo contrario, la noticia del alumno, aparentemente serio, está implicado en una red de drogas…

Ya en la tercera parte se observa indiferencia y absentismo, pereza de vuelta de las fiestas, pero también un relámpago agradable de mínima historia -¿de amor?- en la experiencia global del contexto de la enseñanza, la camaradería de la despedida, la clausura del curso…

Y, al final, el balance en un soneto como un desahogo por encima de las circunstancias obligadas:

Ahora que la noche no me tienta,
cuando la vida menos me enamora,
algo me dice que llegó la hora
de hacer balance y de rendirle cuenta.
Aunque prefiero el sol a la tormenta,
me tomo, como viene, cada aurora.
Lo que la vida entrega lo devora
el tiempo. Y nadie vive de su renta.
Tampoco vivo del trabajo. A diario,
soy sólo un profesor de andar por clase.
Me dan pulso otras cosas y otros temas
que no se compran con un buen salario,
que no se pagan con el sueldo base.
Mis amigos, mi amor y mis poemas.

Un conjunto de poemas con unidad temática y tal vez insólito, pero testimonial y de necesaria lectura.








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